Álex Gómez-Marín, el joven científico que volvió de la muerte
Álex Gómez-Marín, el joven científico que volvió de la muerte

PALMA DE MALLORCA.- Es cierto que una mirada prejuiciosa diría que el physique du rôle no lo acompaña. Anteojos, cara de niño, magro, pelo largo con coleta y escasos 44 años. Podría pasar por un intelectual posterior al flower power. Pero en realidad, Álex Gómez-Marín (Barcelona, 1981), físico teórico y neurocientífico, presenta una gran fortaleza de papeles. Ha publicado un centenar de artículos en revistas como Science, Neuron y Nature Neuroscience, y fue citado más de 4700 veces por otros investigadores de distintas partes del mundo. Su producción en forma de artículos y ponencias están disponibles en alexgomezmarin.com.

Doctorado en Física teórica por la Universidad de Barcelona (con premio extraordinario de doctorado), neurocientífico y máster en Biofísica, es actualmente científico titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España (CSIC) e investigador sénior del Instituto de Neurociencias de Alicante, que depende de aquella institución.

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En 2023 recibió el Premio Linda G. O’Bryant, que otorga el prestigioso Instituto de Ciencias Noéticas a propuestas científicas que investigan si hay “mente más allá del cerebro”, hoy el gran leit motiv de la tarea como investigador que lleva adelante Gómez-Marín y “su idea favorita”, como le gusta precisar. Pero antes de alcanzar su ikigai (el motivo de la vida de cada persona, según la tradición japonesa), el destino se le hizo presente y repartió nuevas cartas.

En marzo de 2021 tuvo una experiencia cercana a la muerte (ECM), debido a una hemorragia estomacal que lo dejó postrado en una cama de hospital y sin energías por semanas. Ocurrió antes de la cirugía de urgencia que lo sacó a flote, muy débil por pérdida de sangre, y él lo cuenta así: “Estaba en el fondo de un pozo. Miré hacia arriba y había tres seres de luz en medio de un resplandor amarillo imponente. Sabía que iban en mi ayuda. Estaba en paz. En esos momentos, que fueron segundos, acaso un minuto, si es que el tiempo tiene sentido allí, tenía un estado de absoluta certeza y consciencia lúcida, aunque estaba inconsciente. Pero entendía perfectamente lo que estaba en juego y sabía que si aceptaba la ayuda de esos tres seres para salir del pozo y cruzar la luz, me moriría. Todo era una comunicación telepática. Ahí no hay palabras. Les pedí regresar y aparecí de nuevo en la cama del hospital. Recuerdo que ese día me había sentido extremadamente débil. Cuando me quedaba dormido parecía que me iba, que mi consciencia se apagaba. Sentí que me moría. Y en determinado momento experimenté, primero, un sueño rarísimo, y después la luz al final del pozo. Fue maravilloso”.

Esta experiencia, que significó un giro de 180 grados en su vida y en su carrera, está contada en las casi 300 páginas del libro que acaba de publicar, La ciencia del último umbral: un viaje a los límites de la vida, la muerte y la consciencia (Planeta/Temas de hoy). La obra está prologada por el best-seller español doctor Manuel Sanz Segarra, médico autor de La supraconsciencia existe: vida después de la vida, y tiene la bendición en su contratapa de Bruce Greyson, doctor en Medicina, profesor de Psiquiatría de la Universidad de Virginia e indiscutida autoridad en la materia. Greyson es muy conocido por haber creado hace más de cuarenta años la Escala Greyson, que evalúa a través de 17 indicadores cuándo una experiencia puede ser considerada una ECM.

Además del relato minucioso de la vivencia, el doctor Gómez-Marín pregona en su escrito la necesidad de investigar la consciencia para redefinir sus márgenes y poder dilucidar si el cerebro es un órgano productivo o permisivo, una teoría fuerte y audaz que abraza en medio de críticas y polémica, pero que no es nueva. La puso sobre la mesa en 1898 el filósofo y psicólogo norteamericano William James (1842-1910, New Hampshire), catedrático de Harvard y figura clave en la historia de la psicología, a través de su ensayo La inmortalidad humana.

-¿Qué diría que vivió en el hospital?

-Más que lo que viví, creo que es lo que experimenté… Aquello fue poner un pie en el más allá. Un más allá que no sabemos muy bien qué es, al menos desde la ciencia. Pero sí puedo decir que algunos científicos estamos tratando de estudiar rigurosamente lo invisible y medir lo intangible, aquello que la doctrina materialista niega que pueda existir.

