Van Gogh, Cézanne y otras joyas de la colección Blaquier Arrieta se subastarán el 18 de noviembre en Nueva York
Van Gogh, Cézanne y otras joyas de la colección Blaquier Arrieta se subastarán el 18 de noviembre en Nueva York

Un Van Gogh y un Cézanne que nunca se vieron en museos del país, pero que estuvieron aquí guardados a puertas cerradas por décadas, finalmente suben a la escena del arte internacional: Sotheby’s acaba de lanzar al mundo la noticia de que las joyas de la colección Blaquier Arrieta salen a la venta, con lujo de detalles.

El rumor que circuló a comienzos de agosto, y que LA NACION pudo confirmar hace veinte días con miembros de la familia, es la gran noticia del año. De integrar un tesoro privado guardado bajo siete llaves, las obras salen de gira por las sedes de la casa de subastas: se verán desde hoy en Londres, y luego viajan a Taipéi, Hong Kong y París, en busca de interesados. Finalmente, llegarán a Nueva York, para ser subastadas el 18 de noviembre con un título rimbombante, Legendary | The Blaquier-Arrieta Collection.

El monto total de la noche puede alcanzar USD 450 millones de dólares. Solo la obra excepcionalmente rara de Van Gogh aportaría US$ 180 millones. Y Arlequin, de Paul Cézanne, US$ 120 millones, por ser considerada entre “las pinturas más magníficas y enigmáticas de toda su obra”. Cien millones más suman las otras diez pinturas de Camille Pissarro, Pierre-Auguste Renoir, Edgar Degas, Claude Monet, Paul Gauguin, Alfred Sisley, André Derain, Henri de Toulouse-Lautrec y Maurice de Vlaminck. El conjunto recorre la evolución del impresionismo y el posimpresionismo, con obras de momentos cumbre en la carrera de sus autores.

Son pinturas que Nelly Arrieta y Carlos Pedro Blaquier fueron comprando a lo largo de la vida con fervor, y las cuidaron con celo. En los años setenta, viajaban cada año a Londres, cuando era posible encontrar joyas de este nivel aún a la venta. En la galería Lefevre de Bruton Street compraron siete de las doce obras maestras. Nelly vivía rodeada de estas obras millonarias, que adornaban su comedor. “La colección Blaquier Arrieta no parece una colección privada. Parece un pequeño museo, un Musée d’Orsay en miniatura que abre sus puertas por primera vez”, señala Simon Shaw, especialista de Sotheby’s.

Son rarezas que salen a un mercado donde los maestros ya están agotados: se conservan en los mayores museos de las capitales globales. Es el caso del Van Gogh y el Cézanne. “Son dos de las mejores obras que estos artistas hayan creado. Las pintaron con pocos años de diferencia y llevan medio siglo sin exhibirse”, señala Julian Dawes, otro especialista.

La pintura de Van Gogh fue realizada en Auvers-sur-Oise, en los dos últimos meses de vida. Châtaigniers en fleurs fue realizada en mayo de 1890, cuando el pintor estaba recién salido del psiquiátrico de Saint-Rémy y experimentó una oleada de optimismo y energía, inspirado por la “abundante y hermosa vegetación”, como escribió. En la composición destaca un enorme castaño en flor. Las pinceladas ricas y gestuales remiten a una de las obras más importantes del artista, La noche estrellada. Fue el período más intenso y expresivo de toda su carrera. Lleva sesenta años sin exhibirse, y su venta podría marcar un récord. Es uno de los ocho cuadros de la serie que quedan en manos privadas, y de ellos es el más grande y de mejor calidad. Antes de que lo compraran los Blaquier en 1975, integraba la colección de Harriet Harris-Jonas, que era tan célebre que el Metropolitan Museum of Art organizaba visitas a su departamento de la Quinta Avenida.

Arlequin forma parte de una serie sumamente rara de pinturas de arlequines que Cézanne realizó entre 1888 y 1890, con su hijo Paul, de 17 años, como modelo. El artista entonces tenía cincuenta años, y exploró la transición de la juventud hacia la madurez. Integra un grupo de quince pinturas de figuras de gran formato, realizadas entre 1888 y 1896, que representan la cumbre de su obra figurativa y, se guardan en los museos más importantes del mundo. La última del conjunto que salió a subasta, Los jugadores de cartas, fue adquirida por la colección nacional de Qatar en 2011 por US$ 250 millones, el precio más alto registrado hasta entonces para una obra de arte.

