El Atlántico bate un récord de calma sin huracanes: cómo El Niño frena la temporada
El Atlántico bate un récord de calma sin huracanes: cómo El Niño frena la temporada

El Atlántico atraviesa una temporada sin huracanes: este sábado estableció el récord del período más prolongado sin una tormenta con vientos de 119 km/h (74 mph), el umbral a partir del cual se la clasifica como huracán, dentro de la era de observación satelital. No se prevé la aparición de uno al menos durante la próxima semana.

La actividad ciclónica acumulada equivale a apenas 7% de lo habitual a esta altura del año, de acuerdo con Phil Klotzbach, especialista de la Universidad Estatal de Colorado. Solo se formaron cinco tormentas tropicales, todas débiles y de corta duración.

Cinco especialistas explicaron a The Associated Press que El Niño, el calentamiento temporal de sectores del Pacífico ecuatorial, altera los patrones meteorológicos a escala global y genera en el Atlántico condiciones que dificultan el desarrollo de ciclones.

Las condiciones que frenan la formación de ciclones

El aire seco, el polvo de África, la falta de perturbaciones iniciales y un sistema de alta presión refuerzan el freno a los ciclones en el Atlántico (REUTERS/Mike Blake)

Las tormentas que intentan organizarse encuentran vientos que las desintegran, aire seco que reduce su energía y corrientes descendentes que aplastan su estructura. Kristen Corbosiero, profesora de ciencias atmosféricas de la Universidad de Albany, describió el escenario como una “triple devastación”.

“Es realmente asombroso lo inhóspito que es el Atlántico para cualquier cosa que pueda formar un ciclón tropical en este momento”, afirmó Kristen Corbosiero. “Cualquier cosa que intente formarse se enfrenta a una triple devastación”.

La cizalladura del viento es el principal freno: los vientos del este golpean los sistemas de tormentas a baja altitud, mientras las corrientes del oeste los empujan en la dirección contraria en niveles superiores. Esa diferencia rompe la circulación organizada que necesita un ciclón para fortalecerse.

Entre África y el Caribe, la franja donde suelen originarse las tormentas más potentes que avanzan hacia el oeste, la cizalladura supera en unos 74 km/h (45 mph) el nivel que un ciclón tropical puede resistir. Corbosiero sostuvo que se trata de una intensidad sin precedentes.

Brian McNoldy, experto en huracanes de la Universidad de Miami, resumió el efecto de esas corrientes: “Les cortan la cabeza antes incluso de que tengan una oportunidad”.

El aire seco, el polvo procedente de África, una menor cantidad de perturbaciones iniciales capaces de evolucionar hacia tormentas y un sistema de alta presión sobre el Atlántico, que empuja el aire hacia abajo e inhibe la convección, completan los efectos asociados con El Niño.

Por qué las aguas cálidas no impulsaron la temporada

Las temperaturas récord del océano no impulsaron la temporada de huracanes porque la actividad ciclónica depende del flujo de calor entre el mar y la atmósfera (NOAA vía AP)

La ausencia de ciclones ocurre pese a que los océanos del mundo mantuvieron temperaturas récord durante 100 días, una condición que suele favorecer a las tormentas. “Está azotando el Atlántico con fuerza. Es impresionante”, dijo Klotzbach. “Ni siquiera hemos tenido nada que se parezca a un huracán”.

Kerry Emanuel, profesor de meteorología del Instituto Tecnológico de Massachusetts, explicó que la temperatura del agua no determina por sí sola la intensidad de la temporada.

Los huracanes se alimentan del flujo de calor del océano hacia la atmósfera, por lo que importa la diferencia térmica entre ambos: cuanto menor es esa diferencia, menor es la actividad ciclónica.

El Atlántico se calienta con algunos meses de demora respecto de la atmósfera, que elevó rápidamente su temperatura durante El Niño. Emanuel advirtió que, cuando el fenómeno pierda fuerza el próximo año y el aire vuelva a valores normales, las aguas cálidas podrían persistir y aumentar las probabilidades de una temporada siguiente especialmente activa.

La actividad ciclónica en el Pacífico

La misma dinámica favorece al Pacífico oriental, donde hay más humedad y menor cizalladura. La actividad ciclónica de esa región casi duplica los niveles normales, mientras que en el Pacífico central se ubica cerca de 40% por encima de lo esperado.

En el Pacífico oriental se desarrollaron 16 tormentas con nombre y en el Pacífico central se registraron 20, frente a las cinco tormentas tropicales del Atlántico.

“Es una fiesta constante, una tras otra, en el Pacífico oriental”, afirmó Klotzbach. Hawái fue alcanzado por dos tormentas porque El Niño tiende a desplazar los ciclones más hacia el oeste que en otros años, según Corbosiero.

El Golfo de México es la única zona atlántica donde la cizalladura no se mantuvo elevada. Las tormentas que nacen allí suelen intensificarse más tarde en la temporada, por lo que Corbosiero y otros especialistas advirtieron que todavía podrían llegar sistemas fuertes a esa región.

La calma no elimina el riesgo de daños graves: el huracán Andrew, en 1992, comenzó tarde una temporada que luego tuvo un desenlace devastador.

Los meteorólogos habían anticipado meses atrás una actividad reducida en el Atlántico por El Niño, pero McNoldy admitió: “No creo que nadie previera que estaría tan tranquilo. Esto es realmente sorprendente”.