Gael García Bernal y Natalia Oreiro: su química en el set, sus preocupaciones como padres y la constante búsqueda de la felicidad
Gael García Bernal y Natalia Oreiro: su química en el set, sus preocupaciones como padres y la constante búsqueda de la felicidad

A simple vista, Guillermo y Mechi no tienen demasiado en común. Él vive en México; ella, en la Argentina. Él ocupa un puesto jerárquico dentro de la empresa para la que trabajan; ella llega casi por azar a un viaje laboral que terminará cambiándoles la vida. Ambos están casados y arrastran vidas que ya no los representan: él está atrapado en un matrimonio rutinario bajo la presión de un suegro que parece manejarlo; ella, con un trabajo que no la identifica, un marido lleno de proyectos fallidos y una hija que la rechaza. Un supuesto temblor los cruza de madrugada en la playa y, entre risas y copas, nace una conexión tan inesperada como inevitable. Mientras la empresa para la que trabajan se hunde, entre ellos aparece algo que no estaban buscando, pero que no pueden ignorar. Esa es la premisa de Nada entre los dos, la nueva película de Gael García Bernal y Natalia Oreiro que llegará a los cines de la Argentina y Uruguay el 21 de mayo próximo.

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Es en esa catástrofe laboral donde surge una oportunidad para acompañarse y entender qué les está pasando a cada uno”, cuenta el actor mexicano sobre este proyecto que también lo tiene como productor. “Ambos coinciden en momentos personales o familiares complejos y bisagra de sus vidas y ahí es que encuentran un punto en común para compartir, para no sentirse tan solos en esta locura que está sucediendo en sus vidas laborales y también en sus vidas personales”, agrega, por su parte, la actriz y cantante uruguaya que se muestra muy feliz por compartir pantalla con el protagonista de éxitos como Amores perros, Y tu mamá también, Diarios de motocicleta y Babel.

Dirigida por Juan Taratuto y producida por Cimarrón, Concreto Films y Particular Crowd, esta película propone una mirada íntima sobre los vínculos, la crisis de la adultez y esas decisiones capaces de cambiarlo todo. En diálogo con LA NACION, García Bernal y Oreiro hablan sobre la química inmediata que encontraron trabajando juntos, las preguntas existenciales que atraviesan sus personajes y también, sobre sus propias búsquedas personales y el desafío de reinventarse en un mundo que —coinciden— cambia demasiado rápido.

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−¿Cómo fue entrar en el universo de Guillermo y Mechi? ¿Qué fue lo más interesante de interpretarlos?

Gael García Bernal: Por suerte nuestro trabajo nos deja experimentar, probar y encontrar sentido -o reinventar el sentido- de las cosas; dependiendo de lo que estemos haciendo. Siempre hay una aventura distinta con cada historia, como una ola que te arrastra y eso, a veces, es una desventaja porque uno se vuelve adicto a esa intensidad y a esas múltiples vidas que uno puede vivir. En este caso, los personajes que interpretamos son todo lo contrario a nosotros. Están en un camino de la ruta donde no saben qué sigue, por dónde está la búsqueda; pareciera que viven una vida adoptada. Entonces, creo que a los dos nos intrigaba mucho eso porque el mundo está tremendo en ese sentido. Nos interesaba ver cómo pensaban estos personajes y cómo enfrentaban esa búsqueda que da para una larga interpretación, para mucho juego y para diferentes hipótesis y posibilidades.

