En mayo de este año se conoció el formulario 13F de Berkshire Hathaway correspondiente al primer trimestre de 2026 y la noticia recorrió los portales financieros del mundo: el conglomerado que construyó Warren Buffett había triplicado su posición en Alphabet (la empresa madre de Google), hasta llevarla a unos 17.000 millones de dólares y convertirla en una de sus cinco mayores tenencias.No hizo falta esperar demasiado para ver la reacción de miles de inversores minoristas, que salieron a comprar Google con un razonamiento que parece de sentido común: si Berkshire compra, algo saben. Ese razonamiento, tan intuitivo como extendido, esconde una trampa que en esta columna intentaremos desarmar pieza por pieza: la falacia del seguidismo, es decir, la creencia de que replicar las compras de un inversor exitoso alcanza para obtener sus resultados. Conviene aclarar que no hablamos de una conducta marginal, sino de una práctica con industria propia: plataformas enteras dedicadas al “copy trading”, cuentas de redes sociales que viven de publicar “las últimas compras de Buffett” y hasta fondos que se promocionan como imitadores de los grandes gestores. El problema de fondo es que copiar la posición no es copiar la decisión, y esa diferencia, que a primera vista parece un matiz semántico, explica por qué el seguidismo termina mal en la mayoría de los casos. A continuación estudiaremos juntos 4 casos ilustrativos de la falacia del seguidismo. ¡Comencemos!El error de la ponderación: comprar lo mismo no es invertir igualCuando Berkshire compra Alphabet, esa posición representa una fracción acotada de un portafolio gigantesco que además incluye una montaña de liquidez (el mismo 13F mostró una posición de efectivo récord cercana a los 397.000 millones de dólares). El inversor que lee el titular suele hacer algo muy distinto: entusiasmado con la validación del “oráculo de Omaha“, destina a esa única acción el 40%, el 50% o el 60% de su cartera, convencido de que está haciendo lo mismo que el maestro.Lo que termina ocurriendo es que dos personas que compraron exactamente el mismo activo quedan expuestas a riesgos que no tienen nada que ver entre sí. Si la acción cae 20%, Berkshire registra una pérdida no realizada de alrededor del 1% de su portafolio total, un movimiento que sus gestores ni siquiera comentan, mientras que el seguidista con el 60% concentrado ve esfumarse el 12% de su patrimonio en cuestión de semanas. Entra en juego un factor de suma importancia para el éxito de las inversiones, que es la tolerancia emocional: las variaciones diarias que para el gestor original son apenas ruido estadístico, para el imitador se convierten en un tormento que tarde o temprano lo empuja a vender en el peor momento. Buffett mantiene porque compró un porcentaje prudente, y el seguidista vende porque, sin darse cuenta, lo que compró fue una angustia. La diferencia nunca estuvo en qué compraron sino en la cuantía en lo que lo hicieron. La correlación invisible: el mismo activo puede reducir o agregar riesgoHay un segundo error que resulta más difícil de detectar que el anterior, y justamente por eso hace más daño. Supongamos que un inversor lee que Ray Dalio, fundador de Bridgewater Associates y uno de los gestores más influyentes de las últimas décadas, tiene oro en su portafolio a través del ETF GLD, y sale a comprar GLD convencido de que está haciendo “lo mismo” que Dalio. La realidad de las finanzas marca que este es también un caso de la falacia del seguidismo, y entender por qué exige mirar el portafolio completo y no el activo suelto.Cuando Dalio incorpora oro lo hace pensando en el conjunto de su cartera. El oro tiene lo que en la jerga se llama un comportamiento de “beta neutro” respecto de las acciones: dicho en criollo, su precio no tiende a moverse en la misma dirección que la bolsa, y cuando las acciones caen el oro muchas veces se mantiene o incluso sube, porque los inversores lo buscan como refugio. Para un portafolio como el de Bridgewater, cargado de activos que sí se mueven juntos, agregar oro no suma riesgo sino que lo reduce, ya que las caídas de unos tienden a compensarse con la estabilidad del otro, y el rendimiento esperado del conjunto mejora sin que aumente la volatilidad total. El seguidista, en cambio, tiene un portafolio distinto, con otras piezas y otras correlaciones: quizás ya tiene mineras, o bonos atados a commodities, o directamente tiene tres activos y ninguna estructura de cobertura que el