Laurence Debray (50) está encantada con el sol porteño. Mientras espera que su apretada agenda en Buenos Aires comience, la francesa aprovecha para estar un rato al sol. Es la segunda vez que llega a la Argentina: vino en 2019 para presentar Hija de revolucionarios (Anagrama), aquella dura autobiografía en la cual cuenta cómo fue su infancia, con padres militantes de izquierda y revolucionarios, y analiza desde su perspectiva acontecimientos como la Revolución cubana o el Mayo del 68, entre otros.Esta segunda visita tiene que ver con la gira de presentación de Reconciliación (Planeta), el libro de memorias del rey español Juan Carlos I (88) [desde que se lanzó al mercado, la publicación batió récords de ventas: en España, en los primeros cinco días, se vendieron 40 mil ejemplares]. Aunque su nombre no aparece en la portada, fue Laurence –que tiene un título en Historia y Literatura de La Sorbona– quien confeccionó esta biografía extraordinaria por donde se la vea: así como es inusual que un monarca cuente en primera persona los episodios de la historia que protagonizó, es infrecuente que un ghost writer promocione un libro.Con gran calidez y en perfecto castellano (vivió en España y pasó temporadas en Cuba y en Venezuela, de donde es oriunda su mamá), le dice a ¡HOLA! Argentina: “Estar un paso atrás no me molesta. Mis padres fueron como unas estrellas y siempre fui un poco la observadora, mirando todo lo que pasaba a mi alrededor. Además, mi posición es coherente con lo hablado con el Rey: yo lo ayudé a escribir este libro que es único –y que, por otra parte, será el único libro que vaya a escribir– y, como él prefirió no presentarlo, lo hago yo por él”.–A quienes saben que tus padres son Régis Debray y Elizabeth Burgos [el filósofo francés y la antropóloga venezolana fueron dos activos intelectuales marxistas que apoyaron las guerrillas latinoamericanas en los 60 y 70], les llama la atención tu gran admiración por la monarquía. –No estoy fascinada por la monarquía en sí. Pero sí me interesó ese rey y su destino. Me interesó como modelo político. Frente a la revolución de mis padres, este rey proponía otra vía política, una constructiva. Aunque después, su imagen cambió, me acuerdo de que todo lo que lo rodeaba era positivo. Si bien cometió errores en su vida personal –porque distingo entre la vida privada y la vida pública–, no cambié mi apreciación. En 2020, escribí una carta abierta [fue publicada en Le Figaro, de Francia, y en El Mundo, en España] diciendo que, si bien consideraba que el Rey había cometido errores, también había hecho muchas cosas buenas para España y que no se las estaban reconociendo.–En tu libro Hija de revolucionarios, contás que tenías un póster del Rey en tu habitación.–Cuando mi padre volvió a Francia y empezó a trabajar como consejero [de política exterior] para François Mitterrand [el socialista fue presidente desde 1981 hasta 1995], puso un póster de Mitterrand en mi cuarto. A mí, Mitterrand me parecía feo, antipático y, además, sentía que me había robado a mis padres, que siempre estaban con él, trabajando. Durante unas vacaciones que pasamos en España, justo cuando los socialistas llegaban al poder, me compré un póster de Las Meninas de Diego Velázquez y un póster del Rey, que me parecía mucho más guapo y simpático que Mitterrand. Y, además, acaba de salvar España del golpe de Estado. Era un héroe, ¿no?–¿Qué dijeron tus padres? –¡Fue un drama! No lo podían entender. Ellos fueron grandes intelectuales, pero también fueron muy radicales, muy duros. Mi padre pasó cinco años en la cárcel [en Bolivia, luego de la captura y muerte del Che Guevara]. En mi casa, todo estuvo muy politizado: estaba siempre llena de exiliados, gente desesperada y con su interior destruido. Yo vi el impacto de la ideología en la gente. En casa, tampoco se podían ver películas de Walt Disney, comer cereales o tomar Coca-Cola, como lo hacían mis amigos. Para imponer me, yo tenía que tener mis propios ídolos y valores.