
En las aguas de la bahía de Delaware, en Estados Unidos, empresas autorizadas capturaron tiburones tigre de arena protegidos entre 2018 y 2024 para enviarlos a acuarios de otros países, mediante permisos federales y estatales destinados a exhibiciones públicas.
La práctica, analizada en un estudio publicado en Frontiers in Conservation Science, aumentó pese a la protección de la especie y a la falta de una evaluación formal de la población local.
El artículo divulgado por Geo recoge las advertencias de científicos sobre el impacto que puede generar la extracción de ejemplares de su hábitat natural para enviarlos a acuarios de otros países.
Protección con una excepción
El tiburón tigre de arena (Carcharias taurus) es una especie de gran tamaño que puede medir entre 2,2 y 3,2 metros. Aunque suele tener un comportamiento tranquilo, su reproducción lenta lo hace vulnerable a la presión humana. Las hembras tienen apenas una o dos crías cada 2 o 3 años y alcanzan la madurez sexual entre los 6 y los 10 años, según el sexo.
A nivel mundial, la especie está catalogada en peligro crítico de extinción: sus poblaciones disminuyeron o desaparecieron de algunas áreas costeras templadas y subtropicales, entre ellas zonas del sudeste asiático, África occidental y el mar de Arabia. La sobrepesca, las capturas accidentales y el deterioro de sus hábitats figuran entre las causas señaladas.
En el Atlántico noroccidental, las normas federales y locales prohíben a los pescadores recreativos quedarse con los animales que capturan, por lo que deben liberarlos. Sin embargo, existe una excepción para compañías que obtienen permisos de extracción con el objetivo de enviar ejemplares a acuarios abiertos al público.
Las capturas crecieron en Delaware
La investigación, elaborada por especialistas de varias universidades estadounidenses, contabilizó 80 tiburones tigre de arena extraídos en Delaware entre 2018 y 2024 con destino a acuarios. El número anual de capturas creció de dos en 2018 a 40 en 2023.
La mayoría de los animales fue enviada a los Emiratos Árabes Unidos. También hubo traslados a Corea del Sur, Tailandia, Francia, Italia, Israel, Escocia, Turquía y Uzbekistán.
Una compañía con sede en Florida concentró una parte relevante de las operaciones: habría retirado 71 ejemplares entre 2022 y 2024, tras empezar a trabajar en Delaware en 2021.
Para realizar estas extracciones, las compañías deben recibir primero una autorización del Servicio Nacional de Pesquerías Marinas de Estados Unidos y luego un permiso científico de las autoridades del estado.
La administración federal sostiene que estudia cada solicitud de forma individual y aplica un cupo anual basado en criterios científicos. Para 2025, el estudio registró 35 pedidos de captura, dirigidos principalmente a abastecer acuarios asiáticos.
Una población sin evaluación formal
La principal dificultad es que la población de estos tiburones en esa zona del Atlántico no fue evaluada formalmente. La falta de datos sobre su cantidad y evolución impide calcular con precisión las consecuencias de las capturas autorizadas.
También genera preocupación la edad de los animales extraídos. Algunos son juveniles grandes o adultos cercanos a la madurez sexual. Si permanecieran en libertad, podrían contribuir a la reproducción y a la continuidad de la población en su entorno natural.
Brad Wetherbee, investigador de tiburones de la Universidad de Rhode Island y coautor del estudio, comparó la situación con “entrar en el Parque Nacional de Yellowstone, capturar lobos y luego venderlos a zoológicos de Francia o de Oriente Medio”. La analogía apunta a que una especie protegida puede ser retirada de la naturaleza para sostener exhibiciones en otros países.
Dudas sobre las capturas autorizadas
Aaron Carlisle, profesor asociado de ciencias marinas de la Universidad de Delaware, cuestionó la diferencia entre las restricciones para pescadores recreativos y las excepciones comerciales. “¿Cómo podemos afirmar que estas personas pueden pescar y, en efecto, explotar los recursos, mientras que los pescadores recreativos no?”, planteó.
Las autoridades estatales reconocieron que el incremento de las extracciones constituye una fuente de inquietud. Además, no cuentan con información completa sobre el estado de los tiburones después de su salida, incluida su salud o una posible mortalidad durante la cautividad.
Dewayne Fox, profesor de la Universidad Estatal de Delaware y coautor de la investigación, cuestionó que empresas externas puedan obtener ganancias con tiburones protegidos gracias a las medidas de conservación aplicadas en el estado.
“Hemos protegido el hábitat y, sin embargo, vamos a permitir que una empresa de fuera del estado venga a capturar estos animales y luego los envíe al otro lado del mundo para ganar dinero”, afirmó.















