Con una botella de té en sus manos (con clavo de olor, jengibre y miel, entre otros ingredientes naturales) y envuelto en una bufanda para protegerse del frío de la ciudad, Osvaldo Laport (69) llega al Teatro Ópera para su encuentro con LA NACION e irradia calidez a su paso. Al momento de esta entrevista falta poco menos de una semana para el estreno de Billy Elliot, el espectáculo de Stephen Daldry -quien previamente dirigió la película- con música de Elton John que este miércoles 27 llega por primera vez a la Argentina.Osvaldo Laport como Jackie ElliotEl actor, que en realidad prefiere el término “trabajador del arte” para referirse a su profesión, interpreta a Jackie Elliot, el padre del protagonista; un minero viudo que vive en un pueblo al norte de Inglaterra y que, en medio de un contexto social agitado, deberá enfrentarse a sus propios prejuicios y miedos para aceptar las elecciones de su hijo, un niño que descubre, contra toda expectativa, que su destino no está en los pozos de carbón ni en el ring de boxeo sino en la danza.–Billy Elliot llega a una cartelera porteña donde los musicales tomaron protagonismo.-Exacto, creo que es importante manifestar o exteriorizar el abanico enorme de opciones teatrales que tiene la Argentina en este momento, sobre todo en un género como el musical, que hoy está encabezando la cartelera con grandes titulares, con grandes historias y, al mismo tiempo, acompañado con tanto talento.-Y donde los niños son una pieza fundamental del entramado.-A la complejidad del espectáculo se suma la complejidad de que son tres elencos diferentes de niños, más los reemplazantes, y hay que ensayar con cada uno de ellos [“con sus particularidades, sus diferentes formas de actuar, de entonar, de dar un pie”, como cuenta antes de la entrevista]. Todos son extraordinarios, grandes profesionales, y al mismo tiempo tienen una entrega, un respeto y un amor por lo que están haciendo que uno no debe hacer otra cosa más que acompañarlos. Ese es mi deber como trabajador en el arte; acompañarlos y seguir aprendiendo.-¿Qué se aprende de los más chicos? -¡Ahhh! [exclama y sonríe con ternura]. Me emociona. Se aprende, sobre todo, el respeto con el que ellos enfrentan y afrontan esta aventura en el arte y esta responsabilidad. Creo que hay uno solo, si no me equivoco, que es Mateo [Tognolotti], que ha tenido experiencia en otras comedias musicales [en Escuela de Rock y Matilda], pero el resto son todos debutantes, nunca se subieron al escenario. Imaginate la sensibilidad que tienen estos pibes. Uno de ellos, los otros días sintió cierta fragilidad en su salud y le dijeron de la producción que tenía que irse a descansar. Él no se quería ir y lloraba. Entonces, lo paré y le dije: “A mí me sucede lo mismo, relajá. Voy a cumplir 70 pirulos y tengo las mismas sensaciones que hoy estás viviendo tú y que te van a suceder siempre, así que relajá, calmá, tenés que estar bien para las funciones”.Los ensayos de Billy ElliotA Laport se le entrecorta la voz al contar otra anécdota del elenco infantil que refleja la pasión con la que los más chicos abordan este desafío. “Es fuerte, de verdad”, dice. Según relató, uno de los niños con el que interactúa durante la obra, que no tiene un personaje protagónico, le dijo a la coach que estaba a cargo que no se quería ir del escenario. Ella le decía que se quedara tranquilo, que iba a volver a entrar en el segundo acto. “Sí, pero yo quiero seguir”, recuerda Laport que respondió el menor. “Por eso hablo de respeto, de pasión, de amor”, destaca.-Como actor, ¿cómo se trabajan esos momentos de tanta sensibilidad arriba del escenario? -Es muy fuerte porque también tengo que encontrar ese equilibrio que está relacionado con lo técnico. Hay una canción que interpretamos con mi otro hijo [Tony Elliot, encarnado por Sacha Bercovich], que está extraordinario, y yo estoy tan conmovido, tan quebrado, pero a su vez tengo que intentar cantar. Son dos las canciones que tengo y las dos son durísimas. Cuando este padre descubre que se había equivocado y pide perdón es un momento muy emotivo; le está pidiendo perdón inclusive a su mujer, que ya no está.“Defender nuestra pasión”-Además del despliegue teatral y musical, Billy Elliot trasciende y conmueve por sus mensajes de libertad, de lucha por la identidad y la importancia de la comunidad, entre otros.