En una temporada de verano que comenzó con cifras auspiciosas –por estos días son 400.000 los turistas que vacacionan en el Departamento de Maldonado, de los cuales más de la mitad son argentinos– y que incluso podría ser récord, Uruguay tiene mucho más que hermosas playas para ofrecer en términos de esparcimiento. De entre las diferentes propuestas turísticas se destaca su cada vez más amplia ruta del vino (en 2024 se sumaron nueve nuevos establecimientos al registro oficial de enoturismo), que se extiende principalmente paralela a la costa, y cuya característica distintiva es su escala humana.“En Uruguay, el 90% de las bodegas son familiares”, destaca María Eugenia Cunha, jefa de enoturismo de bodega Familia Deicas y presidenta de la Asociación de Turismo Enológico del Uruguay (ATEU). “Más allá de que el uruguayo se caracteriza por la hospitalidad, lo que es muy bien valorado por los mercados extranjeros, la particularidad de estas bodegas es que el dueño o el enólogo suelen ser quienes te reciben“.“En muchos establecimientos son estos mismos propietarios los que guían la visita y cuentan sus propias historias, que vienen de varias generaciones”, confirma Soledad González Battó, sommelier y coordinadora de Bodegas de Colonia, grupo que reune a 13 bodegas. “La ruta del vino de Uruguay hoy es un atractivo para el turista nacional e Internacional. y el hecho de que muchas sean bodegas boutique suma. Algunas cuentan con opción de alojamiento, otras con propuestas mas descontracturadas, desde un asado criollo a un atardecer en las viñas o un picnic”.Si bien la cercanía con Buenos Aires es un factor que atrae turismo argentino a esta ruta, lo cierto es que según estadísticas de 2024 y 2025 son los brasileros sus principales visitantes (39%), seguidos por los locales (37%); el turista argentino se ubica cómodo en el tercer puesto (10%). El proceso de premiurización que atraviesa esta ruta queda expuesto el ticket promedio de la visita diurna a las bodegas uruguayas, que subió de US$ 70 a US$ 90 por persona en el último año, e incluso hoy puede llegar a los US$ 700 para quienes deciden alojarse en los establecimientos.“La inversión en infraestructura (hoteles boutique dentro de viñedos y spas de vinoterapia) ha sido clave para atraer al público premium”, comenta María Eugenia Cunha, de ATEU. Otro factor no menor es la ya consolidada presencia de Uruguay en rankings enoturísticos internacionales, cómo los World’s 50 Best Vineyards. En su edición 2025 Bodega Garzón, en Maldonado, ocupa el cuarto puesto del ranking mundial.“Bodega Garzón se distingue dentro del enoturismo uruguayo por la integración de terroir, sustentabilidad, arquitectura y experiencias, aportando una mirada contemporánea que amplía y enriquece la propuesta del país”, afirma Verónica Méndez, del área de enoturismo de esta bodega referente en arquitectura sustentable. Fue la primera fuera de norteamérica en obtener la certificación LEED Silver, que integra energías renovables, eficiencia energética y gestión responsable del agua, alineando producción, hospitalidad y cuidado ambiental.En el plano enogastronómico, destaca Méndez, “Garzón suma valor al enoturismo nacional a través de una propuesta que une vino, gastronomía y lifestyle: el restaurante asesorado por el chef Francis Mallmann ofrece una cocina de fuegos basada en productos locales y de estación, complementada por experiencias pensadas para disfrutar el entorno con calma. Garzón propone un lujo sereno y auténtico que contribuye a posicionar a Uruguay como un destino enoturístico diverso, sostenible y de proyección internacional”.Tannat y AlbariñoDesde Colonia hasta Maldonado, pasando por San José, Montevideo y Canelones, en la actualidad son 54 las bodegas y siete los viñedos de Uruguay que se encuentran abiertos al turismo. Allí se ofrecen actividades estrictamente relacionadas con el vino, como degustaciones, cosecha en los viñedos, jugar a ser enólogo y visitas guiadas, entre otras. Pero también hay actividades como paseos en globo aerostático, senderismo, avistaje de aves, paseos en bicicleta o yoga entre las hileras de vides.Esta propuesta enoturística se ha ido desarrollando a la par del salto en calidad que han dado los vinos uruguayos en la última década. “Los vinos uruguayos han evolucionado dramáticamente en los últimos años, en parte debido a condiciones más templadas y al cambio climático, pero también debido a una mejor viticultura y enología, y al desarrollo de nuevas áreas, de las cuales la más notable es Maldonado”, destacaba el crítico de vinos y Master of Wine inglés Tim Aktin, en uno de sus reportes sobre vino uruguayo.En la otra orilla, la cepa emblema es el tánico y potente Tannat: “Es la uva que Uruguay hace mejor, aunque no es la única. Como el Malbec en Argentina, el Tannat es la cepa que puede ser trabajada de distintas maneras, por lo que hay un montón de formas en las que se puede explorar esta variedad”, asegura Atkin, y agrega: “También hemos visto el surgimiento y auge del Albariño, que puede dar