Tuvo que reinventarse y por la idea de una amiga que quería decorar tortas creó su emprendimiento: “Es la necesidad de embellecer”
Tuvo que reinventarse y por la idea de una amiga que quería decorar tortas creó su emprendimiento: “Es la necesidad de embellecer”

A veces las ideas más creativas no surgen de un plan, sino de un sacudón en la vida. A fines del 2024, Deborah Martin, de 40 años, se quedó sin empleo y tuvo que reinventarse. “Llevaba años de inestabilidad en el mundo audiovisual y de un día para el otro me quedé sin trabajo. La urgencia muchas veces es un motor. No tenía mucho margen para sostenerme a mí y a mi hijo, así que necesitaba armar algo propio y rápido”, rememora. Un día, en el calor de su hogar, comenzó a darle forma a unas delicadas velas artesanales de estilo culinario. Sin imaginarlo, sus creaciones con formas de cerezas, frutillas, limones, tomates reliquia, espárragos, alcauciles, quesos y hasta un pancito mignon causaron sensación en el mundo foodie. Incluso llamaron la atención de famosos y reconocidos chefs.

Hasta entonces, la vida de Deborah siempre estuvo ligada a la imagen y al sonido. Es una apasionada por los materiales, los procesos y los trucos detrás de escena. “Durante mis años en publicidad trabajé muy de cerca con utileros y sus mil trucos para lograr piezas que simulan ser otra cosa, como el hielo de los comerciales hecho con silicona. Esa experiencia fue clave”, reconoce la emprendedora. Ese universo, donde todo puede parecer otra cosa, terminó siendo la semilla del nuevo proyecto.

Sin imaginarlo, sus creaciones con formas de cerezas, frutillas, limones, tomates reliquia, espárragos, alcauciles, quesos y hasta un pancito mignon causaron sensación en el mundo foodieLas velas pasta mantienen el espíritu lúdico de la infancia

Los tomates son otras de las propuestas que sorprendieron en el universo gatronómico

Una amiga gastronómica y una idea que era un juego

El primer disparador llegó casi como un juego. Una amiga gastronómica, Agustina Santiago, le dijo que en pastelería ya no sabía qué inventar para decorar tortas y le sugirió algo simple: una vela con forma de cereza. “Siempre me interesó la estética en la comida, la idea de que comer también es mirar. No como platos sin color; la comida marrón no me atrae. Soy fanática de las tortas, así que imaginar esas primeras fotos fue natural. Después se convirtieron en mi primera campaña y, hasta hoy, siguen siendo la imagen de la marca”, cuenta sobre los primeros pasos del emprendimiento al que llamó “Fulgor”.

Nunca en su vida había realizado una vela. “Y creo que fue lo más divertido”, admite

Lo más curioso de esta historia es que nunca en su vida había realizado una vela. “Y creo que fue lo más divertido”, admite, entre risas. La cereza fue su primera creación, y aunque hoy sea su producto estrella, tuvo decenas de versiones fallidas. Probó con cera de soja, pero no funcionaba: se derretía rápidamente sobre la torta.

La torta con las velas cereza son las más pedidas

Finalmente, encontró en la cera de abeja una respuesta positiva. “Solidifica más rápido, no se mezcla con la comida y tiene mayor durabilidad”, detalla. El proceso de los moldes, fue el tramo más complejo de la producción. Sin experiencia previa, recurrió a pruebas, tutoriales y fórmulas de internet que muchas veces fallaban. “En este caso la vela está modelada a partir de cerezas reales, por lo que el proceso tuvo algo de estacional: tuve que esperar a encontrar fruta linda y del tamaño justo. Recorrí proveedores y mercados. Fue casi un trabajo de scouting”, dice. Con el tiempo, encontró proveedores y oficios transmitidos de mano en mano. Hoy valora muchísimo esa sabiduría. Luego, llegaron las velas con aroma real como el limón y la mandarina. También desarrolló los gajos de dicha fruta, naranjas y frutillas (otra favorita de las tortas de cumpleaños). Más tarde, llegó el turno de los tomates reliquia y otras verduras: alcaucil, espárragos, berenjenas, morrones, pimientos y pepinos, entre otros.

Más allá de frutas y verduras

Con las frutas y verduras consolidadas, Deborah continúo explorando su imaginación y se le ocurrió comenzar con velas de platos clásicos argentinos. Su primera colaboración fue junto a Lía La Cope: para una fecha Patria lanzaron el pastelito (de edición limitada). “A partir de esa experiencia empecé a pensar en la comida como un elemento de identidad. No es lo mismo un pastelito argentino que un fatay árabe: cada forma, cada receta, cuenta algo distinto”, considera.

