Priscila, 29 años, de Santa Fe, se fue de vacaciones con una amiga a Mar del Plata. Gustavo, 39 años, de Córdoba, también.Ninguno estaba en pareja y si bien no les disgustaba estar solos, lo cierto es que ambos sentían el deseo de encontrar a su alma gemela. Los veranos en la costa argentina son recuerdos de grupos adolescentes, amores de verano, citas fallidas, encuentros y desencuentros. Pero, ¿es posible en la adultez vivir un verano como adolescente?“Estábamos en frente y no nos reconocimos”Se conocieron en la playa. Gustavo usaba gorro y lentes de sol, Priscila pañuelo en la cabeza y también lentes de sol. Cada uno, con su grupo de amigos, formaron uno solo para charlar con el sonido del mar de fondo, montañitas de arena formadas por los pies en movimiento, risas, y una tarde diferente en el verano.Esa noche Priscila salió a comer con su amiga que se comenzó a sentir mal y prefirió volver al departamento a dormir. Gustavo le había mandado un mensaje con la dirección de la esquina donde se podían encontrar, Priscila le avisó que iría ella sola, y sin saberlo, Gustavo le pidió a sus amigos que no fueran para que pudiera salir solo con la mujer que lo había cautivado en la playa.“Fue muy gracioso porque estábamos en frente y no nos reconocimos sin gorra ni anteojos”, recuerda Priscila.Gustavo le dijo que al final sus amigos no querían salir, y le propuso ir al bar los dos solos. “A mi aún no me gustaba, en esa primera salida no estaba nerviosa, al contrario, la disfruté y me divertí bastante”, cuenta Priscila.En aquella noche Gustavo, sin dar vueltas, le dijo que él era casado y divorciado. Priscila respondió: “Lo importante es que no haya hijos de por medio”“No lo veo nunca más”Lo que parecía el comienzo de un amor de verano (¿o del año?), duraría poco: a Priscila le quedaban dos días de vacaciones. Los pasaron juntos en la playa y saliendo a la noche, a la salida de un bar se dieron su primer beso y vivieron dos días idílicos en la ciudad feliz.Priscila se volvió a Santa Fe y pensó, muy a su pesar, “no lo veo nunca más”. Es que Gustavo, que vivía en el sur de Córdoba, tenía que realizar dos combinaciones de ómnibus si quería llegar a Santa Fe, y la travesía de las dos provincias vecinas le demoraban 12 horas de viaje. “Ya está, ni se acuerda de mí, lo tomé como un amor de verano”, sentencia.Pero la tecnología vino para salvar la distancia física y durante dos meses mantuvieron contacto telefónico.Sin embargo, Gustavo, que había sido flechado por cupido y no podía ignorar lo que sentía, la sorprendió a Priscila avisando que el fin de semana tomaría las 12 horas de colectivo para tener una cita. Priscila no lo podía creer.“Esperaba seis horas en la noche en la terminal”Cuando uno está enamorado actúa de formas que solo quien conoce el amor verdadero puede entenderlas. Y ese era Gustavo: durante un año se subió a un ómnibus rumbo a Santa Fe y hacía combinación en Rosario. En una ocasión fue aquella ciudad el punto de encuentro y el lugar donde conoció a los hermanos y cuñados de Priscila. Pero el resto de las veces el destino final era el departamento de su amada en Santa Fe. “Cuando volvía para Córdoba esperaba seis horas en la noche en la terminal de Rosario tomando mate para pasar el frío en invierno porque su próximo cole salía a las seis de la mañana”, cuenta, con admiración, Priscila.Después del año el ritmo era insostenible, Gustavo propuso que Priscila se mudara con él al sur de Córdoba, ya que tenía casa propia y un trabajo fijo. Por su parte, Priscila alquilaba un departamento, era docente y cubría suplencias. Antes de mudarse, a fin de año, fue a conocer a la familia de Gustavo y al animarse a una nueva experiencia buscó trabajo y consiguió un puesto como docente. Todo se iba acomodando, y el camino estaba listo para desarrollar esa relación que en un futuro, con la llegada de los hijos, seguiría creciendo.Que se llevaran diez años de diferencia nunca fue un tema en la relación, “sí de vez en cuando me replanteaba el tema del divorcio, pero como no había hijos anteriores de por medio y la cuestión legal había terminado no tuvimos mayores inconvenientes”, admite Priscila que, a veces, pensaba en ese pasado de él.Gustavo tuvo una infancia estricta con su padre, Priscila es hija de padres liberales. Y cuando crecieron sus dos hijos se encontraron con la disyuntiva de que ambos venían de crianzas completamente diferentes y tenían que consensuar en cuanto a los límites para ellos, repensar la educación. pero también lograron el acuerdo. “Lo que destaca nuestra relación es el respeto por el otro y el querer algo intermedio para nuestros hijos”, sintetiza Priscila, enamorada.Si querés contarle tu historia a la Señorita Heart, escribile a corazones@lanacion.com.ar Navegación de entradasVictoria Beckham. Las mejores fotos del fabuloso cumpleaños número 80 de su padre en el Hotel Café Royal de Londres Gabriel Rolón, psicólogo: “Existe la felicidad siempre y cuando la pensemos en falta; capaz de abrazar todas mis ausencias, dolores y heridas”