BRASILIA.― Mariano Páez no necesitó más que unos segundos frente a un celular para dinamitar el clima de relativa calma que rodeaba el regreso de su hija a la Argentina. Apenas 24 horas después de que Agostina Páez aterrizara en la Argentina, tras dos meses de monitoreo electrónico en Río de Janeiro, su padre fue filmado en un bar de Santiago del Estero imitando los gestos de un mono, los mismos por los que su hija fue imputada por la justicia brasileña.El registro, que se viralizó con rapidez, fue recibido por la querella, la prensa y la política brasileña como una ofensa deliberada que enrarece la atmósfera previa a la sentencia de la joven influencer.La repercusión en redes sociales fue inmediata y escaló a los principales portales de noticias brasileños con un marcado tono de asombro y una fuerte crispación, que pone el foco en la actitud de la familia Páez tras la caída de las medidas cautelares que le prohibían a la joven salir de Brasil.El gesto racista del padre de Agostina PáezPara Tamara Fejolo, la abogada que defiende a tres de los denunciantes del episodio del 14 de enero en Ipanema, que originó el proceso por injuria racial contra Páez, la conducta del padre de Agostina es una afrenta que impacta directamente en la percepción del proceso judicial.En diálogo con LA NACIÓN, Fejolo buscó separar las aguas legales de la reacción social. La letrada fue contundente al expresar su posición respecto a la responsabilidad de la joven santiagueña: “Es importante dejar claro que Agostina no puede, bajo ninguna hipótesis, ser responsabilizada por actos de terceros”.Sin embargo, advirtió sobre las consecuencias del video en este contexto: “No obstante, la manifestación del padre en este momento sensible del proceso —especialmente tras el pedido de revocación de las medidas cautelares— acaba generando un impacto negativo en la percepción pública del caso”.Según la letrada, se trata de una actitud que “refuerza una imagen desfavorable, desviando el foco de los esfuerzos de defensa y del respeto que se espera ante la seriedad de las acusaciones”. El sentimiento que impera entre los trabajadores representados por la abogada es de una profunda “revuelta e impotencia”, dijo Fejolo.Pese a este clima de tensión, la querella confía en el rigor del sistema brasileño y en la figura del magistrado a cargo del proceso en primera instancia, Guilherme Duarte, del 37º tribunal penal de Río de Janeiro. “El juez es muy cauteloso y competente. Diría que en las próximas semanas tendremos la sentencia”, afirmó.La noticia del video en Santiago del Estero ocupó este viernes espacios centrales en la prensa brasileña, que subrayó la contradicción entre el regreso de la joven y la conducta de su progenitor.El portal Globo News tituló que, menos de 24 horas después de que la rea por racismo volviera a la Argentina, el padre fue filmado imitando a un mono. Por su parte, el diario O Globo destacó que el padre de la argentina fue “descubierto haciendo el mismo gesto en un video”. Asimismo, Folha de S. Paulo señaló en su portada principal que un video muestra al hombre repitiendo el gesto racista de su hija.Agostina busca desmarcarseDesde la otra vereda, la defensa técnica de Agostina Páez intenta levantar un muro que impida que los desbordes del padre contaminen el expediente de la hija. Carla Junqueira, la abogada que lidera la estrategia, fue categórica al intentar aislar a su clienta del video de Mariano Páez: “Ni ella ni mucho menos sus abogados podemos controlar o responsabilizarnos por las conductas de un tercero ajeno al proceso”. Esta postura busca proteger a la joven en la recta final del juicio, luego de que lograra quitarse la tobillera electrónica y regresar a la Argentina tras el pago de una caución de cerca de 18.800 dólares.Sin embargo, el efecto de las imágenes grabadas en el bar —donde Mariano Páez no solo imitó a un mono, sino que se jactó de ser un “empresario, millonario, usurero y narco privado”— ha dificultado el perfil que la defensa pretendía mantener.Agostina, por su parte, se vio obligada a publicar un descargo repudiando la actitud de su padre y calificando la situación de “horror” y de “pesadilla” que parece no terminar nunca.Mientras Agostina Páez intenta recomponer su vida en Santiago del Estero, el clima en Brasil ha vuelto a espesarse. En un país donde se observa con lupa cada movimiento de este expediente, Duarte, del 37º tribunal penal de Río de Janeiro, deberá dictar sentencia en las próximas semanas y juzgar lo que sucedió aquel 14 de enero, pero con la presión social y mediática como telón de fondo.En Brasil, el caso de Páez ya no es visto solo como una causa judicial, sino como un símbolo ideológico. Horas antes de que el video del padre de la abogada se hiciera viral, el encuentro de Agostina con la senadora Patricia Bullrich el jueves ya había generado repudio.Talíria Petrone, diputada federal de izquierda por Río de Janeiro, cuestionó esa foto: “La impunidad tiene color y ahora tiene selfie. Agostina Páez, que cometió racismo en Brasil, vuelve para la Argentina libre tras pagar 97 mil reales para quitarse la tobillera”, aseguró la diputada en la red social X.La legisladora afirmó que la joven no es una víctima, sino una “criminal recibida con flores por la extrema derecha de Milei”. Para Petrone, del partido Socialismo y Libertad, aliado del Partido de los Trabajadores del presidente brasileño Lula da Silva, el caso es el retrato de un “pacto de la blancura transnacional”, donde alguien “comete un crimen de racismo en Río, ríe de la justicia y se vuelve heroína política”. Navegación de entradasEn una escenario global difícil también se pueden tomar decisiones estratégicas En el umbral del misterio: el universo simbólico, onírico e inquietante de Lily Salvo