Son estudiantes de la UBA y con su “invento” competirán en una competencia internacional
Son estudiantes de la UBA y con su “invento” competirán en una competencia internacional

Se llama “Suipacha 901” y ya está listo para salir a pista. Su carrocería azul, los grandes alerones, el sello con las Islas Malvinas y la bandera argentina pintada sobre la parte posterior, componen la imagen más visible de un proyecto que, hasta hace pocos años, solo existía en la imaginación de un pequeño grupo de estudiantes.

Ahora el monoplaza es una realidad. Fue diseñado, desarrollado y construido por alumnos de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires y será el encargado de representar a la institución en la próxima edición de la Fórmula SAE Brasil, que se disputará entre el 29 de julio y el 2 de agosto en Tatuí, estado de San Pablo.

La Fórmula SAE es una competencia internacional de ingeniería universitaria organizada por SAE International donde los estudiantes diseñan, construyen y evalúan prototipos de autos de carrera. El objetivo principal no es la velocidad pura, sino demostrar la calidad del diseño técnico, la viabilidad de fabricación y los costos.

Compró un auto de un millón de dólares sin haberlo visto ni manejado

Esta participación marcará un hecho histórico: será la primera vez que una universidad pública argentina compita internacionalmente en este certamen universitario de ingeniería. El antecedente nacional corresponde al Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), que participó en 2017.

El proyecto lleva la firma de FIUBA Racing, una estructura que nació en octubre de 2022 por iniciativa de ocho estudiantes y que hoy reúne a unos 60 jóvenes de distintas disciplinas. Ingeniería Mecánica fue el punto de partida, pero con el crecimiento se incorporaron alumnos de Electrónica, Informática e Industrial, además de estudiantes de Diseño de Imagen y Sonido, y colaboradores en las áreas Marketing y Comunicación.

La organización funciona como una verdadera escudería. Cada área tiene responsabilidades específicas, objetivos técnicos y plazos de trabajo. No se trata únicamente de construir un vehículo capaz de acelerar, frenar y doblar: el equipo también debe desarrollar un modelo de negocio, calcular los costos de producción, defender sus decisiones de diseño y demostrar que el proyecto podría sostenerse como una empresa.

Del tablero al taller

El FIUBA Racing Team obtuvo el aval institucional de la Facultad en 2023. Un año después recibió un espacio propio dentro de la sede universitaria, que los estudiantes reacondicionaron y transformaron en taller. Hasta ese momento abundaban las ideas, los cálculos, las simulaciones y el entusiasmo, pero faltaban las herramientas y el lugar físico donde convertir todo eso en piezas.

La llegada del motor, adquirido inicialmente con recursos propios, permitió dar otro paso importante: calcular la transmisión, definir la relación entre piñón y corona y comenzar a diseñar en tres dimensiones su integración con el chasis. Después vendrían la admisión, el escape, la electrónica, la suspensión, la aerodinámica y cada uno de los sistemas necesarios para poner el vehículo en movimiento. Todo debía responder al reglamento de la Fórmula SAE y, al mismo tiempo, ser producido con los recursos disponibles.

El equipo de FIUBA Racing integrado por estudiantes de diferentes disciplinas de Ingeniería (foto de Gianna Lucchini)

“El desarrollo físico del auto no llegó al año, cuando hay equipos que demandan dos, tres o hasta cuatro años en lograrlo. Conformamos un gran equipo”, explicó Iñaki Celaya, uno de sus integrantes, durante la presentación oficial realizada en la sede de Paseo Colón.

La velocidad con la que avanzó la construcción no eliminó las dificultades. Buena parte del trabajo se realizó después de cursar, durante los fines de semana y en jornadas que se extendieron durante varias horas. El equipo debió conseguir herramientas, gestionar donaciones, fabricar componentes y generar acuerdos con empresas capaces de aportar conocimiento, materiales o financiación.

Entre los principales apoyos aparecen Prestige Auto, RUS Med Team, Racetec, SKF, Göttert y Zeziola, entre otras compañías que integran una nómina cercana a los 20 patrocinadores y colaboradores. YPF también realizó un aporte técnico mediante la provisión del combustible formulado con el porcentaje de etanol requerido para la competencia brasileña.

Algunos de los auspiciantes presentes en la estética del auto de FIUBA Racing (foto de Gianna Lucchini)

“El viaje y buena parte del proyecto fueron posibles gracias a los sponsors. También hubo un trabajo muy importante en redes sociales para mostrar lo que hacíamos y conseguir apoyos”, señalaron desde el equipo.

Cómo es el Suipacha 901

El monoplaza participa en la categoría destinada a vehículos con motor de combustión. Utiliza un propulsor bicilíndrico de cuatro tiempos y 649,3 cm³ derivado del utilizado por una motocicleta CFMoto 650MT. En esta configuración, el motor entrega aproximadamente 45 kW —algo más de 60 CV— a 8750 rpm y un torque máximo de 56 Nm a 7000 vueltas.

La estructura principal está formada por un chasis tubular de acero que incorpora protección contra vuelcos, refuerzos laterales y un atenuador de impactos. Las cuatro ruedas se encuentran fuera del eje longitudinal del vehículo y cuentan con suspensión independiente. El reglamento también determina una distancia mínima al suelo de 30 milímetros y una distancia entre ejes no inferior a 1525 milímetros.

El alerón albiceleste de monoplaza de FIUBA Racing (foto de Gianna Lucchini)

Otro de los puntos centrales del desarrollo fue la aerodinámica. Los estudiantes diseñaron alerones, difusores, canalizadores y distintos elementos de la carrocería mediante programas de simulación computacional. Sin contar con un túnel de viento, el equipo recurrió a herramientas digitales, pruebas experimentales y ensayos en pista para estudiar el recorrido del aire alrededor del vehículo. El objetivo fue mejorar el apoyo en curvas, la estabilidad durante las frenadas y el comportamiento general del auto.

