Crecieron en un barrio sin computadoras y ahora trabajan en una tecnológica que exporta a Latinoamérica
Crecieron en un barrio sin computadoras y ahora trabajan en una tecnológica que exporta a Latinoamérica

Cuando abandonó la secundaria a los 18 años, Jonathan empezó a trabajar como albañil. “Era un trabajo pesado, que me exigía mucho al cuerpo. Quería progresar, pero me sentía perdido. No sabía qué hacer de mi vida“, cuenta. Pero todo cambió cuando le ofrecieron una oportunidad.

Jonathan creció en el barrio Benito Legerén, en Concordia, Entre Ríos. Vive con Abril, su pareja, y sus mellizos de un año y medio, Mateo y Elías. Comparten la casa de su mamá.

Desde hace siete meses, Abril, hoy de 23 años, y Jonathan, de 29 años, trabajan en Finnegans, una empresa argentina de tecnología que ofrece servicios en toda Latinoamérica. Ella está en el área de Cobranzas y él en Soporte Técnico. En diciembre de este año, ambos terminarán de cursar una tecnicatura en Desarrollo Web en la Universidad Nacional de Entre Ríos. Van a ser los primeros en sus familias en tener un título terciario.

“Me sentía estancado”

Tanto Abril como Jonathan crecieron en casas de piso de tierra, paredes de madera y techo de chapa. Para ir al baño tenían que salir de la casa e ir hasta una casilla ubicada en el fondo.

Abril compartía la habitación con sus seis hermanos y Jonathan con su mamá, su papá y sus tres hermanos. Sus casas tenían un solo ambiente que usaban como cocina, comedor y habitación a la vez.

Cuando cursaba la secundaria, Abril se levantaba a las nueve de la mañana y se iba a dormir a la una. El tiempo que no pasaba en el colegio, lo pasaba en su casa, ocupándose de sus hermanos menores. “Mi mamá estaba en casa, pero tenía que encargarse de los más chiquitos. Yo lavaba la ropa, la ayudaba con la cocina y hacía los mandados. El tiempo que pasaba en la escuela era como un respiro para mí, un alivio, porque era el único momento en el que no era responsable de otras personas”, cuenta.

Abril durante una clase de matemáticas como parte del programa +Oportunidades, de Volando Alto

Mientras estaba en la escuela, además de ocuparse de sus hermanos, Abril emprendía: tenía 12 años cuando hacía facturas y salía a venderlas por su barrio. Cuando terminó la secundaria, trabajó en la cosecha de arándanos.

Jonathan abandonó la secundaria en el último año y salió a trabajar: recién terminó la escuela con 25 años, yendo al turno noche. “Me costó animarme a ir de grande a terminar el colegio. Sentía que me iban a juzgar”, cuenta Jonathan. Empezó a trabajar como albañil a los 18.

“Después de un tiempo, empecé a sentirme estancado. Quería progresar un poco más, pero no podía proyectarme a futuro. No sabía ni siquiera si la semana siguiente iba a tener trabajo, porque el trabajo como albañil no es estable. Sabía que no quería seguir así toda mi vida”, cuenta Jonathan.

Su situación la comparten muchos chicos de los barrios vulnerables de Concordia. “Les cuesta mucho terminar la secundaria. Muchas veces no tienen plata para pagar el pasaje de colectivo para poder llegar a la escuela. Sus padres no terminaron la escuela tampoco, entonces no tienen una referencia, un ejemplo a seguir. Se atrasan mucho con los objetivos de aprendizaje y terminan abandonando la escuela”, explica Florencia Martínez, fundadora de la ONG Volando Alto.

Felicitas Silva y Florencia Martínez fundaron la ONG Volando Alto para trabajar con comunidades vulnerables de Concordia

En la Argentina, el 45,2% de los chicos de entre 13 y 17 años que viven en la indigencia y el 32,9% de los que están bajo la línea de la pobreza, no van a la escuela o lo hacen con sobreedad, de acuerdo a un informe que el Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la UCA elaboró para LA NACION.

“Tenían mucho potencial”

En 2023, Abril y Jonathan participaron del programa +Oportunidades, de Volando Alto. Se capacitaron en habilidades blandas y digitales. Sumaron conocimientos clave de matemáticas, lengua y pensamiento lógico. “Aprendí a expresarme, porque era una persona muy tímida y me costaba hablar”, cuenta Jonathan.

El programa también lo ayudó a descubrir su interés por la programación, que lo llevó a anotarse en Desarrollo Web. Antes de llegar a Volando Alto, Jonathan nunca había tenido la oportunidad de usar una computadora. “Veíamos que los dos tenían mucha capacidad, que tenían un potencial enorme que no estaba siendo explotado. Aprendían muy rápido y no faltaron ni una sola vez a clase”, cuenta Martínez.

Cuando terminaron, ambos decidieron anotarse a estudiar una tecnicatura en Desarrollo Web en la Universidad Nacional de Entre Ríos. Con mucho esfuerzo, Abril y Jonathan lograron comprarse una computadora para poder hacer la tecnicatura de manera virtual, mientras seguían trabajando.

Abril y Jonathan pudieron aprender habilidades digitales en la capacitación de Volando Alto

Cuando apenas llevaban un año cursando, llegaron sus mellizos, Mateo y Elías. Nacieron prematuros y tuvieron que pasar un mes en neonatología. Durante esos días, ambos se levantaban a las seis de la mañana: Abril viajaba una hora en colectivo hasta el hospital y Jonathan salía a trabajar como albañil. Cuando terminaba de trabajar, Jonathan iba al hospital junto a Abril para ver a sus hijos por un par de horas.

A las 9, ambos hacían el viaje de vuelta a su casa en colectivo. En ningún momento dejaron la tecnicatura: “Veíamos las clases grabadas en el colectivo, a la noche en casa, o el fin de semana. Fueron épocas muy difíciles. Lo único que nos motivaba a seguir adelante eran los chicos. Queremos un mejor futuro para ellos“, cuenta Jonathan. Abril recuerda las tardes que pasó en el hospital con los apuntes en la mano mientras estudiaba para los parciales.

“Lo mejor para nuestros hijos”

Jonathan trabaja por la mañana y Abril por la tarde: acomodaron así sus turnos de trabajo para que siempre uno pueda estar cuidando a los chicos. Su primer sueldo lo gastaron en cosas para ellos: una cuna, un cochecito, ropa.

Para Jonathan, empezar a trabajar en Finnegans fue un sueño cumplido. “Todos los días aprendo un montón. Lo que más me gusta es el equipo con el que trabajo. Me gustaría mucho quedarme en la empresa y seguir progresando”, dice Jonathan.

Hoy pueden pensar en un futuro distinto para sus hijos. “Nos beneficia mucho tener un trabajo fijo. Hoy tenemos obra social nosotros y los chicos. Siento que tenemos más estabilidad. Desde chica, yo siempre supe que estudiar era la manera de salir adelante, de cambiar mi realidad. Eso es lo que estoy haciendo ahora, me pone contenta”, dice Abril.

Quiero que ellos terminen la escuela, que prioricen el estudio y no tengan que dejar el colegio, como me pasó a mí. Quiero que no tengan que hacer los mismos trabajos que yo tuve que hacer”, dice Jonathan.

Más información

Vidas Desiguales

Esta nota forma parte de Vidas Desiguales, una iniciativa de Fundación LA NACION que busca promover oportunidades reales para adolescentes y jóvenes que crecen en contextos vulnerables.