Nunca antes una persona había sobrevivido a la administración de drogas letales en una ejecución en Estados Unidos, según el Centro de Información sobre la Pena de Muerte (DPIC).El miércoles 30 de septiembre, Christa Pike —única mujer en el corredor de la muerte de Tennessee y condenada por un crimen cometido a los 18 años— se convirtió en ese precedente: recibió dos dosis del fármaco pentobarbital en el Instituto de Seguridad Máxima Riverbend, en Nashville, y siguió con vida, informó la agencia AFP.Testigos presentes en la sala describieron que Pike permaneció despierta más tiempo de lo esperado, miró a su alrededor en varias oportunidades y luego comenzó a roncar en voz alta durante casi una hora, mientras los periodistas eran escoltados fuera del recinto.Una ambulancia la trasladó esa noche a un hospital del área de Nashville, donde dos días después sus abogados presentaron documentos judiciales detallando su situación.Una emergencia médica sin manual de procedimientosEn una presentación de emergencia ante un tribunal de Tennessee, los abogados Stephen Ferrell y Luke Ihnen, del Servicio Federal de Defensa del Distrito Este de Tennessee, detallaron el grave estado de su cliente. “El personal del hospital está trabajando para salvarle la vida y limpiar el pentobarbital de su sistema”, escribieron en el documento.Según el escrito, se usaron al menos siete agujas para intentar establecer acceso intravenoso, y una de ellas llegó al hospital “doblada en un ángulo de 90 grados”.Pike llegó al hospital con ambos brazos “hinchados, quemados y con ampollas”, consecuencia del pentobarbital —descrito por sus abogados como una sustancia “cáustica y altamente alcalina”— que se filtró en los tejidos bajo su piel.Ferrell sugirió en declaraciones a AP que la vía intravenosa posiblemente nunca ingresó a la vena correctamente, lo que habría impedido que el fármaco llegara al torrente sanguíneo.Un médico consultado por la BBC indicó que Pike probablemente sufrió una lesión cerebral traumática, aunque su diagnóstico definitivo aún no fue confirmado públicamente.Durante el procedimiento, Pike pudo ser escuchada “llorando, quejándose y respirando fuerte”, y en un momento afirmó que su brazo “se sentía como si estuviera a punto de explotar”.Una batalla legal que llegó hasta la Corte SupremaLos abogados de Pike habían alertado durante meses antes de la ejecución sobre las condiciones médicas de su cliente: trombocitosis, trastorno de estrés postraumático y venas pequeñas que, argumentaron, hacían casi inevitable un sufrimiento innecesario.La defensa también invocó su historia de abuso sexual en la infancia y solicitó clemencia, sin éxito.El intento de ejecución estuvo precedido por un intenso trajín legal. Una corte federal de apelaciones emitió una suspensión de la condena a pocas horas de la medianoche, pero la Corte Suprema de Estados Unidos la revocó en una decisión de seis votos contra tres, con las magistradas Sonia Sotomayor, Elena Kagan y Ketanji Brown Jackson en disidencia, y autorizó que la ejecución se llevara adelante antes de que venciera la orden judicial, a la medianoche.Un estado bajo escrutinio y sin ejecuciones por el resto del añoLa del miércoles fue la segunda ejecución frustrada en Tennessee en 2026. En mayo, las autoridades debieron suspender la ejecución de Tony Carruthers tras no poder acceder a una vena.El gobernador republicano Bill Lee —quien previamente había negado la clemencia a Pike— ordenó la suspensión de todas las ejecuciones restantes del año y encomendó una revisión independiente de lo ocurrido.“Hasta donde sabemos, el Departamento de Correcciones siguió exactamente el protocolo establecido”, declaró Lee ante la prensa, al tiempo que admitió que el estado necesita entender “por qué el resultado fue diferente esta vez a todas las anteriores”.El Departamento de Correcciones de Tennessee respaldó esa versión y afirmó haber actuado dentro del marco legal vigente.Cabe señalar que en 2024 el estado había modificado su protocolo de ejecución, abandonando el esquema de tres drogas para adoptar el uso exclusivo del pentobarbital —cambio que surgió de una revisión interna tras años de controversia sobre su método de inyección letal—.Días después del episodio, el jefe del sistema penitenciario de Tennessee presentó su renuncia, según informó AP.Un caso que reabre el debate global sobre la pena de muerteDe haber resultado efectiva, la ejecución de Pike habría sido la primera de una mujer en Tennessee en más de 200 años.En Estados Unidos, solo 18 mujeres fueron ejecutadas desde 1976, según el organismo. Su directora ejecutiva, Robin Maher, calificó lo ocurrido como “el peor caso que hemos visto y sin precedentes en la era moderna” de la pena capital, en declaraciones recogidas por The New York Times.Pike fue condenada a muerte por el asesinato de Colleen Slemmer, de 19 años, ocurrido en 1995. Ella y su novio golpearon, torturaron y mataron a Slemmer en un área remota del campus agrícola de la Universidad de Tennessee, en Knoxville. Fue declarada culpable de asesinato en primer grado en 1996.El jefe de derechos humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Volker Türk, instó a Tennessee a no realizar un nuevo intento de ejecución.“El caso de Christa Pike pone al descubierto múltiples razones por las que la pena de muerte debería ser abolida”, señaló su oficina.En el extremo opuesto, el presidente Donald Trump cuestionó cómo pudo fallar una ejecución y afirmó ante la prensa que “no debería ser muy difícil”.En un escrito paralelo ante la corte federal de apelaciones, la defensa reveló que, cuando intentaron detener el procedimiento una vez que este comenzó a salir mal, los abogados del estado argumentaron que el departamento de correcciones “no tenía obligación de brindar atención para salvar la vida” de la condenada, según informó AFP. 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