En el umbral del misterio: el universo simbólico, onírico e inquietante de Lily Salvo
En el umbral del misterio: el universo simbólico, onírico e inquietante de Lily Salvo

Lily Salvo (1928-2010) fue una gran artista de múltiples naciones: argentina, uruguaya, italiana… La vida la llevó por diferentes paisajes, donde reinó como una “diosa” del arte en los círculos culturales donde se movía. Su obra nunca fue vista en el país, hasta ahora que el Museo Nacional de Bellas Artes le dedica una exposición con grabados, dibujos, documentos y algunas pocas de sus fabulosas pinturas. “La obra de Salvo se despliega en un territorio donde lo simbólico, lo onírico y lo inquietante conviven con una profunda reflexión sobre la condición humana”, escribe María Florencia Galesio en el texto curatorial.

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Lily Salvo. En el umbral del misterio se inaugura el martes 7, cuenta con el apoyo del Ministerio de Cultura de Uruguay, el ministerio de cultura italiano y de la embajada argentina en Italia. A su vez, el catálogo de la exhibición cuenta con el acompañamiento de la Colección Balanz a través de Mecenazgo. Buena parte del archivo documental (cartas, dibujos, bocetos) será conservado por el Archivo IIAC, del Instituto de Investigación en Arte y Cultura Dr. Norberto Griffa de la UNTREF, que pronto lo recibirá en donación.

Detrás de todos estos movimientos está su familia, Andrés Neumann, su marido por veinte años, y su hija Mara Neumann, dueña de sus obras. Su nieta Helena Grompone hizo el video Yo no sé rezar, en su homenaje. Sofía Bresler se ocupa desde hace dos años del archivo, inventariado y curaduría de su obra gráfica: 4000 dibujos y grabados y más de cien cuadros. De Italia llegó una valija con 30 kilos de papeles y se sumaron tres pinturas que ya estaban en el país. El resto, que está en Italia en colecciones públicas y privadas, se ven en una gran pantalla.

“Una misión del museo es redescubrir artistas soslayados o con menos visibilidad. Lily Salvo entraba perfecto en ese carril, siendo una mujer del siglo XX, lo mismo que María Simón, Noemí Gerstein, Juana Heras Velasco, Mabel Rubli, Narcisa Hirsch. Nos gustó su obra, nos gustó su poética, y después también nos gustó el personaje, una mujer muy singular”, dice Andrés Duprat, director del museo.

Una vida fabulosa

Su vida fue fabulosa. Nació en La Plata, como Lily Juana Salvo Zorich, hija de Roberto Salvo, químico y amante de las artes, y de María Élida. Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Montevideo y en el taller de Joaquín Torres García, donde experimentó con el constructivismo antes de forjar un estilo personal, enfocado en la interpretación realista y emocional de sus sujetos.

“Mamá contaba que Torres García la alentó a que siguiera por su propio camino, sobre todo en los retratos. Era muy buena en eso -recuerda Mara-. No trabajaba con modelo vivo, sino que cortaba y guardaba fotos de revistas para inspirarse. Siempre encuentro sus modelos en las exposiciones de fotografía. Por ejemplo, hay muchos retratados que tomó de fotos de Man Ray”.

Fue precoz en todo. A los 14 años, su obra fue incluida en el Salón Nacional de Bellas Artes de Uruguay, lo que marcó el inicio de su carrera artística. A los 15, conoció al que sería su primer esposo, Antonio Grompone, con el que tuvo dos hijos, Bruno y Aldo.

Era “la diosa”: así la llamaban cuando reinaba en vida cultural de Montevideo en las décadas de 1950 y 1960, infaltable en el Café Sorocabana. Durante esos años, colaboró con el semanario Marcha y diseñó programas para el Cine Club Cinemateca de Montevideo, fundado por su primer esposo. En esta etapa, expuso colectivamente en Nueva York junto al grupo de Torres García.

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“Cuando nos conocimos, yo tenía 25 años y ella 40, y ya era conocida como ‘la diosa’. Era 1968. Era íntima amiga de Ernesto Sábato y hay un personaje con su nombre en Sobre héroes y tumbas. Lily iba siempre a Isla Negra para encontrarse con Neruda y se reunía también con Borges”, recuerda Neumann, su segundo esposo y gestor de la muestra. Entonces, era figura del teatro independiente, pero con el tiempo llegó a ser productor de giras internacionales de artistas de la talla de la bailarina y coreógrafa alemana Pina Bausch, los directores Tadeusz Kantor, Peter Brook e Ingmar Bergman, el Nobel de Literatura Dario Fo, las estrellas del cine italiano Vittorio Gassman y Marcello Mastroianni, entre otros.

