La ambulancia a toda velocidad, abriéndose camino en el tránsito. En la mano izquierda de César Pierry, un vendaje improvisado cubre el lugar donde hasta hace minutos estaban sus dedos índice y pulgar, y parte de los huesos metacarpianos que también acaba de perder. El mayor sigue adherido por un débil hilo de piel. Sobre su mejilla derecha, su amigo Fernando Lúpiz le acomoda su pesado Movicom, uno los primeros celulares de la época.“¡Hola, mami! Quedate tranquila que no pasa nada —dice Pierry—. Hubo un problemita con un efecto especial y me lastimé un poquito la mano. Me llevan al hospital para curarme unas quemaduritas, pero nada más. Quedate tranquila, ¿sabés? No pasa nada. ¿A vos te parece que te estaría hablando por teléfono si me hubiera pasado algo grave? Quedate tranqui, ¡chau!”.A su lado, Fernando lo mira y no puede creer que su amigo hiciera, justo en ese momento, la mejor actuación de su vida.Lo que ninguno de los dos sabía es que también será la última.César Pierry y Fernando Lúpiz en Detective de señoras, su gran éxito en la televisión. (Archivo Paparazzi)Pasaron 34 años de la muerte de César Pierry y el recuerdo del actor vuelve cada vez que un accidente ocurre en un set de grabación. Es que antes de la muerte de Brandon Lee rodando El cuervo (en 1993), o del disparo de Alec Baldwin con un arma de utilería que mató a la directora de arte de Rust (en 2021), estuvo Pierry. Tenía 37 y disfrutaba de un momento de gran popularidad gracias a la serie Detective de Señoras, en Canal 13. Luego de esforzados 15 años de foguearse en musicales, en la tele y el teatro under, lo esperaba un futuro lleno de éxitos. Pero todo salió mal.A Pierry el destino en su faceta más trágica lo vino a buscar el 10 de julio de 1992 mientras grababa junto a Fernando Lúpiz, su amigo y hermano de la vida, Mi socio imposible, su gran salto a Telefe, el sueño para cualquier artista en esa época. Pero la comedia de acción nunca llegaría a estrenarse: fue cancelada tras el fatal desenlace que marcó a fuego al propio Lúpiz, al actor Ricardo Morán y a todos los que estuvieron aquel viernes de invierno en los estudios Sonotex, en Martínez. Ese día, una granada de utilería estalló en escena y le destrozó brutalmente la mano izquierda a Pierry, que había nacido en La Plata el 13 de mayo de 1955 y a quien llamaban Tilito.¿Qué fue lo que falló? Nadie lo sabe. Tampoco pudo explicarlo Eduardo Tom Cundom, el técnico experto en efectos especiales a cargo. Él siempre se mostró seguro y confiado de lo que hacía. Años más tarde, el actor Chelo Margal recordó un diálogo que escuchó mientras le retiraban el maquillaje al terminar la jornada de grabación.“A mí me dan un miedo estas cosas…”, comentó la maquilladora, al ver a Cundom manipular los elementos que desencadenarían la fatalidad. A lo que él le respondió, superado y canchero: ”¡No pasa nada!”.Unos minutos después, Margal salió del estudio, dobló la esquina y, mientras esperaba el colectivo para volver a casa, vio pasar a una ambulancia volando. El accidente ya había ocurrido.Eduardo “Tom” Cundom, el experto en efectos especiales que quedó marcado por siempre por el accidente de Pierry. (Archivo Paparazzi).EL ÚLTIMO ACTO DE CÉSAR PIERRYMás de tres décadas después, la secuencia de la explosión aún perturba, hiela la sangre. Son imágenes que durante años atormentaron a quienes lo sobrevivieron. “Tené cuidado con eso”, se escucha al personaje de Lúpiz advertirle a Pierry quien, de acuerdo al guion, toma la granada. “¿Y esto qué es?”, lo sigue César, que aparece en un plano cerrado, entre Lúpiz y Ricardo Morán.Ya sin el pasador de seguridad, la granada empieza a esparcir un humo blanco. En segundos, el desastre y la confusión: el dispositivo explota y los actores salen disparados, volando del cuadro. Retumba el grito de Pierry, que se queda dando vueltas frente a cámara, revoleando lo que había sido su mano y ahora es un manojo informe de carne quemada. “Parecía un herido de guerra”, dijeron quienes lo vieron llegar a la guardia del hospital.La última escena que se grabó de Mi socio imposible, segundos antes de la explosión de la granada de utilería que destrozó la mano de César Pierry (Archivo Paparazzi).