Un manuscrito del siglo IX que alberga algunas de las notaciones musicales más antiguas de la historia de la música occidental ha sido descubierto recientemente en Pensilvania, después de haberse mantenido durante años en una colección privada.El hallazgo, realizado por el historiador y autor Nathan Raab, presidente de la Raab Collection, representa un testimonio excepcional de los orígenes de la música escrita en Occidente. La pieza es una hoja de pergamino empleada en la liturgia católica y destaca porque presenta signos musicales sobre la palabra “aleluya”, lo que la sitúa entre los documentos más antiguos conocidos que emplean este tipo de notación.La identificación del valor del manuscrito surgió cuando Raab fue consultado para evaluar la autenticidad y relevancia de la pieza por parte de su propietario, quien ignoraba el significado de los particulares símbolos inscritos en el pergamino.Tras un análisis minucioso y varias consultas especializadas, el historiador dictaminó que se trataba de neumas, un sistema pionero de notación musical utilizado en la Europa occidental del siglo IX. Estos signos ayudaban a los cantantes a guiarse en la entonación y el ritmo durante los servicios religiosos, marcando un antes y un después en la transmisión oral de las melodías litúrgicas. “Este es un testimonio extraordinariamente temprano de nuestro uso moderno de la notación musical en sus albores”, expresó Raab a The Guardian, subrayando así la magnitud del hallazgo para la comprensión del desarrollo musical europeo.El documento, probablemente elaborado en Alemania en la segunda mitad del siglo IX, pertenecía en origen a un sacramentario latino orientado a las celebraciones de Pascua. Los signos musicales, constituidos por caracteres y puntos que recuerdan a la taquigrafía, fueron dispuestos sobre el texto litúrgico para proporcionar indicaciones visuales destinadas a modular la voz de los intérpretes, facilitando así la ejecución coral. Según Raab, estos elementos pasaron inadvertidos o se interpretaron erróneamente en el pasado, lo que resalta la importancia de una revisión rigurosa. Estos detalles, minuciosamente analizados, habían permanecido ocultos durante siglos a la mirada de músicos y expertos, hasta ahora.Dentro del estudio de la notación musical en Occidente, el manuscrito hallado en Pensilvania se compara con otros ejemplos primitivos considerados fundamentales, tales como el Gradual de Laon, custodiado en la biblioteca municipal de Laon, Francia, y el Cantatorium de St. Gall, resguardado en la abadía de Saint Gallen, Suiza. Tanto el Gradual de Laon como el Cantatorium de St. Gall datan de finales del siglo IX o principios del siglo X y se consideran pilares en la evolución de la escritura musical. Sin embargo, el documento de Pensilvania podría ser anterior a ambos, lo que lo convertiría en el ejemplar más antiguo conocido en manos privadas. En el ámbito de los coleccionistas, no existen registros acerca de la existencia ni el comercio de piezas comparables en antigüedad o relevancia.El valor estimado de la hoja de pergamino asciende a USD 80.000, una cifra que refleja tanto su rareza absoluta como su relevancia para la historia de la música occidental. Raab ha destacado que, hasta el momento, no se tenía constancia de ningún documento tan antiguo en colecciones privadas ni de su aparición en subastas, lo que aumenta la singularidad de este hallazgo. Un comunicado de prensa asociado subraya que “esta hoja se encuentra entre los testimonios más antiguos de la notación musical en Occidente, junto al Gradual de Laon y el Cantatorium de St. Gall en sus dataciones más tempranas”, una afirmación que refuerza su estatus dentro del patrimonio musical europeo.La aparición de este manuscrito arroja nueva luz sobre el papel de la notación musical en la transmisión y conservación del patrimonio cultural, recordando que, aunque la música ha acompañado a la humanidad desde tiempos remotos, su representación escrita es un fenómeno relativamente reciente. Es precisamente gracias a sistemas como los neumas que fue posible codificar, preservar y difundir repertorios musicales complejos a través de generaciones, permitiendo el nacimiento de tradiciones corales y polifónicas de gran riqueza.El hallazgo en Pensilvania amplía el conocimiento sobre los orígenes de la música escrita, impulsando la investigación sobre las prácticas litúrgicas altomedievales y las rutas de transmisión del saber musical. Además, ofrece una valiosa advertencia a los estudiosos: algunos de los tesoros históricos más relevantes pueden hallarse ocultos en colecciones particulares, esperando ser reconocidos por quienes poseen la formación y la curiosidad necesarias para identificar su verdadera importancia. Como afirmó Raab, el manuscrito es no solo una pieza de colección, sino también una puerta abierta a la comprensión profunda de la música y la cultura medievales, y su trascendencia llega más allá de las vitrinas de los museos. Navegación de entradasSubió a 31 el número de muertos y a 21 los desaparecidos en Haití por el paso del huracán Melissa Quiénes son D66, los liberales progresistas que derrotaron a la ultraderecha en Países Bajos