La muerte que involucró a Marcelo Tinelli: un primero de enero, una playa en Punta del Este, una amiga de su hija pérdida en el océano y un fotógrafo que dio su vida por salvarla

“Como un héroe, se fue como un héroe”.
(Marcelo Tinelli, Punta del Este, 2 de enero de 2023)

Gabriel Defelice podría cumplir, en breve, 66 años. Tenía 43, un montón de sueños por cumplir y un trabajo como fotógrafo de la revista Pronto -que recién había empezado- cuando perdió la vida en el primer día de ese verano en Punta del Este. Más que en la ciudad, en la playa que da a la casona donde por entonces descansaba Tinelli con su familia.

Murió dentro del agua, pero para los forenses no se ahogó: según ellos, sufrió un infarto a causa del esfuerzo que hizo por salir del mar y afectado, terriblemente, por el frío del agua del océano Atlántico que venció su resistencia. Se había metido sin dudar cuando una de las hijas del conductor, Micaela, Mica, en ese momento de 14, le avisó que una amiga suya, Clara, que se estaba dando un chapuzón, no podía volver por la trampa que le habían tendido las olas y la marea.

A pesar del peligro, Defelice no tuvo dudas. Dejó sobre la arena la cámara que llevaba en sus manos, se sacó el calzado y le gritó a la chica que se tranquilizara. Además, creen recordar quienes estaban allí, pidió que avisaran a otros mayores (Tinelli y su grupo de acompañantes) para que colaboraran en el rescate de la menor que atravesaba una crisis de nervios y pánico en el medio de un remolino de olas.

Defelice corrió sin pensar en el riesgo que estaba tomando y dio los mismos saltitos que da todo el mundo, incluso los guardavidas, cuando se meten al mar y necesitan sortear las primeras olas. En cuestión de segundos alcanzó la posición de la joven y adivrtió, como ella, que el agua estaba recontra picada. En cualquier playa argentina señalizada y con bañeros habría habido bandera roja, prohibición de baño, pero en terrenos privados eso queda, parece, a consideración de cada uno.

Llegó más gente. Todos a las apuradas. Todos desesperados. Todos a las corridas. Ellos, como pudieron, también a los gritos, también en medio de la locura, completaron el trabajo que había iniciado Gabriel y terminaron de rescatar a Clara. La sacaron, la tranqulizaron, le pidieron que se calmara, la llevaron hasta la orilla, la acostaron, le dijeron que iba a estar bien, que lo peor había pasado, que ya estaba, que la habían puesto a salvo.

A ese mar embravecido entró el fotógrafo Defelice para salvar a la amiga de la hija de Tinelli. No pudo salir. (Foto: Archivo Paparazzi)
Marcelo Tinelli, fotógrafo Defelice. (Foto: Archivo Paparazzi)
El operativo para trasladar los restos de Defelice incluyó un avión. (Foto: Archivo Paparazzi)

LA TRAGEDIA DE LA MANSION DE TINELLI, EN MARCHA

Pero cuando pensaron que la pesadilla había terminado escucharon algo que los dejó helados.

“Había alguien más, había un muchacho”.

Clara llegó a decir eso cuando recuperó la capacidad de hablar. Después siguió en shock, temblando, sollozando, abriendo y cerrando los ojos y las manos y los labios y rechinando sus dientes casi sin parar.

El que quedó en el agua fue Gabriel. Gabriel Defelice. 43 años, un mes en Pronto, por entonces, y hasta que fue desplazada por Paparazzi, la revista más vendida de la Argentina. Dicen que estaba contento con su nuevo empleo. También en esa época era difícil conseguirlo. Con algunas diferencias, era una Argentina parecida a la actual. Faltaba guita, faltaba trabajo, faltaban ilusiones.

Quedaban pocos meses para las elecciones que abrirían un ciclo, el de Néstor y Cristina Kirchner, que se dio en llamar, luego, “la década ganada” y que dividiría en dos a la sociedad argentina. El presidente era Eduardo Duhalde, que asumió la primera magistratura después de la renuncia de Fernando De La Rúa en diciembre de 2001 y de los fallidos intentos de Adolfo Rodríguez Saa, Eduardo Caamaño y Ramón Puerta -todos en un puñado de días- para sucederlo.

El ex intendente de Lomas de Zamora, ex vicepresidente de Menem y ex gobernador bonaerense completaba el mandato de quien le había ganado las elecciones dos años antes y se había ido cruzando la Plaza de Mayo en helicóptero mientras abajo la gente se mataba con la policía. Si algo faltaba eran buenos contratos, y De Felice había logrado uno interesante. No se iba a llenar de guita, pero iba a parar la olla seguro.