Con una visión más

Después llegó el turno de la empanada de carne y el pan mignon, un ícono de la panadería nacional. “Esta es una vela que roza el absurdo: la podés camuflar en una panera y pasa desapercibida. Hay un juego constante entre lo real y la representación”, cuenta. En esta misma línea, desarrolló una porción de queso criollo que resultó un éxito y un mini sifón de soda, un clásico de la mesa de los argentinos. Una las últimas novedades fueron las pastas italianas: con forma de farfalle, rigatoni, fussili y penne. Las bautizó “La vela pasta”. “Me encanta lo tano, tan nuestro. Los fideos siempre traen algo de la infancia”, considera. Ese juego también se extiende al olfato, aunque con cuidado. Por ahora, solo algunas piezas llevan aroma. “Sería gracioso aromatizar una empanada, pero no quisiera tener olor a comida en el living todo los días”, dice entre risas. En la mayoría de los casos, prefiere respetar el perfume natural de la cera de abeja con sus notas suaves a miel.

Las velas empanda se mezclan entre bebidas y otras comidas

Todo comenzó en la cocina

Como muchos pequeños emprendimientos, el de Debieh comenzó en la cocina de su hogar. Durante un tiempo convivieron las ollas, moldes y pedidos con los juguetes de su hijo. Pero como el crecimiento del boca a boca fue rápido, decidió mudarse a un pintoresco taller en un garaje en el barrio de Caballito, en Luis Viale 1208. “Me parece muy divertido, y hasta un poco adolescente, tener un emprendimiento en un garaje. Muy Steve Jobs. Soñar no cuesta nada”, expresa. Hoy produce alrededor de 20 piezas por día, en un proceso completamente artesanal que incluye desde el filtrado de la cera, armado de los colores hasta el packaging que ella misma diseña. Algunas velas están modeladas a partir de objetos reales y otras surgen de exploraciones. Como la línea de pastas desarrollada con modelado 3D.

De la cocina al garaje: el crecimiento le permitió ubicar su taller en un espacio más grande

Entre sus productos estrella están las cerezas, las frutillas, los tomates, los alcauciles y las empanadas bien argentinas. En el proceso creativo también hubo lugar para algunas velas exóticas como la de un hongo con dos colores y pintitas blancas. “Había quedado muy bueno, pero me resulta inviable por el tiempo que lleva su producción”, admite, quien a diario piensa nuevas creaciones. “Me gustaría desarrollar una línea de velas aromáticas en frasco, para poder explorar más el trabajo con los aromas en relación a la gastronomía. Actualmente, mi enfoque está más puesto en las formas”, adelanta.

Sus velas, que muchas veces se confunden con comida real, llamaron la atención de chefs, pasteleros y personalidades del mundo del espectáculo. Desde el comienzo, Toti Quesada le abrió las puertas de Néctar. También tuvo la oportunidad de acompañar a Ximena Sáenz en Casa Sáenz, a Janu Rodríguez en Chez Janu, a Chiara Cocina en Orlaya, a Sol del Sol en Tauro, a Mena Duarte en Tita la Vedette y a Chiara Caversaschi en sus eventos. También llegaron a manos de figuras como Lali Espósito, Flor Torrente y Wanda Nara, quien utilizó las cerezas para la torta de su hija. “El año pasado participé en la decoración de la torta de la serie de Moria Casán, que pronto se verá en pantalla”, cuenta entusiasmada.

“La necesidad de embellecer”

Poder poner una llama sobre un alimento, solo por placer y ritual, me parece increíble. Tiene que ver con una calidad muy humana: la necesidad de embellecer”, cierra Debi

Pero más allá del reconocimiento, hay algo más profundo que la impulsa a seguir adelante. “Me emociona experimentar con materiales, formas y ser parte de una práctica con miles de años de historia”, dice. Para ella, el corazón de todo está puesto en el fuego, en esa llama que parece eterna. “Haber aprendido a controlarlo hasta el punto de poder poner una llama sobre un alimento, solo por placer y ritual, me parece increíble. Tiene que ver con una calidad muy humana: la necesidad de embellecer”, cierra. A futuro, sueña a lo grande: armar una fábrica con diferentes áreas dedicadas al desarrollo de materiales y diseño. También le encantaría inventar una máquina que permita imprimir directamente en cera. Mientras tanto, Fulgor sigue creciendo al calor de esa llama creativa que comenzó con una pequeña cereza.