“En nuestra opinión, el vehículo quedó muy bien, incluso con un rendimiento superior al que aspirábamos, especialmente en lo relacionado con el motor. Vimos que tiene muy buena potencia y los resultados de las primeras pruebas nos entusiasman”, afirmó Francisco Devereux.

Una competencia de ingeniería

La Fórmula SAE es organizada por la Society of Automotive Engineers, una entidad internacional con más de un siglo de historia dedicada al desarrollo de estándares técnicos para la industria. El certamen no solamente premia al auto más rápido, sino que evalúa el trabajo de los equipos en materia de diseño, fabricación, costos, gestión y viabilidad comercial. Cada instancia otorga puntos hasta alcanzar un máximo ideal de 1000 unidades.

Francisco Devereux, Iñaki Celaya, Mariana Dos Reis (foto de Gianna Lucchini)

Entre las evaluaciones estáticas se encuentran la presentación del proyecto, el análisis de costos y la defensa de las decisiones de ingeniería. Luego llegan las pruebas dinámicas, que incluyen aceleración, maniobrabilidad, eficiencia y resistencia. La más exigente es el Endurance, en el que el vehículo debe completar un recorrido de 22 kilómetros sin detenerse. Allí se analizan la confiabilidad, el rendimiento del motor, el consumo y la capacidad del auto para mantener un funcionamiento constante. La telemetría también ocupará un lugar importante.

El vehículo puede registrar y transmitir en tiempo real información sobre velocidad, aceleración, fuerzas G, presión de neumáticos y frenos, trabajo de la suspensión y posibles deformaciones del chasis. El cronograma comenzará con las verificaciones y pruebas estáticas. Solo después de superar esa instancia, el equipo quedará habilitado para afrontar los desafíos dinámicos.

El origen de un nombre

El nombre del monoplaza surgió de manera inesperada. Mientras buscaban un lugar para instalar el taller, los estudiantes encontraron un viejo cartel metálico entre máquinas y elementos abandonados dentro de la Facultad.

La chapa, oxidada por el paso del tiempo, llevaba la inscripción “Suipacha 901”, correspondiente a una dirección de la ciudad de Buenos Aires. El hallazgo resultó suficiente para bautizar el proyecto. Según la interpretación adoptada por el equipo, la palabra Suipacha combina los términos quechuas supay, asociado al diablo o a un espíritu, y pacha, que significa tierra. Esa interpretación también quedó representada en la identidad visual del equipo: el contorno del casco utilizado como logotipo termina en la forma de un cuerno.

Una experiencia que supera la pista

Para los estudiantes, el resultado no se mide únicamente en los tiempos que consiga el auto en Brasil. El proyecto también les permitió trasladar a la práctica conocimientos que hasta entonces habían estudiado en aulas, libros y programas de simulación. “Implica comprender de lo que uno es capaz. Es una forma de plasmar todo lo que se aprende en teoría, pero ver el auto terminado te hace entender que el límite está mucho más allá de lo que pensabas”, expresó Mariana Dos Reis, integrante del área de Electrónica.

El impacto del proyecto también se observa dentro de la propia Facultad. El espacio que anteriormente estaba en desuso se convirtió en un taller donde se diseñan piezas, se organizan tareas, se gestionan recursos y se toman decisiones colectivas. El objetivo es que la estructura sobreviva a quienes la iniciaron. Los integrantes actuales buscan dejar herramientas, documentación, conocimiento y una metodología de trabajo para que otros estudiantes puedan continuar el desarrollo, construir nuevos vehículos y perfeccionar el proyecto.

“Más allá de la competencia, queremos que sirva de inspiración para otros estudiantes, no solamente de esta Facultad, sino también de otras casas de estudio. No se trata únicamente de llevar este auto, sino de colaborar con la formación de nuevos ingenieros”, sostuvo Celaya.

La misma idea fue destacada por el decano de la FIUBA, ingeniero Alejandro Martínez, durante la presentación formal del monoplaza: “La ingeniería siempre resuelve problemas. Los ingenieros nos dedicamos a eso. Hoy, la ingeniería resolvió un sueño”.

Ingeniero Alejandro Martínez, Decano de la FIUBA en la ceremonia de presentación del auto de FIUBA Racing (foto de Gianna Lucchini)

Destino: Brasil

En la categoría destinada a vehículos con motor de combustión, FIUBA Racing será el único representante extranjero frente a los equipos de universidades brasileñas. Como establece el reglamento, los pilotos también deben ser estudiantes e integrantes del equipo. Los cuatro encargados de conducir el Suipacha 901 fueron seleccionados mediante un torneo interno realizado con simuladores en el que se evaluaron su velocidad, regularidad y capacidad de adaptación.

El desafío no termina en la puesta a punto. El equipo también afronta el esfuerzo de trasladar hasta el estado de San Pablo el monoplaza, las herramientas, los repuestos y todo el equipamiento necesario para afrontar cinco jornadas de evaluaciones técnicas y deportivas. Después de años de cálculos, simulaciones, reuniones y largas jornadas de taller, el Suipacha 901 está listo para representar a la universidad y al país. Sin embargo, sus integrantes aseguran que la participación en Brasil será apenas la primera etapa de un proyecto pensado para perdurar.

“La carrera comienza en 2026, pero para nosotros no hay línea de meta. Este es un proyecto que llegó para quedarse”, sostienen desde FIUBA Racing.