Hay estadísticas que duelen y que, pasado el shock inicial, obligan a tomar una acción, o resignarse a ser parte de ellas a futuro. Según un informe realizado por la consultora Mercer junto a Banco Santander, la brecha entre el ingreso actual y el que se percibirá después de la jubilación es del 51% en el caso de las personas con salarios entre medios y altos. Es decir, una vez dejada atrás la etapa activa, el haber jubilatorio será la mitad que el último ingreso como trabajador. El problema incluso se amplifica en el caso de autónomos y monotributistas que, casi sin importar cuánto facturan mensualmente, recibirán una jubilación mínima o cercana a ella.La inflación en marzo se aceleró al 3% en la Ciudad por efecto de los combustibles, la luz, el agua y los colectivosLa jubilación máxima informada por Anses es de $2.560.000 para el mes de abril. La cuenta es fácil de hacer partiendo del ingreso actual de bolsillo.El fenómeno es multicausal: por un lado en la Argentina hay un tope a los aportes previsionales y, en consecuencia, al haber previsional. Por otro lado, la longevidad creciente, y la menor natalidad complejizan el panorama en todo el mundo. Según el análisis técnico de Mercer, consultora global de servicios profesionales, la Argentina enfrenta simultáneamente dos desafíos. El primero es una creciente brecha entre el ingreso activo y el ingreso en la jubilación, que plantea el desafío de sostener el bienestar financiero en una etapa de la vida cada vez más extensa.El segundo desafío es la longevidad como nueva dimensión de riesgo financiero. “La mayor expectativa de vida exige planificar no solo la acumulación de ahorro, sino también la ‘decumularización’, es decir el momento en que una persona empieza a usar o convertir su capital acumulado en ingresos periódicos para vivir durante su jubilación”, explica Dolores Liendo, Wealth Leader de Mercer, Liendo y subraya que el “tiempo” que una persona vive retirada es cada vez más largo.“El colapso de los sistemas de reparto en el mundo nos exige comprender que estamos ante un cambio de paradigma. A partir de ahora, cada uno de nosotros deberá asumir un rol activo en la construcción de nuestro futuro financiero. El viejo modelo colapsa por varios factores que se dan en simultáneo, entre ellos el demográfico”, analiza Flavio Castro, del equipo de Asset Management de Criteria. “La tasa de natalidad en el mundo cae -avanza- y esto hace que cada vez sean menos los aportantes al sistema y una mayor cantidad de beneficiarios en edad de retiro. En este contexto, la jubilación tal como la conocemos sólo alcanzará para cubrir un porcentaje magro de lo necesario para llevar una vida plena en el retiro”, asegura.Tener un planLa única manera de esquivar esta realidad es prepararse con tiempo, generar un ahorro específico de forma constante e invertirlo para apalancar los resultados. “La clave de un retiro sólido no reside únicamente en el monto invertido, sino en el aprovechamiento del horizonte temporal. El hábito de invertir de forma regular permite que el rendimiento trabaje a favor del ahorrista de manera exponencial, sentando las bases para una jubilación con autonomía”, explica Damián Vlassich, Team Leader de Estrategias de Inversión de IOL.Volatilidad global: mercados en rojo, oportunidades en verdeEl impacto de ese cambio de hábito puede ser significativo incluso con montos bajos de inversión. Vlassich aporta un ejemplo concreto: “Una persona que ahorra 100 dólares por mes durante 20 años acumularía alrededor de US$24.000. Sin embargo, si ese mismo dinero se invierte, el resultado puede ser muy distinto: con un rendimiento promedio del 4% anual, el capital acumulado con el mismo aporte mensual superaría los US$36.000, mientras que si se incorporan instrumentos con mayor potencial de crecimiento, como los que siguen índices internacionales como el S&P 500, el monto puede superar los US$52.000”. “La diferencia -dice- no está en el esfuerzo, sino en la estrategia”.“Si bien planificar el retiro puede resultar abrumador por la presencia de factores que escapan a nuestro control. La clave está en enfocar nuestros esfuerzos en aquellos aspectos que sí podemos manejar. Las reformas previsionales, los cambios regulatorios o los retornos del mercado están fuera de nuestro alcance. Otros, como la longevidad, pueden ser influenciados en parte mediante el cuidado de la salud. Pero el verdadero punto de partida está en tomar control de lo que sí depende de nosotros: maximizar el ahorro, gestionar los gastos y diseñar una estrategia de inversión diversificada”, analiza por su parte Castro de Criteria.El número objetivo, es decir la cifra que nos permitirá llegar a esa jubilación sin estrés financiero puede calcularse con una fórmula sencilla: La regla del 4%. Se aplica así: el ingreso mensual pretendido (por ejemplo la diferencia entre los que se contraria de jubilación y el ingreso actual), convertido a dólares y multiplicado por 12. Ese resultado se multiplica por 25 y se obtiene el capital que permitiría con una rentabilidad anual del 4% retirar todos los meses la cantidad de dinero estipulada. Por ejemplo: Para obtener todos los meses US$1000 de renta pasiva el cálculo sería: (1000 x12) x 25 = 300.000. Una tasa anual del 4% sobre ese monto acumulado equivale a una renta de US$12.000 anuales sin tocar el capital.La clave, para diagramar la estrategia es pensar a 20 o 30 años de plazo, mantener la consistencia en el aporte, y elegir una cartera de activos diversificada no solo por su tipología (renta fija o variable) sino también por sectores, monedas y países.“Una gestión adecuada del riesgo implica también diversificar internacionalmente la cartera. Esto es especialmente relevante considerando que tanto nuestros ingresos como el sistema previsional suelen estar atados al ciclo económico local. Diversificar el portafolio de ese ciclo es una forma de ganar resiliencia y ampliar las oportunidades de largo plazo”, advierte Castro.“Hay que combinar activos vinculados a mercados globales, como ETF o acciones de compañías líderes, con instrumentos de renta fija o fondos comunes de inversión que permite equilibrar crecimiento y estabilidad”, razona Vlassich de IOL pero aclara: “para quienes tienen un perfil más conservador o están dando sus primeros pasos, una alternativa es priorizar instrumentos de menor volatilidad, como fondos en dólares, bonos o estrategias que apunten a preservar el capital y generar rendimientos más estables en el tiempo”.Esta estrategia es también la que deberá prevalecer a medida que el horizonte se acorta. “Primero se busca crecer, luego equilibrar y, más cerca del retiro, proteger lo construido”, detalla Vlassich para quienes están diagramando su estrategia.En este sentido, la última etapa es la de “desacumular” y desde SAM, la fiduciaria de administración de planes de pensión de Santander Asset Management, Rodrigo Bermúdez, responsable del área, remarca que “los estudios de Mercer muestran que la mayor expectativa de vida exige planificar muy bien esta etapa en la que una persona empieza a usar o convertir su capital acumulado en ingresos para vivir durante su jubilación”.Para transformar el capital ahorrado en ingresos sostenibles para un retiro más largo, Bermúdez aconseja considerar cuatro puntos: inflación y preservación del poder adquisitivo, secuencia de retornos y volatilidad, necesidades crecientes de salud y cuidados, y liquidez en el largo plazo. 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