-¿Cómo define las experiencias cercanas a la muerte?

-Son experiencias intensas y profundas, que incluyen una constelación de vivencias muy concretas: luz al final del túnel, viaje fuera del cuerpo, revisión de vida, sensación de paz y gozo, entre otras. Suceden en estados críticos de salud, situaciones de peligro, riesgo, trauma. A veces la tienen las mujeres al dar a luz, a veces alguien que está en coma, o en una situación de vida o muerte, como estaba yo. Y se sabe que las experimenta entre un 15 y un 20 por ciento de los resucitados luego de un paro cardíaco.

A veces la tienen las mujeres al dar a luz, a veces alguien que está en coma, o en una situación de vida o muerte, como estaba yo

-¿Desde la ciencia, cómo lo explicaría?

-En un primer abordaje se podrían ofrecer explicaciones de carácter fisiológico y psicológico, como decir que son ilusiones causadas por falta de riego sanguíneo en la cabeza. Pero si uno examina todos los datos advierte que hay muchos casos en los que postular eso es insuficiente. Ha habido muchos intentos de explicar estos y otros “márgenes de la consciencia”, pero a pesar de ser legítimos fracasan a la hora de concluir que una ECM no es más que fuegos artificiales en tu cabeza.

Credo materialista

-Los médicos más tradicionales dicen que son alucinaciones…

-Sí, lo sé, eso dicen especialmente en público, pero en privado no son tan categóricos. Bajo el credo materialista no pueden decir otra cosa. Pero si preguntas a un psiquiatra, te dirá que una ECM no es una alucinación de ninguna manera.

-¿Por qué?

-Las ECM son generalmente positivas, tienen elementos estables y que se repiten con una lógica interna, persisten en la memoria durante años y provocan cambios de por vida y para bien en la persona. Lo que a mí me pasó, lejos de ser una alucinación, fue hiperreal. No solo me ha pasado a mí. Me encuentro con mucha gente a la que le ha pasado y no lo dice, por temor a prejuicios o a que lo tachen de loco. El doctor Eben Alexander, que era un gran escéptico, lo vivió en carne propia cuando estaba en Harvard y pasó por una ECM durante un coma de varios días. Lo cuenta en su libro La prueba del cielo. El propio Greyson revela en Después de la vida varios casos de pacientes que pasaron por algo parecido. Y ni hablar de las investigaciones que el doctor Raymond Moody, psiquiatra y profesor de filosofía, empezó a publicar hace medio siglo en los Estados Unidos.

Los supervivientes de encuentros cercanos con la muerte suelen recordar experiencias extraordinarias como luces al final de un túnel

-¿Qué extrajo de su experiencia en el hospital?

-Ya no creo que todo acaba cuando mueres… Hay evidencias científicas y marcos teóricos que apuntan a que la mente va más allá del cerebro. Yo investigo la consciencia en sus márgenes.

-¿Cuáles son esos márgenes?

-Un territorio salvaje y repleto de fenómenos insólitos: estados ampliados de consciencia, experiencias psicodélicas, percepciones suprasensoriales, sueños lúcidos precognitivos, sincronicidades, etc. Lo he bautizado la “ciencia de lo imposible”.

-Tras la nota que le hicieron en El País, la Sociedad Española de Neurociencia envió una carta al periódico y le solicitó abstenerse de “publicar informaciones pseudocientíficas”…

-Sí, lo sé. Se trata de una reacción alérgica incontrolable a ideas que desafían profundamente la visión ateo-materialista del mundo. Primero, no creo que los firmantes representen a toda la neurociencia española. Segundo, la actitud de ellos me pareció más pseudocientífica que lo que denunciaban supuestamente. La ironía es que yo soy miembro del Comité de Historia de esa sociedad, y nadie me dijo nada. Les he enviado varios correos durante dos meses, invitándolos al diálogo. Pero respondieron burocráticamente que no es nada personal, aunque pasan por alto mi propuesta de contrastar los argumentos que ambos tenemos, que es lo que debería hacer la ciencia. Yo muestro mis argumentos y mis evidencias y lo debatimos. Si tienen algo que decir, pues aquí estoy. Deberían debatir. (N. de la R.: LA NACION solicitó por mail hace un mes una declaración de la de la Sociedad Española de Neurociencias pero hasta el momento no ha obtenido respuesta).

