Alta Fidelidad: Los Twist, Gardel y Tutankamón
Alta Fidelidad: Los Twist, Gardel y Tutankamón

Una noche cualquiera de 1986, una discoteca de barrio como Saint Thomas o del centro, San Francisco Tranway, o del oeste, Pinar de Rocha, podía caer en un pozo de arqueología y convertir a los bolicheros en personajes de Indiana Jones (Steven Spielberg, 1981), esto es arqueólogos. El hecho de repasar de forma sumaria estas ruinas de la noche ya es un ejercicio de arqueología pop pero la lista de templos nocturnos viene a cuenta de que en un lapso de tiempo breve, el DJ (más anónimo entonces que los sultanes del ritmo post raves) podía excavar la pista buscando tesoros del antiguo Egipto.

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En una misma noche sonaban “Walk like an Egyptian”, de The Bangles, un cuarteto americano típico (bombas rubias y morochas en calzas y electrizadas melenas sauvage) que ponían a los Fiorucci dancers a imitar el paso egipcio (“todas esas antiguas pinturas en las tumbas hacen la misma danza de la arena, lo sabían, ¿no?”) y “Cleopatra”, de Los Twist, en el cenit del pop argentino metido a las discos. Escrita por Vivi Tellas y cantada por Fabiana Cantilo (ex Bay Biscuits), era el caballo de Troya (para seguir en la antigüedad) con el que Los Twist hacían lo que en política se llama “entrismo”. Parecían una cosa de chicos (basta repasar lo que se escribía de ellos en la revista Humor) pero eran una idea muy mayor. Con el paso del tiempo, el hit de The Bangles quedó momificado en el sonido de los 80 mientras que el recurso percusivo sobre la palabra “tumba” hace de “Cleopatra” algo tan primitivo como vanguardista.

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La egiptofilia volvió con todo con la exposición blockbuster de Bellas Artes curada por los expertos José Emilio Burucúa y Sergio Baur. Todo el misterio de las pirámides, los sarcófagos y el arte funerario sigue resultando de una atracción fatal. Al punto que el museo decidió darle más tiempo a la exposición, la más ambiciosa que se haya realizado en Buenos Aires sobre el tema con piezas de más de veinte colecciones públicas y privadas. Uno de los grandes aciertos de “Ciencia y Fantasía” es el segmento dedicado a la apropiación que la cultura popular hizo de la egiptomanía. Así es como Los Twist pasaron en un lapso de cuarenta años del café Einstein y las discotecas a Bellas Artes. Es un desplazamiento que podría interpretarse dentro de los estudios culturales: Los Twist, bien escuchados, son un grupo de arte conceptual. Un par de auriculares permite seguir la genealogía de “Cleopatra”, reina del Nilo y del twist.

El grupo under retomó en clave paródica “Cleopatra Nueva Ola” (1964), donde Johny Tedesco cantaba “Yo tengo una novia linda que se parece a Cleopatra/le gusta llamarme Antonio y baila el twist a la egipcia”. La tapa del simple del sello VIK muestra al rubio Tedesco, estrella del Club del Clan, rodeado de las bailarinas con las se filmó su parte en “Cleopatra era Cándida”, una comedia de Niní Marshall impulsada por el éxito planetario de la “Cleopatra” de Liz Taylor (1963), la definitiva cara de la última faraona del antiguo Egipto en tiempos modernos. El cimbronazo alcanzó a la escena del Pop Lunfardo con un número dedicado a la película en Danse Bouquet, show de danza de Marilú Marini y Ana Kamien, en el Di Tella (1965), el póster de Dalila Puzzovio y Charlie Squirru con fondo de figurines egipcios (1967) y la reencarnación de Tanguito en Ramsés VII para su simple “La Princesa Dorada” (1968).

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Con su disco debut La Dicha en Movimiento (1983), Los Twist habían clavado un puñal en el alma tardo hippie de la contracultura argentina. Eran un Club del Clan perverso que retomaba la idea de autoficción de Alberto Greco y los ditellianos. Y así como Puzzovio, Charlie Squirru y Edgardo Giménez hicieron obra en una cartelera publicitaria de la agencia MECA mostrándose a ellos mismos pintados como en los afiches de cine con la leyenda “¿Por qué son tan geniales?”, ellos escribían su manifiesto de 2:31 en “Veinticinco estrellas de oro”. En plena hegemonía alfonsinista se atrevían con el slogan: “Los Twist, Gardel & Perón”.

En “Ciencia y Fantasía”, en Bellas Artes, la trilogía tiene un desplazamiento imprevisto. A la escucha de Los Twist y Tedesco le sigue una grabación ajada, de disco de pasta y vitrola pasado a mp4. Surge la gola de Carlos Gardel siguiendo el ritmo de camel-trot del guitarrista Ricardo Barbieri con una observación ácida de la pluma de Cancio Millán. Es 1924, han pasado solo dos años del descubrimiento de la tumba del faraón en el Valle de los Reyes, y Carlitos está cantando: “Al aparecer Tut-Ank-Amon/hizo en las damas sensación/que hasta la moda toma con soda/al pobre faraón”.

Ese año Gardel hizo 24 grabaciones para el sello Odeón. No solo tangos y zambas sino también concesiones a los ritmos frenéticos de los años locos. Fox-trot, camel-trot, shimmy. Con “Tut-Ankh-Amon” estrenó esta genealogía que siguieron Niní Marshall, Johnny Tedesco, Tanguito y Los Twist. Tan proto-pop nuestro zorzal que en esta curiosidad de su repertorio hasta anticipó la palabra clave del futuro de la música popular argentina: “Soda”.