ROSARIO.- Leonardo Airaldi es un personaje que por momentos parece absurdo, dislocado, pero también peligroso. Este entrerriano que fue presidente de la Sociedad Rural de Diamante, está acusado de haber pagado US$40.000 a dos sicarios uruguayos para que asesinaran al juez federal de Paraná Leandro Ríos y al fiscal federal José Candioti, quienes investigaron a Airaldi y develaron que movía por la hidrovía grandes cantidades de cocaína y que estaba conectado con organizaciones criminales transnacionales de peso, como el Primer Comando Capital (PCC).Airaldi creía que Ríos y Candioti iban a ir de vacaciones a Punta del Este y que allí, según su plan, iban a ser ejecutados por asesinos a sueldo uruguayos. Pero algo no salió como esperaba el “gaucho narco”: otro preso lo delató y, además, los dos funcionarios judiciales nunca planearon irse a descansar a Punta del Este. Este plan generó honda preocupación y activó alertas entre las autoridades.El plan, según surge de la investigación, naufragó por la declaración de un recluso en la Unidad Penal N°9 de Gualeguaychú, donde también está detenido Airaldi. El objetivo era matar a Ríos y Candioti y evitar el juicio oral que este narcotraficante enfrentará desde este martes en Paraná. En la mira de Airaldi también estaba el ministro de Seguridad de Entre Ríos, Néstor Roncaglia.“Los sicarios de Uruguay me salen dos mangos” es una frase atribuida a Airaldi en el expediente judicial.Ese testigo que lo delató aseguró que “Airaldi quería matar mediante un sicario a Roncaglia, pero ese le salía más caro porque debía ser en la Argentina. Él había averiguado que Roncaglia iba a un pueblito cerca de Paraná, a una quinta de amigos, y que el ministro iba solo, en moto. Con la gente con la que hablaba, [Airaldi, preso en Gualeguaychú] les decía que fueran con un tarro de cal. Para ser más exacto, que fueran en dos vehículos, que en uno fuese el tacho de cal y en el otro los sicarios, y que no debían dejar nada, ni un rastro”. La idea era disolver el cadáver en la cal.La información sobre este plan surgió de un informe que hizo el Servicio Penitenciario de Entre Ríos, que avisó a las autoridades judiciales. A partir de ese dato inicial comenzó una investigación encabezada por el juez federal de Gualeguaychú Hernán Viri y el fiscal Pedro Rebollo. Esos funcionarios judiciales ordenaron el allanamiento en el pabellón E de la Unidad Penal N°9, donde está alojado el expresidente de la Sociedad Rural de Diamante. En esas celdas fueron secuestrados, además de dosis de cocaína, teléfonos celulares y anotaciones que serán analizados por los investigadores.Los análisis de los teléfonos —cuyos resultados fueron plasmados en primera instancia en un informe de la Delegación de Inteligencia Criminal e Investigaciones Paraná de Prefectura Naval y posteriormente en otro estudio realizado por la Dirección General de Narcocriminalidad de la Superintendencia de Drogas Peligrosas de la PFA− revelaron conversaciones comprometedoras entre Airaldi y su círculo cercano.El juicio contra este narco está previsto que se inicie el martes. Airaldi recibió un último revés judicial luego de que el Tribunal Oral Federal de Paraná rechazara el recurso de casación presentado por su defensora, Mariana Barbitta. La letrada cuestionó la resolución que disponía la acumulación de las dos causas contra el productor agropecuario de Diamante: una de Santa Fe, que investigó el fiscal federal Walter Rodríguez, y otra de Entre Ríos, que llevó adelante Candioti.Hallazgo fortuitoEn el juicio deben declarar 51 testigos. La base más sólida de la causa surgió de la investigación que hizo Rodríguez en Santa Fe, en la que se reveló la trama en la que Airaldi usaba una isla en el río Paraná para el contrabando de cocaína. Como publicó LA NACION, el hallazgo de 28 ladrillos de droga allí se produjo por casualidad, a raíz de una denuncia por violencia de género contra un puestero que trabajaba para el expresidente de la Sociedad Rural de Diamante.La policía de Santa Fe encontró debajo de la cama del puestero 28 panes de cocaína. Los ladrillos blancos tenían marcas y etiquetas: Qatar y Emirates. También, la foto de un Boeing 737. La casa donde se secuestró la droga está situada