A principios de los 2000, millones de computadoras en todo el mundo arrancaban con la misma imagen: una colina verde bajo un cielo azul brillante, salpicado de nubes blancas y esponjosas. Era una escena de calma absoluta que se colaba por igual tanto en oficinas de rascacielos y como en hogares, justo cuando el mundo de la tecnología comenzaba a acelerarse y abrirse paso en la vida cotidiana.Microsoft buscaba una imagen que transmitiera optimismo, calma y modernidad para Windows XP, y aquella fotografía sencilla parecía sugerir que el futuro de la tecnología podía ser amable.Con los años, “Bliss” -“Bucolic Green Hills” (Colinas verdes y bucólicas), como se llamó a la imagen originalmente- se convirtió en el fondo de pantalla más famoso del mundo. Pero para Chuck O’Rear, el fotógrafo detrás de la instantánea, fue apenas una parada en medio de la carretera, un instante fortuito que terminó fijando no solo una imagen icónica de la era digital, sino también el comienzo de una historia personal que, décadas después, sigue asociando a esa colina verde. “Me detuve al costado, saqué una cámara, tomé unas cuantas fotos, me volví a subir a mi camioneta y seguí mi camino”, le cuenta a BBC News Mundo desde EE.UU.El fondo de pantalla más visto del mundoCuando tomó la foto en 1996, Chuck vivía al norte de San Francisco, California. Todos los viernes manejaba unos 80 kilómetros a través del Valle de Napa para visitar a Daphne Larkin, una experiodista con la que empezaba una relación tras años marcados por noticias tristes y matrimonios fallidos.Para entonces, Chuck había pasado 25 años trabajando como fotógrafo para National Geographic. Imágenes suyas estuvieron dos veces en la portada de esa famosa publicación. Pero, entre otras aventuras, también pilotó un avión ultraligero y, como él mismo cuenta, estuvo a punto de ser “devorado por caníbales”.Sin embargo, Bliss terminaría marcando su vida casi más que toda su trayectoria en la revista. “Me contactan con frecuencia. Me preguntan en qué estaba pensando, qué hacía allí. Bueno, iba de camino a ver a Daphne”, dice con una sonrisa, sentado al lado de su esposa, con la que lleva más de tres décadas. “Si no hubiese sido por ella, la fotografía no se habría tomado”. Porque tan inesperado como el éxito de Bliss fue la historia de amor que permitió que existiese.“Desafortunados afortunados”Daphne y Chuck se conocieron en un momento de sus vidas en el que ninguno creía que volvería a enamorarse. Sus caminos se cruzaron por primera vez en 1994, durante un almuerzo en el Valle de Napa organizado por unos amigos en común. “Se les ocurrió que Chuck y yo debíamos conocernos porque ambos éramos periodistas. Y así fue exactamente como ocurrió”, cuenta Daphne. “Fue amor a primera vista para mí. Fue simplemente felicidad total”.Por entonces, Chuck viajaba hasta 11 meses al año por trabajo. Daphne, en cambio, había pasado -como ella dice- “al otro lado del escritorio”: tras una década como periodista en las Naciones Unidas, trabajaba a tiempo completo como vicepresidenta senior de Comunicaciones Corporativas en Wells Fargo Bank.Ambos tenían divorcios en su haber y habían experimentado la dura realidad de criar hijos con discapacidades. Un vínculo invisible que les había enseñado a ver la vida con una mezcla de comprensión y empatía.El hijo de Chuck, que ahora tiene 65 años, nunca pudo caminar y requiere cuidados a tiempo completo. Mientras que el hijo de Daphne, Lucien, murió a los 10 tras años de graves complicaciones de salud derivadas de una cirugía cardíaca fallida.