La muestra de Lily Salvo en el Bellas Artes es fruto del trabajo de su marido por veinte años, Andrés Neumann, su hija Mara y su nieta Helena

Pero en 1972, poco antes del golpe de Estado en Uruguay, Andrés y Lily habían dejado a sus matrimonios anteriores, habían tenido a su hija Mara y, con ella de pocos meses, se tuvieron que exiliar en Europa. Lily dejó a sus dos hijos del primer matrimonio con el padre. “Primero viajamos a Nancy, Francia, porque yo tenía una beca del gobierno francés. Estuvimos dos años ahí haciendo una vida de estudiantes”, dice. Tiempos duros, sin sus hijos, sin plata y sin patria. Poco después, ya en Italia, un amigo advirtió a Lily que la policía la está buscando por haber realizado un cartel contra la dictadura uruguaya, expuesto en un festival de L’Unità, organizado por el Partido Comunista italiano, por lo que no pudo volver a Montevideo. Se instalaron por diez años en Florencia, para finalmente trasladarse a Roma, donde Neumann desplegó su labor teatral y Lily tuvo buenos galeristas romanos.

“Durante la dictadura, por 13 años, no volvimos a Uruguay. Para ella ha sido un sufrimiento horrible. Lily era mi maestra en todas las cosas de la vida, pero además tenía un coraje de león”, recuerda Neumann.

Era de trabajo lento y constante, en una vida siempre rodeada de gente interesante. “Fue una bendición que se separaran porque se dedicó mucho a la pintura los últimos 20 años. Le encantaba la literatura, la poesía, tenía un gran sentido del humor. Adoraba el Quijote”, recuerda Mara. “Ella dibujaba siempre. Yo recuerdo que estábamos esperando el médico y ella estaba haciendo retratos. Nadie se daba cuenta. Pero ella estaba siempre dibujando. Yo tenía la sensación de que ella veía la belleza siempre”, dice Mara.

En el 2001 murió el primogénito de Lily, Bruno, a los 48 años. Su larga enfermedad y su repentina muerte se colaban en sus pinturas. Lily falleció en Roma en el 2010 a los 82 años, y también hay presagios en su última pintura. “Fue una muerte de golpe. Ella estaba preparando una exposición. Andaba en bicicleta y subía los cuatro pisos por escalera hasta su casa. Hay cosas particulares, un poco mágicas. Su último cuadro se llamaba Aterrizaje sin aviso, donde una mujer está mirando a un ángel que baja. Y ella, antes de morirse, estaba trabajando sobre ese cuadro y lo había transformado una cosa toda negra. Yo sentí que era la muerte realmente, que aterrizó sin preaviso”, dice su hija.

“Ella era muy apreciada en Italia, pero al mismo tiempo era muy reservada. Es posible hacer esta muestra porque ella no está. Si ella estuviera, haría algo para que no funcionara. No le gustaba”, señala.

Siempre hay gente que viene y que va, algo está pasando en sus pinturas. “En sus obras resuenan ecos de las principales corrientes de fines del siglo XIX y de las vanguardias del siglo XX. Elementos del simbolismo, el expresionismo, el surrealismo y la pintura metafísica se entrelazan en composiciones donde el retrato adquiere un lugar central. En este género, Salvo exploró la complejidad del mundo femenino y la dimensión psicológica de sus personajes. Sus pinturas al óleo —a veces construidas con una materia densa, otras mediante transparencias delicadas— revelan una notable sensibilidad en el manejo de los recursos plásticos”, describe Galesio.

Figurines para el vestuario de la ópera contemporánea

La exposición se concentra especialmente en su obra gráfica y se organiza en tres núcleos: retratos y autorretratos, el cuerpo y la denuncia política. Se aprecia su maestría en el grabado —que comenzó en la ciudad de Lucca junto a Luis Camnitzer y Liliana Porter—, a través de técnicas como el aguafuerte y la aguatinta. También estaba emparentada con las artes escénicas. En Italia, fue vestuarista y escenógrafa, y colaboró con el coreógrafo belga Micha van Hoecke en un cruce entre las artes visuales y la danza contemporánea. Hizo escenografías y vestuarios para el repertorio lírico en algunos de los teatros más importantes de la península. En una vitrina, hay un conjunto de diseños realizados para la ópera contemporánea Lucía!, compuesta por Sergio Rendine y estrenada en el Teatro de San Carlo de Nápoles en 1987. Todo es exquisito.

Para agendar

Lily Salvo. En el umbral del misterio puede visitarse hasta el 10 de mayo en el segundo piso del Museo Nacional de Bellas Artes, de martes a viernes, de 11 a 19.30 (último ingreso), y los sábados y domingos, de 10 a 19.30.