–¿Y qué pasó con el póster? -Se lo tuvieron que aguantar. De alguna manera, fue mi forma de rebelión. Soy hija única, y la historia de mis padres fue muy pesada para mí. Que me pusiera a estudiar Economía [en la London School of Economics y en la Escuela de Estudios Superiores de Comercio de París (HEC)] y que me dedicara a las finanzas en Nueva York también lo vivieron un poco como una traición. El colmo fue que me casé con un americano [con el profesor y consultor Emile Servan-Schreiber, hijo del periodista y político francés Jean-Jacques Servan-Schreiber, cercano a intelectuales como Albert Camus y Jean Paul Sartre, entre otros] y que mis dos hijos tengan la nacionalidad norteamericana.–¿Cómo fue instalarse por dos años en Abu Dabi con toda tu familia? Tu marido tiene sus actividades y tus hijos, Roxane (18) y Samuel (16), eran preadolescentes. –Empecé viajando cada tanto, pero no lográbamos avanzar con el trabajo. Fue el Rey quien sugirió que me instalara allí con mi familia. “Probemos”, me dijo. Fue una aventura. Fuimos al desierto con él y pasamos juntos la Navidad. Como las infantas [Elena y Cristina] van en Año Nuevo, en la Navidad, él estaba solo. Es brutal el contraste de imaginarlo en el palacio y rodeado de gente a verlo así, solo. Conozco esos subes y bajas: fui muy cercana a Mazarine Pingeot [la hija extramatrimonial de François Mitterrand y Anne Pingeot]; pasamos tiempo juntas, teníamos la misma edad. Cuando Mitterand salió del poder, estaba enfermo y solo. Cuando llegamos a Abu Dabi, mis hijos tenían 12 y 14 años. Si se quejaron, no los escuché. [Se ríe]. Y mi marido es una persona excepcional. Estamos juntos desde 2007 y, como pareja, respetamos aquello que es importante para el otro: si él quiere hacer algo profesionalmente y si tiene que viajar mucho, yo lo apoyo. Él sabía que este libro era importante para mí y que yo necesitaba que mi familia estuviera conmigo.–¿Es raro estar tan cerca de un rey? Algunos medios españoles dicen que sos casi como una Borbón más e, incluso, te han llamado ‘la quinta infanta’, después de las infantas Elena y Cristina, la infanta Margarita (hermana del rey Juan Carlos) y la infanta Sofía (la hija menor de los reyes Felipe y Letizia). ¿Qué dicen tus hijos? –Para mis hijos, él es parte de nuestra cotidianeidad: se han acostumbrado a comer juntos los domingos o a pasar con él sus cumpleaños. Es como un tío abuelo para ellos: quiere saber qué hacen, cómo les está yendo con sus estudios. Es como alguien de la familia que está muy pendiente de todos nosotros.–¿Él sabe que viniste a la Argentina? –¡Por supuesto! Cada dos o tres días, nos hablamos por WhastApp: “Bonjour, Majesté, je suis à Buenos Aires”, le dije; charlamos sobre la situación de los misiles en Abu Dabi. Aunque no ha querido participar ni en el lanzamiento ni en las giras de presentación del libro, sigue de cerca cómo le está yendo. Está contento por el interés que están despertando sus memorias. –Reconciliación, el nombre que eligieron para el libro, fue un título muy pensado: era fácil de pronunciar en francés, español e inglés. Y, además, alude al deseo del Rey de reconciliarse con su pasado, con su familia y con su país. ¿Pensás que, de alguna manera, esa reivindicación de su rol ya está empezando a suceder? –Para nosotros, este libro es un testimonio para la Historia. Es una autobiografía clásica: se armó por cronología y por temática. Tuvimos largas conversaciones que yo, después, transcribía y él corregía: él quería ser preciso con los detalles y con las palabras y, a la vez, ser fiel con su estilo. Hoy, el contexto político está complicado, pero pensamos que las próximas generaciones podrán encontrar su voz y su versión de los hechos en esas páginas.–Dicen que escribir un libro es una experiencia que te cambia. A vos, ¿qué te produjo gestar este libro? –Cuando, en 2020, el Rey me convocó, yo rechacé su propuesta: le dije que escribía mis propios libros y que, además, no me sentía capaz de escribir un libro para un rey. “Si yo confío en vos, ¿por qué vos no confiás en vos misma?”, me dijo. ¡Uff! Esas palabras me resonaron. Elegirme para hacer escribir sus memorias no sólo fue un gran honor para mí, sino que me dio algo que, a veces, siento que a las mujeres nos cuesta un poco: confianza. Como se dice ahora, me empoderó.Agradecimiento: La Mansión del Four Seasons Hotel Navegación de entradasQué se sabe de… El vestido prestado de Zendaya, la pasión de Anya Taylor-Joy por la Fórmula 1 y el hijo ganador de Arnold Schwarzenegger Trump y Netanyahu presionaron al régimen iraní antes de la fecha límite para la reapertura del estrecho de Ormuz