De Patagonia a Nueva York: cómo se descubrió y se reproduce el dinosaurio más grande del mundo
De Patagonia a Nueva York: cómo se descubrió y se reproduce el dinosaurio más grande del mundo

Al fondo de la sala dedicada al Cretácico, en el Museo Egidio Feruglio (MEF), hay una pieza estelar. Junto a una pared y expuesto de forma vertical, un fémur original de Patagotitan sorprende a los visitantes. “Pesa 635 kilos… Varios más que la réplica, que apenas llega a 32”, apunta Maximiliano Iberlucea, jefe del Área de Exhibiciones del museo y técnico del Conicet. Y me invita a acercarme al fémur réplica del gigante de la Patagonia, el dinosaurio de 6,5 metros de alto y 33 m de largo que impacta en el centro de la sala. Ese gigante que siempre conviene fotografiar al lado de una persona para tomar verdadera dimensión de su tamaño.

Descubierto en 2012, Patagotitan Mayorum es el dinosaurio más grande del mundo. Su hallazgo fue casual, como suele ocurrir en la mayoría de estos casos. Ocurrió en estancia La Flecha de la familia Mayo (por eso el nombre), sobre RN 25 y a la altura de la localidad de Los Altares. “Un puestero andaba con el perro, vio un hueso grande –como una bocha– y le avisó al dueño del campo, que notificó al museo. La formación Chubut ya había dado muchos otros dinosaurios, como Tyrannotitan en 1995”, relata Maximiliano sobre el genial hallazgo de Aurelio Hernández.

El año siguiente empezaron las excavaciones. Un equipo del MEF, liderado por Pablo Puerta, técnico en paleontología, y José Luis Carballido, biólogo e investigador del Conicet, tuvo a cargo la descripción del material. “El primer hueso encontrado fue una cabeza de fémur, pero había mucho más. Aparecieron 240 restos fósiles de siete especímenes y sirvieron para completar hasta el 70% de un dinosaurio. El esqueleto se pudo recrear en un porcentaje altísimo. Por eso tenemos la certeza de cuánto medía y cuánto pesaba”, detalla Maximiliano sobre aquello que ocurrió en las diferentes capas del yacimiento, donde hace alrededor de 100 millones de años se reunían los dinosaurios, tal vez porque había agua…

Aunque no de este tamaño, ni en semejante cantidad, Maximiliano enfatiza que es relativamente común encontrar fósiles en la meseta patagónica. Según explica, el proceso de fosilización es simple. Las especies mueren y quedan tapadas por la tierra. Sus partes orgánicas se descomponen, mientras distintos minerales se filtran por los poros de los restos óseos hasta convertirlos en roca… siempre con el paso de millones de años. Gracias a la erosión de la tierra por acción del viento, esos fósiles se exhiben solos, para que algún puestero los encuentre y hombres de la ciencia se apasionen con descubrirlos y estudiarlos.

Como ocurrió en la estancia La Flecha, el proceso de trabajo implica avanzar sobre el terreno para estudiarlo. No hay confiscación del campo, sino pedido de permiso e implementación, por ley, de la figura del Custodio Rural. Durante un tiempo, los paleontólogos trabajan y abren caminos, montan tanques de agua y galpones, que luego quedan en la propiedad y son aprovechados por los establecimientos para el pastoreo y la esquila de sus ovejas. En general, es un proceso que se da en buenos términos.

Figura estelar

Reinaugurado en noviembre de 2024, el MEF nació en 1990. “Funcionaba en una mueblería en la calle 9 de Julio, a unas cuadras de acá”, cuenta Matías Cutro, de Relaciones Institucionales del museo. Desde el año 2000 está en su emplazamiento actual, pero tuvo que ampliarse con la llegada de Patagotitan, que ya en 2015 había sido expuesto en el Centro de Convenciones de Trelew. La obra en el museo duró cinco años, dos de los cuales estuvo cerrado.

Entretenido y didáctico, el MEF representa y expone los tres períodos jurásicos: Triásico, Jurásico y Cretácico. Caminarlo es un continuo despertar de la curiosidad; un viaje que va más allá del pasado, a una era indescifrable y remota. Su nombre, Egidio Feruglio, rinde honor al geólogo italiano que llegó a la Patagonia en 1920. Vino contratado a trabajar en YPF por el general Mosconi, tras el descubrimiento del petróleo en Comodoro Rivadavia. Por su trabajo de campo, terminó convertido en un referente de la paleontología.

“En el MEF somos repositorio de piezas originales, muchas de las cuales están expuestas. Cada una tiene un número de código y colección. Son 44.000 piezas, que van de polen fosilizado hasta el fémur de Patagotitan”, señala Cutro. Este último le dio fama mundial al museo, que también ganó prestigio por su fábrica de réplicas. Y gracias a Sir David Attenborough, el naturalista y presentador británico que apenas se enteró del hallazgo, viajó a Chubut para liderar el documental que en 2016 emitió la BBC.