“Lucien se sometió a una cirugía de corazón abierto a los cuatro años que salió mal, y sus pulmones quedaron dañados… estuvo con oxígeno y traqueotomía los últimos seis años de su vida”, le dice a BBC Mundo. Durante ese tiempo, Daphne asumió en gran medida el cuidado de su otra hija, Zoe, después de que su esposo se marchara, además de continuar con su carrera profesional. También se convirtió en una voz pionera en la paternidad de niños con discapacidades, escribiendo columnas sobre el tema para la revista “Parenting” en una época en la que pocas publicaciones abordaban este tema.Entonces, cuando menos lo esperaba, apareció Chuck y esa comprensión compartida les permitió encontrarse en un nivel profundo, más allá de la amistad o el romance, y forjar una conexión que sería la base de su relación. “Como dijo alguien una vez, éramos los desafortunados afortunados”, dice Daphne.“Yo llevaba cuatro años divorciada, pero Chuck recién se estaba divorciando y no estaba del todo listo para algo serio, así que esperé por él”, cuenta. “Fuimos amigos durante un año. Él bajaba y me invitaba a cenar cuando no estaba viajando para National Geographic. Y luego, al final de ese año, dijo: ‘Acabo de recibir una asignación para fotografiar la cosecha de vino alrededor del mundo durante un año. ¿Te gustaría venir?’”.Ella le prometió que se encontrarían en París y ese fue el comienzo de su romance. Pasaron meses recorriendo el mundo, bebiendo vino y enamorándose.La foto que marcó un amor y una generaciónA su regreso a Estados Unidos, Chuck comenzó a visitarla con asiduidad, manejando cerca de una hora y cuarto desde su casa en St. Helena hasta la de Daphne en el condado de Marin todos los fines de semana durante más de un año. Fue en uno de esos trayectos rutinarios durante los años que su relación iba tomando forma cuando Chuck tomó Bliss.“Fuimos muy cautelosos con eso de casarnos por tercera vez tan rápido y creo que si no hubiera sido por esos seis años de noviazgo, Bliss nunca se habría tomado”, dice Daphne.Detenerse a fotografiar paisajes era tan común para Chuck que Daphne no supo de la foto hasta cinco años después, en 2001, cuando el agente de Chuck telefoneó el día antes de su boda para decirle que Microsoft había comprado la foto por una suma de seis cifras, cuyo monto exacto no puede revelar por un acuerdo de confidencialidad.Juntos, convirtieron su pasión en proyectos con la publicación de varios libros documentando regiones vinícolas en Estados Unidos. Una alianza creativa que les permitió mezclar la mirada fotográfica de Chuck con la pluma de Daphne, dejando su sello en la cultura del vino.Sin embargo, la pareja bromea con que Bliss fue “responsable” de su matrimonio y recuerdan cómo la imagen los acompañó, inesperadamente, en viajes posteriores. “Vi la foto en tantos lugares”, dice Chuck. “En ferris en Grecia, en algún lugar de India”. “Y en aeropuertos y hoteles de todo el mundo”, añade Daphne.Hoy viven en las montañas Blue Ridge, en Carolina del Norte, rodeados de naturaleza, en una reserva conocida como Sherwood Forest. Tras décadas de viajes y proyectos, llevan una vida tranquila junto a un lago.Chuck fotografía ahora solo con su celular y disfruta del retiro. Mientras que Daphne enseña escritura de memorias y escribe una columna para un periódico local donde a veces cuenta historias sobre su vida y la de Chuck e incluso escribió un relato largo sobre su relación y sueña con convertirlo en un guion cinematográfico.Sus días comienzan con largas caminatas y, durante el verano, suelen nadar al mediodía en el lago desde el muelle de su casa. Rodeados de una comunidad cercana y acogedora, sienten que, después de todo lo vivido, finalmente han encontrado la manera de vivir plenamente juntos.Pero Bliss sigue ocupando un lugar especial en su recuerdo. “Cuando la mirás, se convierte en tu propia historia, porque pensás en lo que estabas haciendo en aquel entonces… ‘Recuerdo esto, estaba en la universidad, trabajaba para tal o cual empresa, me estaba divorciando’… Es la historia de todos, no solo la nuestra, lo cual me parece fascinante”, concluye Daphne.*Por Sara Valle Navegación de entradasRáfagas intensas, lluvias aisladas y ambiente más fresco: el pronóstico para este sábado en Buenos Aires La muerte de Cristina Lemercier: las respuestas finales a una de las tragedias más misteriosas de la farándula argentina