Natalia Oreiro: —Coincido con lo que dice Gael, creo que la vida es una hipótesis. Hay un cuento sufi (originario de la antigua Persia) que dice: “Todo puede ser para bien o todo puede ser para mal”. O sea, la misma situación depende de lo que elijas y eso le pasa a nuestros personajes y a nosotros, que somos actores. La diferencia es que nosotros vivimos muchas vidas dentro de una misma y, en el caso de Mechi y de Guillermo, hay una estructura de lo que se debe hacer. Al final del día creo que todos nos preguntamos si ese camino que elegimos hace un tiempo nos sigue representando y que pasaría si cambiamos de dirección. Y la elección que uno tome tiene cierta consecuencia, pero no es algo sellado o cerrado. Mechi se permite a su edad (que es la misma que tengo yo) sorprenderse con lo que le pasa con otra persona, sin haberlo buscado y es tan genuino que no puede ser mirado desde la moral. Ella siendo súperestructurada se permite disfrutarlo y experimentarlo aunque no continúe porque no es un amor romántico. Pero, a su vez, eso le permite encontrarse con ella y eso es muy genuino. Creo que esta película es muy cercana y muy verdadera porque le podría pasar a cualquier persona.

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−¿Les pasa esto de replantearse si esta vida, ya sea a nivel personal o profesional, los sigue representando?

Oreiro: —Todos los días. Todos los días me levanto y me pregunto si esto que elegí hoy me hace feliz. En mi caso, siendo una persona con mucha convicción y con ciertos ideales que traigo de mi infancia, todos los días cambio de opinión y me parece que eso es maravilloso porque todo depende con la luz que uno mire las cosas, desde que lugar. Siempre ponerse en los zapatos del otro te puede hacer cambiar algo que para vos era de determinada manera. Y eso creo que también tiene que ver con el crecimiento. Yo aprendí a ser mucho menos testaruda de lo que siempre fui porque me gusta no pensar siempre igual, me gusta sorprenderme.

−Esta es la primera vez que trabajan juntos, ¿Cómo fue compartir el set? ¿Es cierto que después de esta película surgió otro proyecto que volverá a reunirlos en pantalla?

García Bernal: −Sí, y las que habrá en el futuro que por ahí ya están escritas o no pero que están en nuestro destino (risas). Cuando trabajamos juntos fue tal la gozadera, nos llevamos tan bien… el conspirar juntos fue muy lindo. Así que es algo que me gustaría repetir con otros personajes y espero que sea muchas veces.

Oreiro: Está bueno lo de conspirar porque, al fin y al cabo, cuando uno tiene una historia y la quiere llevar adelante son tantas personas las que “son parte de” que uno siempre tiene que ir haciendo acuerdos por un lado y por el otro para que al final suceda. Nuestra profesión es muy divertida. Yo agradezco todos los días haber elegido esta vocación porque es maravillosa. Te hace conocer personas maravillosas, lugares espectaculares y otras vivencias que por ahí en lo personal uno no tendría la posibilidad.

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−¿Dónde se rodó la película: ¿en México o en Uruguay?

Oreiro: −Se rodó en Uruguay, pero transcurre en México.

Ah, nos engañaron muy bien…

Oreiro: —El cine tiene eso (risas). En Montevideo una vez se filmó Miami Beach; Uruguay da para mucho cinematográficamente (risas).

Natalia Oreiro y Gael García Bernal en una de las escenas de Nada entre los dos

−Entonces mi pregunta es para Gael: ¿Cómo fue instalarte en Uruguay durante el rodaje?

García Bernal: Fue hermoso. Uruguay es un paraíso increíble. Me encanta, siempre me la he pasado muy bien. De hecho, mi primera experiencia en cine cuando ya estaba convencido de que quería ser actor (porque hubo una época en donde todavía no encontraba ese haz de luz que me haga decir: “Quiero dedicarme al cine”) fue allí con un cortometraje de la Escuela de Cine de México (el CCC) y fue muy increíble. Fue una experiencia alucinante en un momento donde se hacía muy poquito en Uruguay. La gente es adorable y Natalia me dio muy buenos consejos de a dónde ir. Nos tocó rodar en época de Carnaval, así que eso fue un plus.

−La película habla sobre los vínculos, no solo los de pareja, sino también con los hijos… ¿Cómo son ustedes como padres y qué cosas los preocupan?