Ya no creo que todo acaba cuando mueres… Hay evidencias científicas y marcos teóricos que apuntan a que la mente va más allá del cerebro

-¿Por qué cree que actúan así?

-Bueno, pienso que para cierta parte de la ciencia española, tan tradicional y conservadora, todo lo que suena al “más allá”, a trascendencia, a lo que podemos experimentar, pero no medir, por lo menos todavía, les pone muy nerviosos. La ideología imperante en la ciencia ortodoxa es y ha sido que todo está hecho de materia y nada más. Cuando tus temas de investigación, como es mi caso y el de muchos otros científicos heterodoxos del mundo, hablan de lo intangible, de lo invisible, donde se menciona espíritu, la mente y la consciencia, incluso el alma y el espíritu, creen que estás dando paso a la superstición.

-¿Puede la física cuántica aportar alguna claridad a esto?

-No creo que hoy la física cuántica explique la consciencia, aunque hay investigadores trabajando en ello, y muy seriamente. Pero estoy convencido de que el ingrediente clave que le falta a la física es la consciencia y, viceversa, la ciencia de la consciencia del futuro necesitará hermanarse con la física fundamental. La consciencia es algo que va más allá de la física, incluso más allá de la ciencia.

Funciones clave

-Habla en su libro de cerebro permisivo, ¿qué sería?

-He aquí la gran cuestión para mí: preguntarse qué es un cerebro. Si es un órgano permisivo en lugar de productivo. Es la idea vertebral de mi libro. Esta es mi idea favorita, que no es mía sino que pertenece a William James. No hay duda de que el cerebro tiene una función clave para el comportamiento y la cognición. Esto ya se sabía en la antigüedad. Pero James profundizó y nos recordó que lo crucial era averiguar si la función del cerebro es productiva o permisiva. Si el cerebro produce los pensamientos, la percepción, la memoria, la atención, la intención e incluso la consciencia, o, por el contrario, los permite.

-Esto es medular en su libro…

-Sí, esa es mi apuesta científica. La gran hipótesis que puede cambiarlo todo. Al público en general le digo que se atrevan, que no tengan miedo a contar lo vivido. No estáis locos. Hay mucha evidencia que contradice la hipótesis productiva, y apoyan la permisiva.

-¿Por ejemplo?

-Las experiencias cercanas a la muerte, la lucidez terminal, las experiencias de muerte compartida, las apariciones de familiares difuntos cuando nadie sabe que han muerto, la mediumnidad, los casos de niños que recuerdan vidas anteriores, los sueños premonitorios, las sincronicidades… Son todos “márgenes” de la consciencia: marginados, pero fronteras de conocimiento.

-Antonio Damasio, autoridad en la neurociencia a nivel mundial, ha dicho hace poco que el sistema nervioso fabrica la consciencia dentro del propio cuerpo, y Rafael Yuste, otro nombre importante dentro de la neurología española, dice algo parecido.

-Sí, lo sé. Respeto mucho a leyendas vivas de la neurociencia actual como Damasio y Yuste, que han hecho grandes aportes, pero me atrevería a decir que se equivocan. O, por lo menos, que solo conciben el cerebro como “órgano productivo” y descuidan que hay muchas anomalías de la consciencia que apuntan a que el cerebro es también un “órgano permisivo”, es decir, que no genera la consciencia (como una hoguera emite humo), sino que la filtra (como una radio sintoniza una emisora). Si eres materialista, el cerebro permisivo no tiene cabida en tu marco mental. Cuando tu móvil se rompe, ¿muere internet? No. Y si la consciencia sobrevive a la muerte, el materialismo muere. La mayoría de los científicos, a excepción de unos pocos, dan por hecho que el cerebro es solamente productivo y ya está. Ocurre que casi todos olvidan, o pasan por alto, la cantidad de evidencias, las experiencias y las anomalías que desafían esa visión. Me refiero a las ECM en todas sus manifestaciones, que son fenómenos que le ocurren a muchísima gente en el mundo. Pero tanto los grandes neurocientíficos como los más pequeños actúan como si no existieran. Y sin embargo existen.

-¿Qué cree que pasa cuando partimos?

-Ocurre mucho más de los que nos han contado, pero no sé qué hay después de la muerte. Habrá que esperar a que llegue el momento y comprobarlo de primera mano. Mi trabajo es investigar y hacer que la ciencia preste un servicio a la humanidad y que contribuya con valentía y honestidad a las grandes preguntas de la vida.

-¿Ahora, concretamente, qué está investigando?

