Un total de 13 niños de entre 10 y 13 años se intoxicaron la semana pasada en un campamento de verano de la YMCA en East Orange, Nueva Jersey, después de consumir chocolates que parecían golosinas y que, según la investigación policial, estaban mezclados con hongos alucinógenos.El caso quedó bajo pesquisa de la policía local y de la fiscalía del condado de Essex por el origen de la sustancia y la forma en que llegó a manos de un menor.La emergencia comenzó poco después de las 11 del jueves en la sede de North Arlington Avenue y William Street, cuando al menos 13 chicos dijeron sentirse mal. Los servicios médicos evaluaron a todos en el lugar y las autoridades informaron que estaban estables.Uno de los menores fue trasladado a un hospital por precaución debido a antecedentes médicos previos, de acuerdo con la policía de East Orange, citada por ABC7 y People. La fuerza también indicó que el menor sospechado de repartir el producto ya fue identificado y que, hasta ahora, no se presentaron cargos.Según The New York Times, otro campista del programa, destinado a chicos de 10 a 13 años, entregó los comestibles sin “conocimiento ni consentimiento” de la organización.Richard K. Gorab, vocero de la entidad y también identificado por otros medios como presidente y director ejecutivo de la Metropolitan YMCA of the Oranges, aseguró que el personal activó los protocolos de emergencia apenas advirtió una “reacción adversa” en los niños.La organización señaló que sus normas prohíben a los campistas compartir comida o refrigerios. Gorab añadió que “la seguridad de cada niño bajo nuestro cuidado es nuestra máxima prioridad”.La policía investiga cómo llegó la sustancia al campamentoLa jefa de la policía de East Orange, Phyllis L. Bindi afirmó en un comunicado difundido por NBC y otros medios, y reproducido por la prensa local, que los detectives realizan “una investigación exhaustiva para determinar exactamente qué ocurrió, cómo estos presuntos comestibles llegaron a la posesión de un menor y si se cometió algún delito”.La fiscalía del condado de Essex también abrió una investigación, según una portavoz del organismo. La policía agregó que el episodio debe servir como advertencia para que padres y tutores hablen con sus hijos sobre los riesgos de consumir alimentos, caramelos u otros productos de origen desconocido.Los padres describieron cuadros de alucinaciones, letargo y miedoDestany Yasmina contó ante el NYT que poco antes del mediodía del jueves recibió la noticia de que su hijo de 11 años había ingerido uno de los comestibles. La mujer explicó que el niño tiene varias afecciones médicas, entre ellas parálisis cerebral, epilepsia y ansiedad.Cuando llegó a la YMCA, dijo que encontró a su hijo casi en “psicosis” y temblando con intensidad. Recordó que el niño repetía: “No quiero morir, no quiero morir”.Yasmina relató que otros chicos que también habían consumido el producto se veían muy deshidratados y tenían los labios blancos. Definió la escena como “lo peor que tuve que ver”.Según su testimonio, los equipos de emergencia llevaron a su hijo al hospital porque su presión arterial se había disparado después de ingerir el comestible. Una vez allí, señaló, quedó claro que estaba alucinando de forma activa: miraba al techo y hablaba solo.El niño ya volvió a su casa, pero su ansiedad empeoró desde el episodio y su madre planeaba llevarlo al médico este lunes. Mientras que Cynthia Cunningham, otra madre entrevistada por ABC7, reveló que corrió al campamento después de enterarse de que su hija de 12 años había consumido parte de una barra de chocolate similar a una de Hershey’s.Cunningham señaló que su hija le contó que solo dio un mordisco y lo escupió cuando sintió un sabor extraño. Aun así, la vio muy afectada y decidió llevarla a un hospital.En declaraciones a la televisión local, Cunningham describió que la niña estaba “muy letárgica” y que todo lo hacía en “cámara lenta”. También comentó que, cuando llegó al lugar, los 13 chicos parecían “pequeños bebés zombis”.La hija de Cunningham recibió el alta ese mismo día, pero la madre resolvió no enviar de nuevo a sus hijas al campamento de East Orange, al que asistían desde hacía años. En lugar de eso, pasarán el resto del verano con su abuela en Fayetteville, Carolina del Norte.Cunningham, que vive en Wayne y trabaja como asistente en un refugio para personas sin hogar, definió todo lo ocurrido como un “desastre”. “Este es el cuidado infantil de la gente, para que puedan conservar sus trabajos”, sentenció. Navegación de entradasEl proyecto de supermercados de Nueva York ofrecerá un 30% de descuento en productos seleccionados Nvidia y OpenAI por un centro de datos: el acuerdo sería por 250.000 millones de dólares