El amor es una de las cuestiones que más desvela al ser humano, un enigma que vacila permanentemente entre el deseo de plenitud y el temor al abandono. A raíz de esto, suele buscarse en el vínculo afectivo una suerte de refugio o de garantía contra el sufrimiento. Sin embargo, en una reciente intervención en el programa Perros de la Calle por Urbana Play 104.3, el reconocido psicoanalista Gabriel Rolón propuso una mirada distinta: el amor no funciona como un escudo, sino como el momento en que decidimos bajar nuestras defensas.En ese sentido, el experto desarmó la idea del afecto como un territorio de seguridad absoluta para plantearlo como un acto de exposición. “Sin un cierto grado de vulnerabilidad, uno no puede amar ni ser amado”, expresó.Para el analista, la clave de un vínculo real reside en la capacidad de ser permeable. Según explicó, amar es un ejercicio de apertura que deja al ser humano a merced del otro. “Amar es volverse vulnerable y permitir, permitirse ser vulnerable ante un otro”, señaló Rolón. Bajo esta lógica, la invulnerabilidad es una barrera que, si bien protege, también aísla e impide que el sentimiento ajeno nos alcance de manera genuina.En otro punto, Rolón profundizó qué significa realmente esa vulnerabilidad en la vida cotidiana de una pareja. No se trata de una idea abstracta, sino de un impacto concreto en el estado de ánimo. El especialista describió esta dinámica de la siguiente manera: “Amar es permitirte ser vulnerable ante un otro que te dice algo y te gusta, que te dice algo y te duele, que te dice algo y te angustia, que te dice algo y te levanta el ánimo”.A su vez, el autor de Historias de diván puso el foco en el desafío que plantea esta nueva situación: aceptar que nuestra estabilidad emocional deje de depender exclusivamente de nosotros mismos para pasar a ser, en parte, compartida. “¿Por qué? Porque lo que vos estás es permeable. Ese es el desafío que te plantea esta situación: aceptar”, remarcó, al subrayar que la resistencia a ser afectados por el otro es, en el fondo, una resistencia a amar.Uno de los puntos más profundos de su reflexión fue la aceptación del dolor como una posibilidad intrínseca al afecto. El reconocido psicólogo no intentó suavizar la realidad del compromiso emocional; al contrario, advirtió que la misma persona que tiene la capacidad de hacernos felices es la que tiene el mayor poder de lastimarnos. “Nadie te puede lastimar tanto como la persona que amás y te ama”, sentenció, al dejar en claro que el peligro de salir herido es proporcional a la intensidad de la entrega.Sin embargo, el autor no propuso una entrega ciega o imprudente. El verdadero trabajo personal, según el analista, consiste en la capacidad de diferenciar. “Hay que trabajar para poder diferenciar con qué personas se puede ser vulnerable sin correr demasiado riesgo”, explicó, aunque fue tajante al aclarar que no existe tal cosa como la seguridad total en los vínculos: “No digo ninguno, porque riesgo hay siempre”. Navegación de entradasCuadernos de las coimas: periodistas y políticos se solidarizaron con Diego Cabot tras su declaración en el juicio Luis Ventura contó los oscuros motivos por los que cancelaron el programa de Karina Mazzocco: “Hace 2 años que…”