“Hay un chiste sobre Cremona —la ciudad italiana que es cuna de las fábricas ilustres— que me encanta contar cuando hablo del violín”, respondía Maxim Vengerov, considerado por muchos el mejor violinista de la actualidad, en una entrevista con LA NACION. “El chiste es que todas las fábricas están en la misma calle. Primero Guadagnini con un cartel que dice: ‘Guadagnini fabrica el mejor violín del mundo’. Sigue la calle y aparece Guarneri: ‘Guarneri fabrica el mejor violín de esta ciudad’. Y al final, con un cartel chiquito, está Stradivari que dice: ‘Stradivari fabrica el mejor violín de esta calle’.” Por lo tanto, Maxim interpreta su arte en una de estas valiosas reliquias: el Stradivarius ex Kreutzer de 1727.Gracias a mi amiga María Noel —entusiasta melómana, artista plástica y fiel lectora de este matutino—, contaré, aunque apenas una minucia, la fantástica historia de quien adquirió el multimillonario Stradivarius para Maxim. Fascinada con el origen humilde de la benefactora y el hecho de haber sido abandonada como niña por su propia madre en Japón, María me acercó, el lunes pasado durante el concierto inaugural del Ciclo AURA en el Colón, la idea de ampliar el capítulo del instrumento y, con ella, el nombre de una enigmática mecenas: la condesa Yoko Nagae Ceschina.Corría el año 1960 cuando Yoko, una joven, bella y diminuta arpista japonesa, llegaba a Venecia para cumplir una beca del gobierno italiano en Benedetto Marcello, el célebre conservatorio de la Serenissima. Habituada a la ciudad de los canales, paseaba un día frío por la Piazza San Marco cuando, tras observarla mientras tomaba un café en el Florian (o tal vez en el mítico Caffè Quadri, uno, centro de la resistencia; el otro, de la dominación), un hombre desconocido se dirigió a ella. La invitó a entrar a la boutique más elegante de la galería y a elegir de obsequio una piel de abrigo. “¡La tienda es mía!”, le explicó el noble, veintiún años mayor que ella, al ser rechazado. Yoko no aceptó el regalo, pero quince años después, en 1977, haciendo realidad la fantasía del príncipe azul, aceptó casarse con él. La felicidad duró poco. Viuda del conde Renzo Ceschina, sola y sin hijos, heredó su fabulosa fortuna. Dejó de hacer música, guardó su colección de arpas (¡doce, entre ellas, una de oro regalada por el marido!) y dedicó el resto de su vida a sostener instituciones musicales, a construir salas de concierto, restaurar teatros de ópera, comprar instrumentos y ayudar a músicos como a Vengerov con el magnífico Stradivarius.Hasta allí la historia romántica. Sin embargo, lo que más llamó mi atención fue, no el testamento del conde italiano que adoraba a su geisha ni la beneficencia extraordinaria para con la música. Lo que despertó mi curiosidad fue el testamento (escondido) que la propia Yoko, en 2015 a los 82 años, dejó al morir.El destino del inmenso patrimonio de su esposo construido durante la guerra. El legado de cientos de millones de euros en propiedades lujosas como el Palazzo Barbarigo, en el Gran Canal, el único de Venecia decorado con mosaicos de cristales de Murano, el inmueble de incalculable valor donde se aloja el Caffè Quadri (aquel del flechazo del conde), decenas de hectáreas de tierras en Milán, casas, un parque de atracciones en Rimini y hasta un risco con una villa sobre la idílica costa de Sorrento. Y el último deseo: que sus cenizas fueran esparcidas en el lago más profundo del planeta… ¿A quién le fue legado? Al director de orquesta Valery Gergiev, la gran batuta rusa al servicio del “zar”, descubierto por los equipos de investigación de Alexei Navalny (líder opositor asesinado en 2024) como propietario en las sombras, albacea y único heredero de la filántropa.El último concierto de Gergiev en Italia tuvo lugar en La Scala de Milán, la noche previa a la invasión de Ucrania. Hoy, incondicionalmente ligado a Putin, Gergiev permanece indefinidamente “silenciado” en Europa. Navegación de entradasAriel Rot: el exilio en España, los problemas “de dinero y de faldas” con Andrés Calamaro y su relación con su famosa hermana ¿Traidora? Marcela Kloosterboer sorprendió con una extraña revelación futbolera: “Soy de Boca, pero fanática de…”