Una de las primeras misiones fue “cubrir la temporada de Punta del Este”. En esa época, los medios gráficos mandaban a sus mejores reporteros a instalarse en tres destinos: Mar Del Plata, Córdoba y Punta, donde una foto con Tinelli podía ser una tapa. Eran tiempos del Bailando y de ratings que rozaban los 30 puntos. A diferencia de ahora, Marcelo era todo poderoso, el rey de la tele. Casi un intocable. En la actualidad, en cambio, se le anima cualquiera.

Aquí recibieron a la amiga de Mica y constataron el deceso de Defelice. (Foto: Archivo Paparazzi)
Aquí recibieron a la amiga de Mica y constataron el deceso de Defelice. (Foto: Archivo Paparazzi)
Gabriel Defelice, el fotógrafo fallecido. (Foto: Archivo Paparazzi)
Gabriel Defelice, el fotógrafo fallecido. (Foto: Archivo Paparazzi)

LA FOTO DE TINELLI, EL OBJETO DE DESEO DE TODOS LOS QUE IBAN A SU MANSION ESTEÑA

Fotografiar al conductor no era algo sencillo. Salvo para asistir a eventos muy específicos, muy exclusivos y muy privados, era difícil que “bajara” a la ciudad. Se guarecía y se cuidaba de la exposición en su recontra mega famosa “mansión” o “chacra marítima” ubicada en una zona conocida como “La Boyita Petrolera”, muy lejos de toda “civilización”.

Era un lugar medio inhóspito y de difícil acceso. Nunca se entendió muy bien por qué Marcelo eligió una localización tan distante del “centro”. La casa era a todo trapo, pero para ir del “casco” a una cancha de fútbol, una de las actividades preferidas del conductor del Bailando, había que utilizar algún medio de transporte: los famosos cuatriciclos, por ejemplo. Así de grande era el terreno.

La desolación de Tinelli tras confirmarse la muerte de Gabriel Defelice. (Foto: Archivo Paparazzi)
La desolación de Tinelli tras confirmarse la muerte de Gabriel Defelice. (Foto: Archivo Paparazzi)

“Primero llama la atención, enseguida maravilla, pero al poco tiempo hincha las pelotas todo eso” se animaron a decir, tiempo después, algunos que en aquel momento de gloria le decían todo que sí al dios del rating de la televisión argentina. Para llegar a la playa pasaba lo mismo. Había cientos de metros de distancia y hacer semejante recorrido a pata era una actividad limitada a los valientes. O a los que no eran tan cercanos del “Cabezón” y no encontraban lugar en los vehículos.

Para enganchar a Tinelli de vacaciones no quedaba otra que ir hasta esa casa -hasta los alrededores de la casaona, porque nadie podía entrar- y hacer guardia, a ves durante horas, a veces días enteros, hasta que apareciera. Bancarse, sol, viento, calor, fresco o lo que tocara -incluso lluvias de distinta intensidad- esperando que el tipo se dignara a asomar la cabeza. Y guay con perder la oportunidad, porque era un drama.

Eso hizo Defelice, que venía de trabajar en Caras, el fatídico primer día de 2003. Tenía la cámara lista, el ojo agudo, el dedo preparado. Si había que gatillar, estaba dispuesto. Quería meter una buena foto para causar una buena primera impresión. Quería dejar satisfechos a los que habían confiado en él en un momento tan crítico -uno de los tantos- de la historia argentina.

En eso estaba cuando vio movimientos extraños y no dudó. La cámara fue al piso, el calzado quedó a un lado y se metió al mar. No fue lo último que hizo: de alguna manera, sigue vivo en quienes recuerdan aquel acto.

Tinelli en el velatorio a cuerpo presente del fotógrafo. (Foto: Archivo Paparazzi)
Tinelli en el velatorio a cuerpo presente del fotógrafo. (Foto: Archivo Paparazzi)

“Hace exactamente un mes, Gabriel Defelice, uno de los mejores fotógrafos del país- había comenzado a hacer producciones para Pronto. El 26 de diciembre viajó a Punta del Este a cubrir la temporada junto con dos compañeros. El 1ro de enero, a la tarde, salió con su cámara a hacer una recorrida por las playas de La Boyita, donde se encuentran las chacras de Tinelli, Repetto, Alan Faena y Valeria Mazza. Allí encontró a Micaela, la hija de Tinelli, pidiendo auxilio para su amiga Clara, de 13 años, que no podía salir del mar. Gabriel no dudó: tiró la cámara y se arrojó al agua para rescatarla. Clara logró salir del mar y Gabriel murió de un infarto”. Así presentó la noticia la revista Pronto.

Pasaron 23 años, pero nadie puede olvidar el primero de enero donde la vida de Marcelo Tinelli se topó con la tragedia.

Defelice fue velado en Buenos Aires y trasladado al cementerio de la Chacarita. (Foto: Archivo Paparazzi)
Defelice fue velado en Buenos Aires y trasladado al cementerio de la Chacarita. (Foto: Archivo Paparazzi)
Enero de 2003: La despedida de Pronto a su reportero.
Enero de 2003: La despedida de Pronto a su reportero.

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