Una revisión de colecciones científicas realizada por biólogos de Estados Unidos identificó a un cangrejo de río de Tennessee como el ejemplar más grande conocido de Norteamérica.La investigación comenzó después de que Caitlin Bloomer, profesora adjunta de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, extrajera del barro de Kentucky a un gran cangrejo de río conocido como Crawzilla.“Pensé: ‘¡Sin duda he pescado el cangrejo de río más grande que jamás se haya visto!”, relató la investigadora. Sin embargo, un colega cuestionó esa impresión al asegurar que había capturado animales de mayor tamaño.A partir de ese intercambio, la investigadora convocó a biólogos y conservadores de museos de distintas partes del país para revisar los ejemplares disponibles, y los resultados fueron publicados en la revista Ecology.El mayor ejemplar fue hallado en TennesseeSegún el artículo divulgado en Phys.org, el equipo examinó colecciones científicas de individuos de arroyos con calibradores y seleccionó 20 individuos pertenecientes a 18 especies que superaban en tamaño a los demás registros revisados.La profesora destacó que fue el único cangrejo de río excavador de la lista, una característica que diferencia a esta especie por su capacidad de vivir en galerías subterráneas. “El mío no era el más grande, pero quedó entre los 20 primeros, así que estoy muy orgullosa”, afirmó.El primer lugar correspondió a un ejemplar procedente de Tennessee que integra la Colección de Astacología de la Universidad de West Liberty. La medición de 86,6 milímetros se tomó sin incluir cola, pinzas ni antenas. El animal fue recogido por el doctor Zac Loughman y estudiantes de esa institución hace 15 años.Zackary Graham, profesor asistente de biología de la universidad, señaló: “Sabía que teníamos cangrejos de río enormes en la Colección de Astacología de la Universidad de West Liberty, pero fue una sorpresa descubrir que teníamos los dos ejemplares más grandes conocidos de Norteamérica”.El cuerpo del ejemplar récord equivale al tamaño de una tarjetaGraham explicó que “su caparazón por sí solo tiene el tamaño de una tarjeta de crédito, y con la cola y las garras, alcanza casi el ancho de una hoja de cuaderno”. Y agregó: “Estos dos gigantes ahora se exhiben con orgullo en mi oficina, y se los muestro a prácticamente todo el que entra.”El registro también dio visibilidad a otras instituciones que resguardan ejemplares relevantes para el estudio: el Illinois Natural History Survey, parte del Prairie Research Institute de la Universidad de Illinois, aportó 6 de los 20 animales clasificados y el Museo Nacional de Historia Natural del Instituto Smithsonian reunió otros cuatro.La concentración de registros en estas colecciones permitió reunir datos que no habrían sido accesibles a partir de una sola salida de campo. El inventario aportó algunos de los primeros límites máximos de tamaño para estos crustáceos de agua dulce norteamericanos.A la vez, el hallazgo planteó nuevas preguntas sobre las razones por las que estos animales no alcanzan dimensiones mayores, pese a que en otras regiones del mundo existen especies de tamaño considerable.El tamaño tendría un límite fisiológicoLos investigadores observaron que los animales revisados parecían llegar a un máximo cercano a 80 milímetros de longitud corporal. Para determinar qué condiciona esa cifra, analizaron posibles vínculos con la latitud, el oxígeno disponible en el agua y el tipo de hábitat.“Todos parecían alcanzar un tamaño máximo de alrededor de 80 milímetros, pero no estábamos seguros de por qué, especialmente considerando que existen cangrejos de río enormes en otras partes del mundo”, explicó Bloomer.Esa ausencia de un patrón llevó al grupo a considerar que el límite podría estar relacionado con la fisiología de los ejemplares. En este caso, los especialistas plantean que el crecimiento máximo podría depender de la composición del exoesqueleto, la cubierta externa dura del crustáceo, o de características de su musculatura.La hipótesis requerirá estudios específicos para determinar qué mecanismo influye en el desarrollo corporal. “Este fue un caso en el que observamos algo inusual en el campo y nos inspiró una futura línea de investigación”, señaló.Los museos ayudan a resolver incógnitasLa profesora recordó que estos individuos son animales habituales en arroyos y otros ambientes de agua dulce de Norteamérica. Esa familiaridad contrasta con las incógnitas que persisten sobre aspectos básicos de su biología, incluida la dimensión que pueden alcanzar.“Cualquiera que haya ido a un arroyo de niño sabe lo que son los cangrejos de río”, dijo la científica. También destacó que personas adultas aún recuerdan haberlos capturado cuando eran pequeñas, una experiencia que suele despertar el interés por la vida acuática.El estudio fue posible por el análisis de las colecciones conservadas en museos e instituciones de investigación. Para Bloomer, esos archivos públicos permiten comparar organismos recolectados en distintos momentos y lugares, y resultan necesarios para responder preguntas científicas que permanecen abiertas sobre especies conocidas. Navegación de entradasVecinos de una localidad de California organizaron una campaña para frenar un proyecto minero cerca de zonas residenciales Qantas lanzará en 2028 el primer vuelo sin escala entre Australia y Nueva York