-Es así, estamos conmovidos porque, más allá de ser un gran espectáculo teatral, el título Billy Elliot viene de una película emblemática que expone el comportamiento de los individuos, muchas veces erróneo por prejuicios, por mandatos, por estructuras, por ignorancia. La excusa de la historia es un grupo de mineros en una situación de total fragilidad como una huelga y una demanda por sus derechos al gobierno de ese momento, de Margaret Thatcher [aclara que en la versión teatral argentina se respeta todo eso], pero la historia de Billy Elliot cabe en cualquier contexto y uno se siente automáticamente identificado como público.-¿Por qué?-Porque nos empuja a animarnos a bucear y a defender nuestra pasión, esa pasión que está limitada por miedos, por tabúes, por prejuicios, por un destino, entre comillas. Entonces, nos empuja a animarnos a ver qué es lo que nos pasa, cómo vibra nuestra alma y entender que no debemos cortar las alas de quienes quieren volar. Porque, además, el mensaje de Billy Elliot es que este niño logra transformar a un pueblo, porque el pueblo es el que comparte y colabora para que él llegue a Londres y sea lo que después fue.-Son mensajes importantes en un contexto global de tanta violencia y odio.-Mirá, yo soy embajador de ACNUR [Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados], y me acabo de enterar que bombardearon un depósito de ayuda humanitaria en Ucrania. Se perdió más de 1 millón de dólares en elementos y alimentos que iban a la asistencia humanitaria. Ese es el comportamiento humano e insisto que todos los conflictos, todo lo que está relacionado con las guerras y las violencias, no es otra cosa que ignorancia pura que está relacionado con los egos y con los intereses que conllevan los egos.“Ninguno me cercenó”-La valentía de salirse del molde, ¿te lleva a recordar algún momento de tu vida, como cuando te animaste a venir a Buenos Aires para ser actor? En tu caso, tu familia te apoyó en tu profesión desde un principio.-Mis padres me acompañaron emocionalmente. Yo vengo de una familia muy humilde. Para que tengas una idea, crucé el charco a mis 18 años, en una época totalmente frágil socialmente hablando, época de dictadura, en el 76, y vine con un puñado de monedas que me habían juntado mis padres y un pasaje únicamente de ida que había conseguido mi hermano mayor, que era periodista en Uruguay, a través de un canje publicitario. Y traje conmigo una imagen de Cristo que había hecho mi otro hermano, que era escultor, y las lágrimas de mi hermana menor que no quería que me viniese. Pero ninguno me cercenó. Al contrario, todos me empujaron porque yo había escuchado mi alma.En ese momento, entre las butacas del Teatro Ópera donde transcurre esta entrevista, Laport cuenta que en su camarín tiene una foto “en blanco y negro” que lo acompaña en cada uno de sus trabajos. La misma se tomó desde arriba de un escenario durante un espectáculo teatral de su hermano mayor, “el periodista”, que hacía teatro vocacionalmente al igual que su padre. Allí, entre el público estaba él, adelante de todo, su otro hermano, “el escultor”, y sus padres, atrás de todo, detalla. “O sea, vengo de una familia con ciertas estructuras pero, al mismo tiempo, con una gran sensibilidad con lo artístico. Yo fui público de ellos y después ellos fueron público mío”, reflexiona.-Y hoy vos también sos público de tu hija y de tu mujer, que son actrices y cantantes.-Totalmente. Bueno, con Viviana nos conocimos estudiando teatro. O sea, era imposible que Jazmín, nuestra hija, se dedicara a otra cosa. ¡Mirá si iba a ser contadora pública! Ella también es una trabajadora del arte incansable. Y lo maravilloso de todo esto es que entendió sabiamente que debía cortar con ese lazo, con ese cordón umbilical no de los padres sino de lo relacionado con lo artístico. Dejar de ser “hija de” para que ella entendiera que debía hacer su camino, más allá de lo que uno pueda acompañar. Ahora está haciendo su camino como cantautora, actriz y productora.-Imagino que no fue fácil para ella.-Fue muy difícil entenderlo, pero es una piba muy sabia y lo logró desandar. Hoy está lanzando su trabajo musical, que se llama Qué caro es el tiempo, y habla justamente de eso.47 años de amor y nuevo hogar-Con Viviana, tu mujer, se muestran muy enamorados pero también muy auténticos: han hablado públicamente de sus crisis y sus reconciliaciones.