Oreiro: —Creo que uno aprende todos los días a ser ma-padre. Genuinamente uno quiere ser una buena guía, una persona que les dé herramientas para cuando ya no nos necesiten más; ese es nuestro amoroso trabajo. Poder formar adultos conscientes para un mundo difícil. Al menos en mi caso, intento no criar con miedos heredados. Creo que nuestra generación es más consciente de cosas que quizá nuestros padres (con todo su amor) no lo fueron. Yo fui madre a los 30 y algo. Entonces, fui una madre que deseó concretamente tener un hijo, no fue impuesto socialmente. Porque yo me case a los 24 y a esa edad mi madre ya nos tenía a mi hermana y a mí, pero eso a mí me dio una cierta ventaja porque yo ya era una mujer adulta. Obviamente me encontré con un montón de miedos personales que desconocía que tenía.

−¿Cómo es ser madre de un adolescente?

Oreiro: —Hoy, con un hijo de 14 años, me encuentro siendo una madre muy presente, con el gran desafío de entender qué es lo que él necesita de mí hoy y aprendiendo a soltar; algo que es tan importante para ellos y tan doloroso para una madre que quiere estar y no perderse nada. Cuando es chico, uno tiene miedo que le pase algo, que se caiga, que se lastime y ahora que está entrando en la adolescencia y saliendo al mundo, uno tiene que darle herramientas para afrontar ese mundo que cambia demasiado rápido. Lo más importante para mí es que pueda tener un pensamiento crítico sociopolítico y que aprenda a tener calle. A mí lo que más me importa es su inteligencia emocional y que sepa vivir las distintas realidades de la calle, que aprenda a elegir por él mismo y no por lo que yo o su padre le hemos dicho.

−En tu caso Gael, transitaste la paternidad en distintos momentos de tu vida… ¿Sentís que fuiste un padre diferente en cada ocasión?

García Bernal: −Hay tanto que se puede decir acerca de esto, tanta sed y tanta abundancia de certezas sobre cómo se tiene que hacer tal y tal cosa… Cada niño es un universo. Cada familia, cada contexto y cada momento es particular y casi irrepetible. Entonces, es muy loco. A veces creo que no le damos valor a lo que estamos haciendo bien sin darnos cuenta. Creo que uno de los componentes importantes es el cariño, que alguien en retrospectiva pueda decir: “Crecí en un contexto amoroso”. Realmente somos pocos los que podemos decir esto en este mundo. Yo por suerte lo puedo decir. Yo crecí en un entorno muy cariñoso, con todas sus fallas y sus cosas, pero me sentí muy querido desde niño y fue hermoso que el destino me haya dado la oportunidad de vivirlo de esa manera. Entonces, intento darle la vuelta a todo eso para poder llevarlo a cabo ahora que uno es padre. Hay una frase de una escritora española, Rosa Montero, que me gusta mucho. Ella dice: “Lo importante es darle las herramientas a los niños para que se puedan pagar de grandes la terapia” (risas). Creo que eso está bueno porque cada niño es un universo. A veces como padre me pierdo entendiéndolo y alucino con las múltiples posibilidades que hay.

El actor mexicano es padre de Libertad y Lázaro; fruto de su relación con Dolores Fonzi. En 2021, volvió a ser padre por tercera vez junto a su actual pareja Fernanda Aragonés

Tus hijos mayores, fruto de tu relación con Dolores Fonzi, viven acá en la Argentina, ¿Cómo son tus días en el país cuando venís a visitarlos?

García Bernal: −Yo vivo una vida muy pedestre en la Argentina entonces, al ser pedestre, no tengo mucho que compartir porque justamente es mi secreto (risas). Pero es una vida muy del cotidiano, del paso a paso, de salir, de entrar, de tomar el colectivo. Es muy bonito, me la paso muy bien. Cuando voy me concentro en ser padre y me divierto mucho, la verdad. Uno siempre tiene en la cabeza proyectos que están por suceder o cosas que uno desea. Entonces, estar en la Argentina es una oportunidad para descansar, encontrar inspiración y tomar vuelo.