resultados espectaculares en Uruguay”.Esta variedad blanca originaria de Galicia( España), ha comenzado a destacarse en los concursos internacionales de vino, pero también en la elección del consumidor, ya que se lleva muy bien con la cocina de mar, característica de la costa Atlántica uruguaya.Turismo todo el añoLa cercanía de las vacaciones de verano puede sesgar la mirada sobre la ruta del vino uruguaya, pensándola con un foco estacional, pero lo cierto es que la mayoría de los establecimientos que la conforman están abiertos de enero a diciembre. “El enoturismo hoy por hoy muestra una desestacionalización a diferencia de años anteriores, manteniendo un flujo constante todo el año”, afirma María Eugenia Cunha, de la Asociación de Turismo Enológico del Uruguay.Si bien entre el 30 y el 35% de las visitas se dan entre diciembre y febrero, gracias a la llegada de los cruceros y al turista veraniego, el otoño concentra un 25-30% del turismo en torno a actividades relacionadas con la cosecha, mientra que la primavera recibe a entre el 20 y el 25% de los visitantes del año para actividades como el Día Mundial de Enoturismo o eventos como el florecimiento de la vid.En ese contexto cobra aún más valor la mínima distancia que separa a Buenos Aires de Colonia, donde los 13 integrantes de la Asociación de Bodegas de Colonia ofrecen programas ideales para escapadas de fin de semana. “Por la cercanía de Buenos Aires, en una hora el visitante puede estar en un escenario totalmente diferente al de la ciudad”, asegura Soledad González Battó, de Bodegas de Colonia.“La ruta de Colonia no solo abarca a Carmelo, sino que a partir de la formación de la asociación de sus bodegas hoy incluye a todo el departamento, lo que ha puesto a sus bodegas en el mapa del enoturismo de Uruguay”, comenta Diego Banfi, propietario de Bodega Cufré, un proyecto boutique que combina prácticas sostenibles con mínima intervención en la elaboración de vino.A poco más de media hora en auto desde Colonia del Sacramento, por ejemplo, se encuentra Los Cerros de San Juan, la bodega más antigua de Uruguay, visita de interés enoturística pero también histórica. Fue fundada en 1854 por la familia Lahusen, que tras arribar a Uruguay desde Bremen, Alemania, adquirió casi 9000 hectáreas rodeadas por los cerros que dan nombre al lugar. Allí, estableció una estancia que llegó a albergar unas 1000 personas. Además de viviendas, esta estancia llegó a tener dos escuelas, parroquia, quesería, herrería, obviamente bodega e, incluso, una moneda propia.Declarado Patrimonio Histórico de la Nación en el año 2004, hoy el centenario edificio de la bodega se encuentra restaurado y abierto al turismo. “Muchas bodegas, operan en edificios declarados Monumento Histórico Nacional. La ruta del vino uruguaya no es solo vino, es arquitectura colonial en funcionamiento”, destaca María Eugenia Cunha, jefa de enoturismo de bodega Familia Deicas, en Canelones.Familia Deicas se encuentra en Juanicó, poblado cuyo origen se rastrea a una estancia jesuita de la primera mitad del siglo XVIII. De hecho, la principal obra edilicia de la bodega es su cava, que en tiempos de la Compañía de Jesús habría sido utilizado como puesto o refugio. En 1930, Francisco Juanicó adquirió la propiedad y fundó Establecimiento Juanicó. Dato curioso es que tuvo durante 60 años el privilegio de ser el único sitio fuera de Francia en el que se podía producir Cognac y poner ese nombre en la etiqueta.En la actualidad, se encuentra en manos de la familia Deicas, que convirtió a la bodega en la primera de Uruguay en obtener una gran medalla de Oro en Europa (Vinitaly, 1995). Por estos días, cuenta María Eugenia Cunha, “lanzaremos nuestra nueva propuesta de enoturiso que se llamará Cocina Deicas, que incluirá un montón de talleres para aprender sobre vino, pero también sobre su maridajes con otros destacados productos locales, como los quesos, las carnes y los hongos que producimos”.De vuelta en la ruta del vino de Colonia, la bodega Narbona, en Carmelo, tambien funciona dentro de una propiedad con historia: un casco de estancia fundado en 1909. Pionera en el desarrollo del enoturismo en Uruguay, allí también se encuentra el Narbona Wine Lodge, un hotel boutique que integra la prestigiosa red de hotelería de lujo global Relais & Chateaux. Cuenta con playa propia y ofrece actividades que van desde cabalgatas hasta jugar a ser enólogo por un día, además de las relacionadas con la gastronomía y la degustación de vinos.En síntesis, ¿qué ofrece la ruta del vino uruguaya de diferente? “La cercanía del Atlántico y el Río de la Plata –opina Tim Atkin, que desde hace años recorre esta ruta–. En cierto modo me recuerda a Burdeos, en Francia, o a las Rías Baixas, en Galicia. Me gustan las brisas suaves que caracterizan el paisaje, así como el verdor y la frescura que te rodea”. Navegación de entradas¿Por qué Japón se muestra reticente a aceptar a los trabajadores extranjeros y los turistas? “Acá me quedo para siempre”: la romántica carta de Mauro Icardi a la China Suárez