Las últimas horas de Luis Brandoni y su desolador cumpleaños en el hospital, cuando su familia ya sabía que el final era inevitable
Las últimas horas de Luis Brandoni y su desolador cumpleaños en el hospital, cuando su familia ya sabía que el final era inevitable

En El libro de los abrazos, el uruguayo Eduardo Galeano narra una historia de los indios shuar. Cuenta que a varios de ellos los vieron llorando sin consuelo, rodeando a una abuela moribunda. Alguien, que venía de otros destinos, preguntó desconcertado:
—¿Por qué lloran delante de ella, si todavía está viva?
—Para que sepa que la queremos mucho— contestaron quienes lloraban.

En el Sanatorio Güemes se dio una escena similar, pero alrededor de Luis Brandoni. El actor estaba internado allí desde el 11 de abril, cuando se cayó en su casa y se golpeó la cabeza, lo que le generó un hematoma subdural, esto es, una acumulación de sangre entre el cerebro y su cubierta exterior.

Aun cuando la obra que Brandoni encabezaba con Soledad Silveyra en el Teatro Liceo fue cancelada por toda la temporada, su cuadro parecía estable y el pronóstico era optimista: lo decían los médicos que lo atendían. Sin embargo, el miércoles 15 todo empeoró. Y empeoró demasiado. El viernes, su familia emitió un comunicado donde describieron un “cuadro delicado”. Apenas dos días más tarde, el actor —emblema del cine y el teatro argengino— murió, enlutando a todo el país.

Sus seres queridos —sus hijas, Micaela Florencia; su pareja, Saula Benavente; y los amigos más cercanos— ya sabían, porque así se lo habían informaco los médicos, que ya no había nada que hacer. Que el l final era inevitable, que el desenlace era irreversible. Y entonces decidieron montar una vigilia en el sanatorio para que Beto supiera que lo querían mucho. Nunca lo dejaron solo.

Así fue cómo el sábado 18 de abril, cuando Brandoni cumplió 86 años, sus familires y sus amigos íntimos estuvieron a su lado, rodéandolo, abrazándolo, acompañándolo, mimándolo; diciéndolo cuánto lo amaban, contándole que todo estaría bien, que se quedara tranquilo, que ya era mucho lo que había hecho por el arte, por la política, por su familia, por sus amigos, por sus compañeros, por el país. Que ya era mucho lo que había hecho por la vida. Porque Beto la disfrutó todo lo posible, sufriéndola cuando correspondía, gozándola cuando era oportuno. Beto la había honrado.

Y ya podía irse en paz. Era el momento.

BRANDONI CON SU ULTIMA PAREJA, LA ARTISTA PLASTICA SAULA BENAVENTE
Luis Brandoni con su última pareja, la artista plástica Saula Benavente.

Ahora descansá, Beto querido.
Gracias por todo, de corazón.
Te quisimos mucho, te recordaremos siempre.

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