(Captura de video e imagen mejorada con IA).Pero no fue la explosión lo que mató a Pierry. Lo que siguió a su desgarrador alarido de dolor y espanto, que quedó registrado en un video de archivo de unos 30 segundos, es todavía más angustiante, confuso y turbio.La muerte de César Pierry tardó 19 días.Empezó con esa inexplicable falla en los efectos especiales y terminó en un quirófano, el 29 de julio, cuando todo indicaba que el actor empezaba a dejar atrás el peor momento. Había perdido tres dedos y buena parte del soporte esquelético de su mano, pero había sobrevivido, y llevaba casi tres semanas peleando por salir adelante. Sus amigos y compañeros, convencidos de que pronto retornaría a las grabaciones, lo visitaban diariamente.Pese a la amputación parcial de su mano y tres operaciones en pocos días, César estaba de buen ánimo. En la cuarta cirugía de reconstrucción, luego de siete horas y media de intervención, Pierry falleció. Los médicos dijeron que su corazón no aguantó, que no hubo nada que hacer. Mencionaron el factor del estrés, se habló de una arritmia cardíaca, de un tromboembolismo pulmonar. Pero por detrás de la verdad oficial corrían otras versiones. En voz baja, en los pasillos, se hablaba de mala praxis. De que algo raro había pasado con la anestesia.EL MIEDO ANTES DE LA CUARTA OPERACIÓN“No tiene sentido lo que ocurrió. Estaba perfecto, evolucionando, muy contento, los padres muy esperanzados; anímicamente estaba muy muy bien… Yo no entiendo nada, pero cuatro operaciones en 20 días es mucho, ¿no?”, razonó Ricardo Morán con un periodista de ATC cuando llegó al hospital al enterarse de que Pierry había muerto.Según Morán, que al igual que Lúpiz apenas sufrió heridas leves con la explosión, a César se lo veía bien horas antes de someterse a otra cirugía. Otros sostienen lo contrario: que tenía miedo y presentía lo peor. “No quiero operarme otra vez, no me lleven al quirófano”, les habría dicho a sus amigos íntimos antes de que lo retiren de la habitación 76 a las 7.30 de la mañana, para entrar por última vez a la sala de operaciones.“Era como un toro, siempre iba con mucha fe al quirófano. Por eso me sorprendió que en la cuarta y última operación tuviera tanto miedo”, confesó Lúpiz, quien esa mañana había visto a su amigo temblando.César Pierry entró al quirófano del Hospital Británico en la mañana del 29 de julio para someterse a una cuarta cirugía de reconstrucción de su mano. Falleció esa tarde, tras siete horas y media tendido en la mesa de operaciones. (Archivo Paparazzi).“Hace 15 días que estamos al lado de César, en ningún momento corría peligro su vida”, se lo escuchó decir a Gustavo Yankelevich, gerente de programación de Telefe, visiblemente confundido y desconcertado tras la muerte del actor, que fue investigada por la Justicia como muerte dudosa. Hubo una junta médica, el juez hizo sus preguntas. Sin embargo, la causa no avanzó y nunca se determinaron responsabilidades penales. Las sospechas quedaron flotando en el aire y jamás se despejaron, ni para los padres del actor, ni para Lúpiz, ni para varios de sus amigos. “Tal vez el miedo, los nervios y el fuerte estrés que tenía el actor antes de la intervención hayan sido las causas del paro cardíaco que terminó con su vida”, sostuvo Carlos Zaidemberg, el cirujano que lo atendió. “El Hospital Británico no tuvo nada que ver con su muerte —insistió—. No hubo negligencia médica ni nada por el estilo. Fue un imponderable que no hay manera de prevenir”. Sus palabras no convencieron. “Yo antes jugaba al detective. Ahora voy a investigar hasta saber todo lo que pasó”, prometió Lúpiz.LA INVESTIGACIÓN DE FERNANDO LÚPIZ“Paro cardiorrespiratorio”, firmaron los forenses en el certificado de defunción, pero el gran