-En dos frentes principales: uno profundamente teórico y otro arriesgadamente empírico. Estoy trabajando en las teorías de la consciencia con un norteamericano, Robert Lawrence Kuhn, que es un banquero e investigador del campo de la consciencia y creador de la serie Closer To The Truth. Con él hemos cartografiado las más de 375 de teorías de la consciencia actuales que hay, organizándolas por categorías según sus premisas filosóficas y testeabilidad experimental. Se trata de la mega wiki de la consciencia. No hay nada igual en el mercado.

-Está trabajando en hospitales al respecto también…

-Sí, los hospitales son los nuevos laboratorios de la consciencia humana. Investigamos qué sucede a los pacientes que son resucitados y también qué sucede con, las familias y el personal sanitario, pues sabemos que ven muchas cosas que no cuentan. El estudio científico de la muerte y el morir es un portal para entender mejor la mente humana en el mundo real y darle un mejor sentido a la vida.

La IA, una amenaza

-Un capítulo de su libro habla de la mente extendida a otros organismos fuera del cuerpo humano. ¿Se extenderá también a la inteligencia artificial?

-Yo soy muy crítico con la inteligencia artificial (IA). No tanto como herramienta, sino por el programa social que hay detrás. En el fondo encontramos el transhumanismo, que considero es el parásito ideológico del materialismo en su estado de muerte terminal. Se trata de una pseudorreligión disfrazada de progreso tecno-científico. Te prometen la inmortalidad a costa de tu extinción como individuo y como especie. La “vida eterna digital” a la que apuestan algunos multimillonarios de hoy. La humanidad está en gran encrucijada. He leído con consternación el trabajo de transhumanistas como Raymond Kurzweil (N. de la R.: futurista, exdirector de Ingeniería de Google), de cuyo libro la revista Nature me publicó una reseña. Pone los pelos de punta. Este hombre cree que es posible resucitar a su padre. Nietzsche dijo hace mucho que “Dios ha muerto”. Bueno, pues en Silicon Valley están creando uno digital. Es un culto al totalitarismo tecnocrático. Además confunden computación con inteligencia e inteligencia con consciencia.

-¿No salva ni siquiera a la IA, que está logrando tanto en diagnóstico médico o intervenciones a distancia, u otras aplicaciones que significan una mejora?

-Prefiero que me trate un médico chino o ayurvédico antes que un algoritmo. La IA nos está volviendo cada vez más estúpidos. Pronto no seremos capaces ni de leer un libro entero o escribir tres párrafos con coherencia. No niego que es una herramienta increíble, pero si no le ponemos cordura y límites va a carcomer todos los ámbitos sociales. A los adolescentes, las redes les están provocando irreparables problemas de salud mental y social. La IA es la segunda ola, quizá la definitiva.

-Uno podría preguntarse si esto no es una consecuencia de que la ciencia y la religión no se hayan dado la mano a tiempo.

-Durante mucho tiempo no se pudo hablar de lo sagrado, del más allá, del espíritu, el alma, porque se lo calificaba de superstición. A su vez, desde la religión no se quiso hablar de ciencia porque incomodaba. Pero eso no se puede mantener. Tienen que dialogar.

-¿Qué les diremos a nuestras nietas cuando nos pregunten qué hicimos cuando todavía había algo que hacer? Repito lo que usted se pregunta en el libro..

-¿Qué puedo hacer yo? Pues hablarlo, decirlo, denunciarlo, trabajarlo. Luego ellas verán cómo se apañan cuando yo no esté. Mi hipótesis loca es que en pocos años vamos a ver cómo se crean dos especies de humanos. La que apueste por la tecnología desalmada y la que apueste por la tecnología del alma.

-Usted dice que cuando estaba en el pozo desistió de la ayuda y quiso volver. ¿Por qué cree que lo hizo?

-Lo recuerdo clarísimo. Pensé en mis hijas, que aún son muy pequeñas. No era mi momento.

¿Qué le dejó íntimamente esa experiencia?

-Que el tránsito entre la vida y la muerte es una experiencia hermosa, y no hay que tenerle miedo. Hay que darse cuenta de que hay vida antes de la muerte. Vivir es un milagro y una maravilla.

-¿Cómo imagina la vida del otro lado?

-Yo solo llegué hasta la puerta de entrada, pero puedo decir que ese umbral donde me vi es un lugar maravilloso. Se experimenta un estado de certeza y mucha paz. Parece un buen sitio para mudarse después de esta vida.