Cuando la humanidad desafió lo imposible: el día en que los elefantes cayeron ante los primeros hombres
Cuando la humanidad desafió lo imposible: el día en que los elefantes cayeron ante los primeros hombres

Hace casi dos millones de años, los primeros humanos protagonizaron una hazaña que cambiaría para siempre su lugar en el planeta: enfrentaron y procesaron elefantes de enormes dimensiones armados únicamente con herramientas de piedra. Un hallazgo en la Garganta de Olduvai, en Tanzania, permite reconstruir ese momento decisivo y revela cómo el ingenio colectivo marcó el inicio de una nueva era para la humanidad.

El descubrimiento, realizado por el equipo liderado por Manuel Domínguez-Rodrigo de Rice University, identificó un esqueleto parcial de Elephas recki —una especie extinta de elefante— rodeado de herramientas de piedra primitivas. Según New Scientist y el repositorio científico bioRxiv, estos restos, hallados en el sitio EAK, constituyen la evidencia más antigua conocida de procesamiento de elefantes por homínidos.

La Garganta de Olduvai es considerada una de las cunas de la humanidad y ha sido escenario de hallazgos clave para comprender la evolución humana. Desde hace décadas, este yacimiento ha permitido a la ciencia rastrear los orígenes del género Homo y analizar cómo los primeros grupos humanos modificaron su entorno y desarrollaron nuevas estrategias de supervivencia.

La aparición de cuchillos y hachas líticas del Pleistoceno marca el inicio de una tecnología más robusta para procesar grandes animales prehistóricos (Imagen Ilustrativa Infobae)

En este caso, los investigadores encontraron herramientas líticas de gran tamaño y resistencia, mucho más robustas que las empleadas antes de los dos millones de años. Entre ellas se destacan cuchillos y hachas del Pleistoceno que conservaron su filo original tras milenios enterradas. Domínguez-Rodrigo explicó a New Scientist que estos artefactos, probablemente fabricados por Homo erectus, contaban con la solidez necesaria para procesar presas colosales.

El análisis de los huesos reveló fracturas en material fresco, provocadas por el impacto de martillos de piedra. “Lo único seguro que podemos afirmar es que lo descuartizaron, o por lo menos una parte, y en ese proceso dejaron algunas herramientas junto a los huesos”, señaló Domínguez-Rodrigo a New Scientist.

Este procedimiento resulta imposible para depredadores como las hienas, incapaces de romper huesos de elefantes adultos. bioRxiv indica que en yacimientos próximos, de antigüedad similar, las fracturas y marcas de percusión en huesos son aún más frecuentes y se asocian a una mayor diversidad de animales, junto a miles de artefactos líticos y restos óseos.

El procesamiento de elefantes coincide con la llegada de la tecnología achelense y el desarrollo de asentamientos humanos más complejos en África (Europa Press)

Aunque las marcas de corte tradicionales son escasas, la combinación de huesos fracturados y herramientas como lascas y martillos refuerza la hipótesis de una intervención humana. El hallazgo sugiere que estos grupos eran capaces de coordinarse y utilizar tecnología avanzada para aprovechar al máximo los recursos disponibles. Se trata de un indicio poderoso de que la caza y el procesamiento de animales grandes requirieron colaboración, planificación y una estructura social más compleja de lo que se pensaba para esa época.

El impacto trasciende la dieta. Según bioRxiv, la explotación de megafauna coincidió con una transformación ecológica y tecnológica: la llegada de la tecnología achelense y el surgimiento de asentamientos más complejos. Estas herramientas, mucho más sofisticadas que las anteriores, abrieron el acceso a nuevos recursos y permitieron modificar el entorno de formas antes impensadas. Para Domínguez-Rodrigo, el procesamiento de elefantes refleja grupos humanos numerosos, capaces de cooperar y organizarse ante desafíos de gran magnitud.

La tecnología achelense, caracterizada por la producción de bifaces (hachas de mano) y utensilios de piedra más elaborados, marcó un salto en la capacidad de los homínidos para explotar su entorno y transformar sus hábitos alimentarios. Este avance no solo facilitó la caza y el procesamiento de presas grandes, sino que también estimuló el desarrollo de habilidades cognitivas y la transmisión de conocimientos entre generaciones. Los científicos destacan que cada nuevo descubrimiento en Olduvai aporta piezas fundamentales para entender cómo evolucionó la inteligencia humana y la vida en sociedad.

La tecnología achelense, con la producción de bifaces, permitió a los primeros Homo transformar tanto su dieta como su entorno, favoreciendo la transmisión cultural (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sin embargo, el debate científico sigue abierto. Michael Pante, de la Colorado State University, manifestó a New Scientist su escepticismo y considera débil la evidencia, ya que se apoya en la proximidad entre herramientas y huesos y en la atribución de fracturas a actividad humana pese a la ausencia de marcas de corte claras. Según Pante, las pruebas concluyentes de procesamiento de elefantes, hipopótamos y jirafas en Olduvai aparecen unos 80.000 años después, en el sitio HWK EE, donde los registros arqueológicos son más contundentes.

La interpretación de estas evidencias desafía a la comunidad científica y redefine el modo en que se reconstruyen los orígenes del comportamiento humano. La disposición de los restos y las huellas en los huesos ofrecen nuevas pistas sobre la organización social y el avance tecnológico de nuestros antepasados.

bioRxiv sostiene que esta transición hacia la explotación sistemática de grandes animales coincidió con la expansión de la tecnología achelense y con un aumento en la escala y complejidad de las ocupaciones humanas. El registro fósil de Olduvai muestra así un cambio radical: del aprovechamiento ocasional de grandes animales con herramientas simples, se pasó a prácticas más organizadas y eficientes.

El procesamiento sistemático de estos gigantes por parte de Homo erectus representa una hazaña sin comparación en el mundo actual: los recolectores modernos solo realizan estas prácticas de forma esporádica. Este salto evolutivo definió la relación entre el ser humano y su entorno, abriendo un capítulo único en la historia de la humanidad.