De CEO de una multinacional a figura omnipresente en medios y debates políticos, Antonio Aracre construyó una trayectoria marcada por la exposición, las contradicciones discursivas y una constante reinvención de su perfil público y privado. Cuestionado por prácticas de pinkwashing y señalado por su extramada ambición mediática, hoy vuelve al centro de la escena en medio de la crisis comunicacional del gobierno, mientras su nombre circula como posible vocero y su figura sintetiza los cruces entre el poder económico, la política y el espectáculo. Leer más Navegación de entradasLa industria electrónica y de electrodomésticos, en crisis por el aumento en los costos de producción Boca e Independiente empataron en un clásico polémico y lleno de situaciones