oro venga a complementar. En ese contexto, el mismo GLD que a Dalio le baja el riesgo a él se lo sube, porque le incorpora volatilidad sin el efecto compensador que justificaba la compra original. Acá aparece una de las verdades menos digeridas del mundo de las inversiones: ningún activo es bueno o malo en abstracto, sino en relación con el portafolio al que ingresa, de modo que copiar una pieza sin conocer el rompecabezas del otro equivale a jugar con las fichas equivocadas.Falsos calls: cuando el gurú te vende lo que dice comprarHasta acá venimos asumiendo buena fe del inversor imitado, pero ese supuesto no siempre se cumple, y las redes sociales ofrecen el mejor catálogo de ejemplos. Abundan los personajes que exhiben una vida de lujo (autos, viajes, relojes) supuestamente financiada con sus aciertos en acciones tecnológicas o criptomonedas, y que reparten recomendaciones de compra sobre empresas nuevas y poco conocidas con la generosidad de quien no cobra por el consejo.El mecanismo suele ser el inverso al declarado: el “gurú” acumuló posiciones en esos activos de baja liquidez antes de recomendarlos, y necesita compradores para poder salir a buen precio. Cada seguidor que compra por su “call” (recomendación) le está proveyendo, sin saberlo, la contraparte de su venta, de manera que el influencer se desprende de aquello a lo que ya no le ve recorrido y el seguidista termina siendo, literalmente, el comprador de la salida ajena. Para cuando el precio se desinfla y el seguidor pregunta qué pasó, el personaje ya está recomendando la siguiente joya. La asimetría de información, que en los mercados regulados se persigue como delito, en las redes circula disfrazada de contenido educativo gratuito.Pump and dump: la estafa con manual de instruccionesLa versión organizada y a escala de lo anterior se conoce como “pump and dump” (inflar y descartar), y vale la pena entender cómo opera porque se repite con una regularidad asombrosa. Todo arranca con un grupo coordinado que acumula en silencio un activo de baja capitalización y poco volumen (una acción marginal o, con muchísima frecuencia, una criptomoneda recién creada), donde compras relativamente chicas alcanzan para mover el precio. Con las posiciones ya armadas llega la etapa del “pump”: una campaña de promoción agresiva en redes, grupos de Telegram y foros, con supuestas noticias inminentes, gráficos que “están por explotar” y la urgencia de entrar antes de que sea tarde.El precio efectivamente sube, aunque no por fundamentos sino por la avalancha de compradores convocados, y esa misma suba valida la narrativa y atrae a más incautos, hasta que los organizadores ejecutan el “dump” y venden todo sobre esa demanda artificial. El precio se derrumba porque nunca hubo nada que lo sostuviera, y los últimos en entrar quedan atrapados con pérdidas que suelen superar el 80% o el 90%.El dato curioso es que el esquema tiene más de un siglo de historia (era práctica conocida en Wall Street antes de la crisis de 1930) y sigue funcionando, porque no explota una falla de los mercados sino una falla humana: la fantasía de que alguien ya hizo el trabajo de pensar por nosotros.ConclusiónDespués de este recorrido cabe preguntarse si el seguidismo puede funcionar de alguna manera, y la respuesta sorprendentemente es que sí, aunque bajo una condición que casi nadie cumple: hay que replicar la decisión completa y no la posición suelta. Eso significa copiar el activo, la ponderación exacta dentro del portafolio, el resto de la cartera que le da contexto, el horizonte temporal del gestor (esto es lo verdaderamente difícil) y su capacidad de sostener la posición cuando el mercado la castiga. Quien de verdad quiere los resultados de Buffett puede de hecho comprar directamente la acción de Berkshire Hathaway (que cotiza bajo el símbolo BRK/B en la bolsa de los EE.UU.), un vehículo que empaqueta el portafolio entero con sus ponderaciones, su liquidez y su temperamento incluidos. Para todo lo demás, la conclusión que deja este análisis apunta en otra dirección: los grandes inversores no son grandes por lo que compran sino por cómo deciden, y ese proceso de ponderar, correlacionar y dimensionar el riesgo propio es lo único que de verdad vale la pena imitar. La seguimos la próxima semana con más material de Finanzas Personales e Inversiones. Navegación de entradasLa balanza comercial registró un superávit de casi U$S 2.200 millones en junio 2026 impulsada por el agro y la industria