De la mano de Like a Virgin, su segundo álbum lanzado en 1984, Madonna se convirtió en una superestrella absoluta. Temas como “Like a Virgin”, “Material Girl”, “Angel” y “Dress You Up”, pero sobre todo su look rebelde aunque con mucho estilo (medias de red, encajes, pantalones capri sobre faldas con volados, tops muy sugerentes y cruces haciendo las veces de accesorios) erigieron a la llamada Reina del Pop en una figura por demás popular y atrayente, al tiempo que muchos de sus primeros fans comenzaron a imitar su particular modo de vestir.Sin embargo, en medio de esa ola imparable de elogios y comentarios por demás positivos, tampoco escasearon las voces que la tildaron de ser sólo una chica más entre las tantas que buscaban su lugar dentro del universo de la música pop.Decidida a hacer acallar aquellas críticas, a demostrar que lo suyo iba en serio y que su firme deseo era establecerse definitivamente en la escena, con 27 años Madonna Louise Verónica Ciccone, tal su nombre completo, ideó un plan que luego mantendría a lo largo de toda su carrera: escapar de la zona de confort, cambiar de un disco a otro, estar atenta a cada tendencia que surgiera para capitalizarla a su favor e ir siempre en búsqueda de algo nuevo y sorprendente.Para tal fin, y conformando un sólido equipo creativo junto a los productores Stephen Bray y Patrick Leonard, la artista nacida en Bay City se encargó de coescribir y coproducir los nueve temas que darían forma a su próximo trabajo discográfico. Inspirado y dedicado al actor Sean Penn, por entonces su esposo, su intención fue dar un notable paso hacia delante mediante una mayor madurez compositiva, dejando de lado los tonos agudos de antaño y apelando a un pop más refinado y sofisticado.Por aquel entonces, el propio Bray calificó al nuevo material de la intérprete de “Into the Groove” como “una celebración del romanticismo y de cómo sentirse apasionado por el amor”. En efecto, Madonna estaba profundamente enamorada de Penn al momento de dar vida a su próximo trabajo y buscó impregnar a sus más nóveles composiciones de ese instante singular y esa sensación tan especial.Sin alejarse del todo del dance pop que la catapultó a la cima y de los sonidos sintetizados, Madonna incorporaría estilos como el soul y el R&B, continuaría explorando en la cultura bailable de los clubes queer y se aproximaría a los ritmos latinos.La muestra más cabal de su nueva etapa creativa se dio entonces a través de “Live to Tell”, primer adelanto de su tercer álbum de estudio, que resultó ser una conmovedora y melancólica balada cuyo objetivo fue mostrarla como una artista más seria, emotiva, lejos del éxito efímero e instantáneo y con proyección hacia una dilatada carrera.“Papa Don’t Preach”, el segundo corte de difusión, posó su mirada sobre el embarazo adolescente, hecho que generó no poca controversia. En dicho tema, ella relata la historia de una joven asustada que le confiesa a su padre que está embarazada del bebé de su novio, pero que de todos modos y a pesar de los temores planea darlo a luz. Dado que muchas de sus fans eran niñas, ciertos grupos de padres mostraron su preocupación al respecto, considerando que la artista preferida de sus hijos podría estar promoviendo el embarazo a tan temprana edad. Curiosamente, y quizás por única vez en toda su trayectoria, ciertos grupos conservadores y representantes religiosos celebraron la canción como una implícita condena del aborto.En tanto, “La isla bonita” surgió como un guiño de Madonna hacia la música latina, un gesto que volvería a repetirse en futuras producciones discográficas. Finalmente, y después de muchísima expectativa y ansiedad, el 30 de junio de 1986 arribaría al mundo True Blue, el esperado tercer álbum de estudio de la cantante y compositora estadounidense que le permitió consolidarse como un indiscutido ícono global. True Blue no sólo significó un giro total en su imagen, su sonido y en el rumbo del pop mundial sino además una abierta declaración de empoderamiento femenino, estilo y evolución artística.Más sentimental, envalentonada y en completo control de su material y de lo que quería expresar en sus canciones, el álbum fue un éxito instantáneo en más de 28 países, entre ellos Alemania, Australia, Canadá, España, Estados Unidos, Francia, Italia y el Reino Unido, y dominó los charts internacionales a lo largo de varias semanas.Independientemente de la repercusión de las ya citadas “Live to Tell”, “Papa Don’t Preach” y “La isla bonita”, otras canciones como “True Blue”, “Open Your Heart” y “Where’s the Party” también generaron tema de conversación y marcaron la evolución de una artista que de ningún modo se conformaba con ser sólo una estrella pop.Obra del célebre fotógrafo Herb Ritts, la imagen de portada del álbum es una de las más icónicas y reconocibles de Madonna. En ella, se muestra el rostro de la cantante en primer plano, inclinando la cabeza hacia atrás como si fuera un cisne y luciendo un maquillaje pálido con los labios pintados de rojo. Por su parte, los colores predominantes fueron el gris, el blanco y varias tonalidades de azul, con el fin de enfatizar el título.Con más de 25 millones de copias vendidas en todo el planeta, True Blue impulsó a Madonna a un nuevo estatus dentro del firmamento musical, superándose incluso a si misma después de todo lo conseguido con Like a Virgin, su predecesor.En esta nueva oportunidad, la crítica fue unánime, elogiando su madurez en todo lo relacionado con el aspecto creativo. Cabe destacar también que a través de muchas decisiones implícitas y explícitas que se diseminaron no solo en las letras de los temas sino también en sus respectivos videoclips, Madonna apuntó su mirada crítica hacia los estereotipos de género, reafirmó el alter ego masculino al que había apelado desde principios de los años ochenta y provocó un poderoso impacto cultural.Para apoyar el lanzamiento del álbum, Madonna emprendió su primera gira mundial. De este modo, y a bordo del llamado “Who’s That Girl World Tour”, en 1987 visitó varias ciudades de Norteamérica, Europa y Asia.En la actualidad, y a 40 años de su edición, True Blue continúa siendo uno de los trabajos discográficos más influyentes y brillantes de la historia del pop. Se trata de un álbum que no sólo marcó una etapa esencial en el derrotero profesional de Madonna sino que también se convirtió en la puerta de acceso para que muchas otras artistas femeninas obtuvieran el impulso necesario y tomar así el completo control creativo de su música. Navegación de entradasEl joven Frankenstein: Mel Brooks, Gene Wilder y el rodaje más difícil y divertido de los 70 En qué canal pasan Francia vs. Suecia por el Mundial 2026 hoy