Esta obra de Renoir es la obra más importante del artista que haya llegado al mercado en más de veinte años

El Renoir también es una belleza. En bote (Una Joven en barca) es una escena de navegación pintada en el verano de 1877, año en que los impresionistas adoptaron ese nombre, con una estimación de US$ 25 a 35 millones. Es de la misma época en que pintó Baile en el Moulin de la Galette que se guarda en el Musée d’Orsay de París y se cree que la modelo podría ser la misma, Margot Legrand, una de sus favoritas. Con casi un metro de ancho, es la pintura más grande de Renoir de la década de 1870 y la obra más importante del artista que haya llegado al mercado en más de veinte años.

La pintura de Pissarro de 1898

Nunca antes subastada y sin exhibirse desde 1958, la pintura de Pissarro de 1898 La plaza del Théâtre-Français y la Avenida de la Opera, sol de una tarde de invierno está estimada entre US$ 30 y 40 millones. Pertenece a la célebre serie de vistas de París que realizó en la última década de su carrera, joyas del impresionismo. Desde la ventana de su habitación en el Grand Hôtel du Louvre, captó los efectos cambiantes de la luz y la atmósfera en los grandes bulevares del París rediseñado por el barón Haussmann.

En 1976, Monet pintaba vistas de ese “París espectacular”, solía decir, como este óleo titulado

Monet también miró a París. En un departamento en el quinto piso de la Rue de Rivoli, que le había prestado el gran mecenas Victor Chocquet, en 1876, Monet comenzó a apartar la mirada de los paisajes idílicos y la dirigió a aquellos mismos boulevares. El jardín de las Tullerías, una de sus célebres escenas impresionistas de París, forma parte de una serie de cuatro vistas pintadas ese año, y sale a la venta con un precio estimado entre US$ 15 y 20 millones.

En

Antes de la carrera, estimado entre US$ 20 y 30 millones, es el pastel ecuestre de Degas de mayor tamaño y más acabado que permanece en manos privadas. En él, el artista demuestra que fue uno de los grandes innovadores del pastel en la era moderna: las densas capas sucesivas revelan el brillo del pelaje de los caballos y los colores vivos de las sedas de los jinetes, al tiempo que crean sensación de profundidad, luz y atmósfera.

Estimada en US$ 10 a 15 millones, y fechada entre 1899 y 1901, Flores en una copa forma parte de un pequeño grupo de naturalezas muertas que Gauguin pintó durante sus últimos años en Tahití. Según el propio Gauguin, se inspiró en su “loca imaginación”. Fue la última vez que se dedicó a un género que durante mucho tiempo le había servido de laboratorio de color y la forma. “Representa las flores y los frutos del mismo modo que a las personas, con una frescura vívida y un encanto sensual; todo lo creado, animado o inanimado, forma parte de la naturaleza”, escribe el historiador Ingo F. Walther.

Barcos en el puerto de Collioure es un caleidoscopio de colores y pinceladas, y constituye una de las expresiones más emblemáticas de la visión fauvista de André Derain. Uno de los lienzos más atrevidos e innovadores del artista, creado durante el período que pasó en Collioure, en la costa mediterránea francesa, junto a su mentor y amigo Henri Matisse, en el verano de 1905.

Toulouse-Lautrec,

La venta incluye otra pintura fauvista precursora: la vibrante Naturaleza muerta con jarra azul, de Maurice de Vlaminck (1906–1907), que sale a subasta por primera vez y deja entrever el comienzo de su interés por Cézanne. También completan la colección el paisaje del primer impresionismo La Seine à Port-Marly, de Alfred Sisley, de 1873; la nevada Casa de Piette en Montfoucault, de Camille Pissarro, de 1875; y la obra de Toulouse-Lautrec Mujer sentada de perfil hacia la izquierda, de 1890. A partir de noviembre, quizá sea posible ver estas obras en algún museo del mundo.