en Solís al 600, en Puerto Gaboto. Esa droga había sido guardada allí por orden de Airaldi, que gerenciaba un campo de grandes dimensiones en la isla frente a Gaboto por donde pasan, muy cerca, las barcazas que provienen de Paraguay.Lo que llamó la atención del fiscal federal Walter Rodríguez fue la temporalidad. Porque en el momento en el que se produjo el secuestro de casi 29 kilos de cocaína en esa casa de Gaboto, el 10 de agosto de 2022, pasaban cosas extrañas en Rosario con grandes cargamentos de cocaína que estaba previsto que salieran rumbo a Dubái desde Terminal Puerto Rosario.El 26 de agosto de ese año la Policía Federal secuestró 1600 kilos de cocaína en un galpón del barrio Empalme Graneros. Ese cargamento tenía como destino Dubái.Dieciséis días antes aparecieron en la casa del puestero Diego Torres, empleado del establecimiento El Pillo, que gerenciaba Airaldi, aquellos 29 kilos de cocaína que fueron encontrados de casualidad. Esos cargamentos tenían el mismo destino o provenían del mismo lugar.Tras una denuncia por violencia de género la policía llegó a Solís al 600 y debajo de la cama encontró la droga. El fiscal Rodríguez empezó a investigar este caso. Airaldi se había hecho conocido a nivel mediático por haber sido detenido en Rosario comprando droga muy cerca de un búnker. El caso tomó trascendencia porque se trataba del expresidente de la Sociedad Rural de Diamante y porque había protagonizado un escándalo en el procedimiento.El 22 de julio de 2023, en un operativo de Gendarmería, Airaldi fue detenido cuando iba en una VW Amarok junto a otras tres personas. Ese vehículo fue secuestrado: tenía armas y droga. Se detectó que era uno de los activos del clan del narco y mafioso bonaerense Miguel Ángel “Mameluco” Villalba.La investigación en Rosario contra Airaldi le sirvió al fiscal Rodríguez para obtener información clave de los teléfonos, algo vital en cualquier investigación judicial hoy en día.Además, Prefectura realizó tareas de inteligencia en torno al puesto y el establecimiento en la isla. Un cargamento de cocaína, el río Paraná, la isla y Airaldi formaban un combo misterioso. El interrogante que surgió es si ese lugar servía como plataforma de llegada de grandes volúmenes de droga desde Paraguay.El Pillo queda a unos 20 minutos de navegación desde la desembocadura del río Carcarañá hasta el Coronda. Es, según el relevamiento de Prefectura, una zona de “anclaje sospechoso de barcazas”.Hay un testimonio en otra causa que también fue importante en la investigación de Rodríguez: ante el fiscal de San Lorenzo Aquiles Balbis, un informante contó que Torres, el empleado de Airaldi, tenía varios puestos en la isla y que se movía con una lancha de gran potencia que no puede ser alcanzada por Prefectura.Esta fuente contó que, una vez, miembros de esa fuerza persiguieron a Torres, pero no lograron alcanzarlo porque tenía una lancha con un motor Mercury de 150 HP, que estaba “chipiado” [preparado para adquirir altas velocidades]. Ese informante declaró que le compraba carne a Torres de manera frecuente y que una vez que lo llevó al puesto en la isla recibió un llamado y le dijo que debía ir a buscar “merca a Diamante”.“Pensé que era una joda y le dije que no, pero luego de dos horas volvió con un paquete grande, una bolsa negra, en la lancha. Y me dijo que tenía que irse para llevar el paquete a Gaboto”, relató.El testigo contó que Torres le decía que “Airaldi tenía una pista en la isla para que aterrizaran las avionetas con droga”, según consta en el expediente.A este testimonio clave se sumó otro que perfila a Airaldi y que fue elaborado por Prefectura a partir del iPhone 12 que Gendarmería le incautó en Rosario en 2022. En las conversaciones era notable que, cuando Airaldi y Torres −según se infiere en la causa− hablaban de droga, lo hacían con una jerga bastante torpe. Cuando se referían a cocaína decían “maple, carne, lomo y novillo”.En el iPhone figura también un llamativo diálogo de Airaldi con un contacto no agendado al que le recomendaba que borrara la palabra “avión”. “No mandes esas cosas por acá”, le advirtió el expresidente de la Sociedad Rural de Diamante al desconocido. 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