“Esto es como una carrera armamentística. Acá tenemos el más grande, el más malo, el más todo. Patagotitan fue el primer dinosaurio que se encontró tan completo. Por eso se pudo estudiar tan bien”, cuenta Rubén Cúneo, paleobotánico y director del MEF. Agrega que, como casi todos los saurópodos, era herbívoro y se desplazaba en manada. “Se encontró en un lugar de bosques petrificados que hablan de una selva verde, frondosa y cálida, que nada tiene que ver con la meseta patagónica actual”, agrega sobre este ejemplar, fiel representante del gigantismo que se dio en la era Cretácica.

Fábrica de dinosaurios

Sin embargo, nada es de un día para el otro si hablamos de dinosaurios. Del hallazgo a la exposición y las réplicas, pasa un tiempo. La primera etapa de trabajo ocurre en el terreno y sigue en el laboratorio. Las piezas originales se trasladan recubiertas en un bochón de yeso, que está hecho con arpillera y papel higiénico. En el museo se estudian, se conservan y se exponen, siempre catalogadas. Pero además, en muchos casos se replican a escala real. Como hizo Maximiliano y su equipo, con el Patagotitan.

“Lo pudimos montar gracias a especialistas en distintas áreas. Están los escultores, los matriceros, dibujantes y herreros, además de los investigadores”, apunta, mientras observamos el dinosaurio desde un balcón ideal para apreciar sus dimensiones. Cuenta que un caño va por el interior de la estructura, ensamblado con tornillos bien disimulados. Cola y cuello están encastrados como partes separadas y extensibles que acaban dándole un porte de enormes dimensiones: tan grande es que, muchas veces, su tamaño condiciona las posibilidades de exhibirlo.

Los huesos se hacen en resina y fibra de vidrio, tras crear moldes con silicona o látex, para recrear los detalles y el volumen. Además, para las partes que faltan recurren a la tecnología tridimensional, herramienta que inauguraron con el Patagotitan. Los pintan con dos tipos de pintura, una que se adhiere a la resina y otra, acrílica, que recrea tonalidades y fracturas. Finalmente, le dan un laqueado que protege la pieza.

Dichoso de compartir sus saberes, Maximiliano hace una concesión y nos invita a pasar a la fábrica de réplicas del MEF, que está a unas cuadras del museo. Se abre un portón y por todos lados hay vértebras y mandíbulas gigantes, además de herramientas cortantes, guantes, pegamentos y máscaras para soldar… El paraíso de cualquier niño fan de los dinos.

“Las costillas son lo más complicado de trasladar”, desliza Maximiliano, que las empaqueta de manera tal que viajen “como flotando, para que no se rompan”. Ocurre que la réplica de Patagotitan se expuso en el Museo de Historia Natural de Nueva York, en el Museo de Historia Natural de Londres, en el Caixafórum de Madrid, en el WA Museum Boola Bardip de Perth y en el Science Centre de Singapur.

Pasión por los huesos

Nacido en Quilmes, al sur del conurbano bonaerense, Maximiliano Iberlucea llegó a Trelew con su familia en 1984 por el auge del parque industrial y cuando tenía 13 años. Un profesor de geografía del secundario lo llevó por primera vez al museo, alguien le contó que estaban armando un programa y así se convirtió en el primer voluntario del MEF. “Empecé limpiando el piso y cebando mate”, cuenta Maximiliano, que a los 15 participó de su primera excavación y pronto empezó a hacer moldes. En 2004 se fue a Buenos Aires y tras concursar para un puesto como personal de apoyo del Conicet, entró al Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia para trabajar en el taller de calcos y réplicas que dependía del área de paleontología. Fue hasta 2014, que tras la llegada del Patagotitan al MEF, volvió a Trelew para armar y liderar la fábrica de réplicas.

“Materializamos lo que descubre la ciencia. Las publicaciones científicas son osteológicas y difíciles de entender para el común de la gente. Nuestro rol es divulgar; ayudar a dimensionar. Juntamos las partes para traducirlas y que se puedan interpretar”, cuenta Maximiliano. Y se alegra al recordar la imagen de un niño durante la inauguración de la muestra del Patagotitan en Nueva York. Estaba a los hombros de su papá y le pedía que lo subiera más alto para verlo mejor. Eso lo conmueve. Dice que su objetivo está cumplido cada vez que ve el asombro en la cara de un niño.

Datos útiles

MEF Recorrido por las distintas salas, donde hay originales y réplicas. La colección resguarda más de 40 mil fósiles en Paleobotánica, Paleovertebrados, Paleoinvertebrados e Icnología. El museo abre todos los días de 10 a 19 horas. Entrada general, $20.000; jubilados, desde $6.000; niños de 4 a 11, desde $6.000. Av. Fontana 140, Trelew. T: (280) 443-2100. IG: @mefpatagonia

Créditos

CRÉDITOS
EDICIÓN PERIODÍSTICA: Soledad Gil
EDICIÓN FOTOGRÁFICA: Mariana Eliano
EDICIÓN VISUAL: Cecilia Picco
FOTOS: Tadeo Bourbon, Serena Castagnola, Archivo MEF, BBC