-El 16 de mayo cumplimos 47 años juntos. Estamos en esta vuelta de página con un nuevo nido [se mudaron de su casa familiar de toda la vida, donde nació su hija Jazmín]. Me encanta ver feliz a mi mujer con lo que ella quería para esta nueva etapa en nuestro nuevo hogar. Ella dice que está feliz y a mí me hace feliz verla así. Entonces, yo estoy deseando tener más espacio para seguir pescando…-Pensé que ibas a decir más tiempo para estar con ella…-Bueno, una de las tranqueras que era de los caballos en nuestra casa anterior se convirtió en la cabecera de nuestra cama, quedó espectacular.-¿No te retó Viviana por eso? -No, nos agarramos fuerte [se ríe].-¿Qué más te llevaste?-Piedras, árboles, todo. Intenté llevarme los peces [tenían un estanque artificial], pero no pude. Estamos muy contentos con Viviana, muy felices. Nos sorprendió esta posibilidad. Fue de común acuerdo en charlas con Vivi, por supuesto, y Jazmín, si bien no vive con nosotros, acompañó en la patriada, sobre todo para este viejo que lloraba por los rincones.-Siempre acompañándose.-Siempre acompañándonos. Jazmín disfruta mucho de sus padres en esta aventura que es la vida. La felicidad no es eterna y no está en la continuidad sino en pequeños momentos, como también la no felicidad, en pequeños momentos. Siempre digo lo mismo, como filosofía de vida, y es que la vida tiene un solo objetivo, ya sea en mi relación como en todos los vínculos y en el trabajo: debemos acompañarnos y compartirnos.“Basta de ficciones violentas”-En el último tiempo te vimos haciendo musicales, desde Siddharta, en 2018, siguiendo con El Principito sinfónico, La Sirenita y ahora Billy Elliot. E, incluso, tiempo atrás lanzaste tus propios discos. ¿Cómo es tu conexión con la música?-Por eso yo menciono mucho esto de “trabajador del arte”, que está relacionado con el respeto a cualquiera de las expresiones del arte y de animarnos, como lo que veníamos diciendo, a escucharnos. No está relacionado con la especulación. Yo recuerdo una vez que logré traer a mis viejos a un estreno, fue el primer musical que hice, una versión musical de Camila O’Gorman. Estoy hablando de algo hace mil años. Y cuando terminó el estreno, que mis viejitos estaban en los pasillos abajo del escenario, donde están los camerinos, muy tímidamente contra la pared porque pasaban los colegas, y entonces fui y los abracé y mi viejo me dijo: “Negro, muy bien, puede dedicarse también a cantar”. Y yo creo que esos son los disparadores que también te animan a bucear dentro de uno.-No es que en ese momento te visualizabas en el género musical…-No. Sí tuve una infancia en la que mi viejo tenía una guitarrita y payaba, hacía folclore. Respeto mucho cada expresión del arte, creo que con la música lo puedo hacer y creo que cuando me convocan para el género comedia musical es porque tal vez lo puedo acompañar, pero también sé que tiene que ver con personajes que tienen un peso importante en la dramaturgia.-¿Cómo ves la televisión, que fue tu hogar durante más de tres décadas y hoy ya no produce ficción?-Hoy escuchaba a [Ricardo] Darín, que le preguntaron lo mismo y él contestó lo mismo que digo yo. Lamentablemente, no hay más televisión. Arengamos para que vuelva porque tiene que volver, pero está también relacionado con una etapa de subestimación al público donde [piensa mucho antes de hablar]… Hay que dar vuelta la página y entender que se puede ser creativo y escribir grandes historias que no están realizadas y ser pilar en una sociedad que necesita hoy acompañar nuestra identidad y está relacionado con lo inclusivo. Hay tanta ficción violenta de cárceles y de cosas que vos decís “basta”. ¿Por qué no hacemos historias cortitas, chiquitas, sin grandes parafernalias, y contamos historias de fragilidades y necesidades, de amor y de derechos para bregar por una sociedad más inclusiva [hace énfasis en esta palabra] y no tan violenta? Hay muchas historias sensibles, frágiles, de amor, que hay que contarlas y no se hacen. Con todo el respeto del mundo, porque no deja de ser fuente de laburo para muchos colegas, para muchos trabajadores. Pero, a la par, ¿no se pueden hacer historias fuera de las cárceles? Navegación de entradasUna marca de lujo lanzó un SUV y renovó a su sedán para competir fuerte en la Argentina Otro mundo