Vimos en otra oportunidad que la autonomía de nuestros hijos es deseable para ellos, ya que los “empodera”: los ayuda a sentirse capaces y útiles, a saberse parte del equipo de la familia, y empieza desde la primera infancia. Y es deseable para los adultos porque no recae en nosotros todo el peso de las tareas y responsabilidades de la familia en la vida diaria.En los ensayos de nuestros hijos hacia el “yo solito”, cuidamos que no se pongan en juego la salud, la seguridad, la ética o el bienestar de todos, ya que en esos casos tendremos que seguir tomando nosotros muchas decisiones.Los estudios lo llaman el alimento ignorado: qué es el “oro blanco” y por qué mejora tu digestión en díasEllos no siempre tienen suficiente fortaleza interna, recursos o experiencia como para tomar las decisiones correctas. Un niño de cuatro años puede querer cruzar la calle solo, pero no podemos permitirlo, ya que todavía no está preparado para hacerlo. Y no podemos resolverlo de acuerdo con la edad cronológica, ya que cada persona madura a su ritmo, y su edad no siempre coincide con la madurez y los recursos que necesita para poder hacer lo que desea, o lo que nosotros consideramos que tiene que hacer.A menudo, aun no estando en juego estas cuestiones, cuando son chiquitos –y también cuando crecen– a los padres nos cuesta invitarlos y/o dejarlos hacer muchas cosas, ya sea porque las hacen mal, o muy despacio, o no como nos gustaría, o porque no queremos que se equivoquen y tengan que pagar ellos, o nosotros, el precio de sus errores.A los ocho años, Pedro se despierta con despertador, se viste sin ayuda para ir a la escuela, tiene todo listo a la hora de salir de casa, mientras José, un par de años mayor, todavía requiere ayuda para estar listo a tiempo y con todo lo que necesita para salir.A los rasgos individuales se agrega la respuesta del entorno (padre, madre, adulto a cargo), que a veces favorece y colabora para esa autonomía, otras sobreprotege y no la habilita, y en otros casos no percibe los beneficios para todos de acompañar el proceso de separación-individuación de los chicos que lleva hacia la autonomía e independencia.Como en los temas de los más chiquitos, a medida que crecen, al comienzo hacemos nosotros las cosas para ellos, luego las hacemos junto a ellos, después los invitamos a hacerlas mientras los acompañamos, más adelante les recordamos el tema y los invitamos a hacerlas y a pedir ayuda si la necesitan y, por último, dejamos que se hagan cargo de sus tareas y responsabilidades, lo que incluye que paguen las consecuencias de no recordarlo o no lograrlo.Un largo procesoEn primer grado miro la mochila de mi hija, la ordeno, le saco punta a sus lápices, le pongo un sacapuntas en la cartuchera porque se perdió el que tenía, me fijo lo que tiene que hacer y la llamo para que venga a hacerlo. Más adelante hago lo mismo, pero con ella a mi lado mirando, y le hago preguntas que la comprometen en ese proceso. Quizás en tercero ella ya pueda hacerlo sola junto a mí mientras le hago comentarios interesados y le doy ideas que van enriqueciendo su “caja de herramientas”. Por ejemplo, te conviene tomarte el tiempo de guardar las hojas al terminar cada tarea en la clase o en casa porque después es difícil acordarte dónde iban. Alrededor de cuarto grado, idealmente ya pueden hacerlo solos y pedir ayuda cuando la necesitan.Esto ocurre en una enorme variedad de temas: colaborar en la casa y la familia, ordenar sus cosas, hacer sus tareas, dejar el baño en orden cuando salen de la ducha, preparar la ropa y los útiles para el día siguiente, prepararse para salir sin olvidarse nada.Incluye invitarlos a hacer sus propias invitaciones de cumpleaños, decorar una torta, lavar el auto, coser un botón, entrenarse para una carrera, animarse a invitar a un amigo, escribir un cuento, tejer una bufanda, armar una huerta en el balcón…También incluye seguir sus iniciativas, como hacer una torta o cuadritos de crochet para donar a una ONG.5 efectos de la palta en el cuerpo y quiénes no deberían consumirlaA algunos hijos tendremos que frenarlos y a otros incentivarlos. A veces van a lograrlo y otras acompañaremos el dolor de lo que no pudieron todavía, o esta vez, pero los prepara para la siguiente. A veces nos arrepentiremos de haber aceptado porque el caos posterior es grande. Pero tendremos la tranquilidad de estar colaborando para que nuestros hijos sepan que pueden, ya sea cambiar algo chiquito como una bombita de luz o algo enorme como intentar hacer de este mundo un lugar mejor para vivir. Así colaboramos para que tengan confianza, esperanza, motivación, iniciativa. Aprovechemos las oportunidades para hacer lo que nos ofrece el día a día de la familia. Navegación de entradasNetanyahu recibió a Milei y lo destacó como “un gran amigo de Israel” Milei en Israel: flores, críticas a la izquierda y los bifes que buscará el embajador de EE.UU.