amigo de Pierry no se quedó con esa versión. Y averiguó otra cosa. “Me puse a investigar —relató el actor, tiempo después—. Me llegaban llamados anónimos y me iban contando. Las enfermeras y enfermeros me tenían cariño, fui a la morgue y me dieron el informe. Fue mala praxis de la anestesista. No puedo contar algunas cosas, pero en el vademécum decía que esa anestesia podía matar a personas y animales si se usa con continuidad”. En menos de 20 días, y en cuatro oportunidades, esa droga fluyó durante horas por el torrente sanguíneo de Pierry para intentar salvarle la mano.Lo que Lúpiz pudo reconstruir por quienes estuvieron allí es escalofriante. “César muere asfixiado porque estaba intubado y se despertó. Muere asfixiado, esa no la sabe casi nadie. Me lo comentaron por teléfono: estaba intubado, se despierta, se ahoga y se muere. Horrible”. “No quiero ni recordar el nombre de la anestesista, se ve que se llevó esa materia…”, agregó sobre lo que encontró en aquel documento legal de la morgue, que de todas maneras, no incidió en la investigación judicial sobre el desempeño del hospital, que terminó eximido de culpa penal y arregló una indemnización para los padres de Pierry. “200 mil dólares le dieron a la familia. Pero una vida no vale 200 mil dólares”, lamentó Lúpiz. Archivo Paparazzi.El actor que luego se haría famoso interpretando a El Zorro recién empezó a divulgar esta impactante información décadas más tarde. El trauma que le dejó el accidente fue terrible. Para Lúpiz, lo que pasó con su amigo fue “una lotería” y fue a él a quien “le tocó vivir”. “Tuve partes de César Pierry en mi cara. Logré superarlo con mucho análisis: sentía hasta el olor de su carne, que tenía incrustada en mi cara”, detalló en más de una oportunidad al dar cuenta del horror. La imagen del accidente volvía una y otra vez, porque la mostraban en televisión.Fernando estuvo ahí, al igual que Morán, pero se salvó. A Lúpiz le quedó clavada una esquirla en el pecho, cerca del corazón. “La esquirla me la saca el médico que lo operó (a Pierry), con una pinza, en el velorio en la Asociación Argentina de Actores”, recordaría.Morán falleció en 2015 y al co-protagonista de Detective de Señoras aún le duele repasar lo que vivió mientras grababan el cuarto episodio de Mi socio imposible. Él interpretaba a un doble de riesgo especialista en efectos especiales y el personaje de César era su mejor amigo, ajeno a ese mundo de aventuras.Era la primera vez que usaban esa granada en el set y no había por qué dudar. “Nosotros confiábamos mucho en quien había hecho los artefactos porque nos había cuidado durante dos años. Pero a la persona que dejó a cargo, no se sabe si se le cayó una gaseosa arriba de eso, y se mojó la pólvora. No sabemos si fue así. Obviamente que todo fue sin querer”, consideró Lúpiz.Nadie sabe, nadie entiende, no hay respuestas. Ni entonces, ni ahora. Eduardo Cundom, que llevaba años en el rubro, en infinidad de comerciales, películas como Highlander II y Exterminators, y tiras como Detective de Señoras y Brigada Cola, no pudo borrar su desgraciada falla con César Pierry. En 2006, reconoció que lo que pasó aquel día “lo destruyó” y le dejó una enseñanza: que ningún efecto debe probarse por primera vez en el estudio. “Ese error me persigue”, aseguró.Hoy, 34 años después, la historia de César Pierry sigue resultando imposible de digerir, tanto como el primer día. Tal vez porque las tragedias que nacen de una cadena de hechos absurdamente desafortunados nos enfrentan a la explicación que, como humanos, más nos cuesta aceptar.Que a veces, muchas veces, las cosas no tienen sentido. IMÁGENES NO APTAS PARA PERSONAS IMPRESIONABLES:The post Una explosión en el set, cuatro operaciones y 34 años de preguntas sin respuesta: la absurda muerte del actor César Pierry appeared first on Revista Paparazzi. Navegación de entradas¡Se picó! Tensión al aire entre Yanina Latorre y Pampita: “Su eterna búsqueda es encontrar un tipo que no la cague”