Elige tu propia aventura en la separación que conmovió a la sociedad farandulera (y a la Argentina en general) a mediados del 2000: Pablo Echarri y Natalia Oreiro protagonizaron la primera gran ruptura del siglo que está ingresando ahora en su segundo cuarto de vida. Sobre los hechos que terminaron con la pareja de los dos más lindos del continente siempre hubo dos versiones.Opción A: Los cuernos que le metió ella con Iván Noble.Opción B: 30.000 dólares tirados a la basura adentro de una caja de patitas de pollo congeladas.En las vísperas del año 2000 un temor se extendió por los cinco continentes. El cambio de década, de siglo y de milenio -un fenómeno que se da, obviamente, una vez cada 1000 años- provocaría un devastador efecto cascada sobre la incipiente y enmarañada tecnología de aquellos días. Todo quedaría en blanco y sin utilidad, pronosticaban los agoreros como quien anuncia tifones, tsunamis, maremotos, monzones, aludes, desplazamientos y otras calamidades naturales, y habría que resetear cada uno de los dispositivos, los almacenamientos y los sistemas operativos cruzando los dedos para que quedara algo en pie después del sacudón inevitable.Pablo Echarri y Natalia Oreiro estuvieron seis años juntos. (Archivo Paparazzi)Para alivio de las muchedumbres, de la catástrofe tech ni siquiera hubo noticias. Nada. Quedó apenas en un anuncio parecido al de los que avisan la llegada del fin del mundo, del apocalipsis o del chupacabaras. Pasó de largo como colectivo lleno en hora pico. Lo que se vino abajo, lo que se derrumbó, lo que terminó triturado como tomate para salsa, fue un romance de seis años que había empezado tímidamente y que de repente ganó centimetraje periodístico infinito. El de Echarri y Natalia Oreiro, la belleza hecha pareja. A ellos sí los dejó hechos pelota el espeluznante “efecto Y2k”, como se dio en llamar a la tragedia que nunca sucedió.Mirá TambiénLa peor traición al Negro Olmedo: su mujer, el amigo, un auto, sexo, cocaína y la foto que lo llenó de dolor para el resto de su vidaEn aquella época no había internet -recién daba sus primeros pasos- y por ende tampoco existían los portales. Dominaban la escena, en cambio, los diarios y las revistas. Las inolvidables Tal Cual, Flash, Así, Ahora, embriones de la más grande y revolucionaria de todos los tiempos, la inigualable Paparazzi hoy convertida en esta página web, dedicaron decenas de portadas al galán y a la morocha de la época. Se daba por descontado que iban a tener “los hijos más lindos de los que se haya tenido registro”. Eran perfectos. Brillantes. Inigualables.Echarri era (es) de Avellaneda. El pibe de barrio que había llegado a la tele. El que había pateado la calle, sin pasar por claustros se había recibido en la universidad del “rioba y la lleca” y encima estaba tocado por la varita mágica de Dios con unos rasgos medio campechanos-medio fifí que lo hacían el preferido de las mujeres de todas las edades y las clases sociales. Y se dice, también, de muchos hombres. Siempre se contó -al fin y al cabo, nos dedicamos al chimento hecho y derecho- que Pablo fue la debilidad absoluta y total de uno de los productores ejecutivos más importantes de aquel momento y que esa circunstancia también lo llevó al cartel francés. Esa personalidad viril, esa pinta sin final, ese tono de voz aguardentoso, ese talento para plantarse y repetir guiones sin que le tiemble ni el último pelo del cu…erpo fueron una combinación que lo volvieron el gran machazo de las telenovelas de los años 90. Ninguna palabra lo define mejor. Machazo.En la segunda mitad de los 90, Pablo Echarri y Natalia Oreiro eran la pareja del momento.Al oeste de Montevideo, un poco más alto que en otras zonas de esa ciudad hermosa y cansina, el populoso barrio del Cerro vio nacer, crecer y acuñar sueños de triunfar como artista a una morochita con cara de muñeca, cuerpo de modelo y formas y modales de princesa. Natalia Oreiro vivía cerca de uno de los emblemas futobleros de la capital del Uruguay, la cancha de Rampla Juniors, allí donde el rechazo de un zaguero expeditivo puede terminar con la pelota en las aguas del Río de la Plata. Un día dejó de mirar ese curso de agua dulce como el destino de las número cinco despejadas por los rústicos defensores del modesto club verdirojo y lo cruzó para probar suerte en Buenos Aires. Nunca más se fue. O sí, pero más grande y para hacer giras ya convertida en estrella.El machazo y la muñeca se conocieron y fluyó. La conexión y el fuego fueron inmediatos y explosivos. Año 94. Menem en el gobierno, la pizza y el champán al poder. Faltaba poco para que el Turco reeligiera de taquito y con la convertibilidad en pleno auge a nadie le interesaban los precios ni el Indec. La inflación había dejado de ser noticia y el “un peso un dolar” había provocado una avalancha de viajeros argentinos recorriendo todo el planeta. Aunque por abajo de esa superficie de plástico y artificial empezaba a calentarse un caldo de desocupación y pobreza que herviría en el 2001, todavía había tiempo para pensar en otras cosas. En Echarri y en Oreiro, por ejemplo, la pareja soñada. El hombre que toda madre querría para su hija. La muchacha que cualquier padre querría recibir con un buen asado a la leña y un tinto de los carelli en la mesa de los mediodías domingueros. Hasta que de golpe, chau. Adiós. Si te he visto no me acuerdo. A la mier…coles con los sueños, los proyectos, el casorio, los hijos de porcelana y la vida de familia Ingalls.Todo al demonio.Y las dos versiones.Entonces…Elige tu propia aventuraNatalia Oreiro y Pablo Echarri, antes del fin del amor. (Archivo Paparazzi)OPCION A: LOS CUERNOS QUE LE METIO ELLA CON IVAN NOBLE“En el Oeste, está el agite/el líder manda pero vos, vos te quebrás”. Para el año 2000, la canción “El 38” de Divididos, escrita en 1991, ya era un clásico de todos los tiempos del rock nacional. ¿Quién fue uno de sus compositores y cantantes? Ricardo Mollo. Si eso no es un designio del destino, ¿Los designios del destino donde están? En el oeste del Gran Buenos Aires, cuenta la leyenda, la joven nacida en el oeste de la capital oriental provocó uno de los cismas más grandes del ambiente de esos días, un terremoto que le permitiría, un tiempo más tarde, encontrarse, conocerse, enamorarse, casarse y tener un hijo con el autor de esa letra. Las vueltas de la vida en su máxima expresión.¿A imagen y semejanza? Pablo Echarri Iván Noble. (Archivo Paparazzi)Esta parte de la historia tiene muchas variantes. La más escuchada, la más potente de tan repetida y tan recitada, indica que en un boliche de Castelar, una disco cuyo nombre parece más propio de alguna ciudad con reminiscencias mayas de México que de un rincón del conurbano bonaerense, Oreiro quedó flechada y deslumbrada por alguien que en ese entonces no era conocido pero luego fue uno de los rompecorazones más eficaces de los que se tengan memoria, un tipo muy fachero, muy bohemio, muy carismático y muy ganador de identidad tan particular que parece caerle justa a su personalidad terrible pero también macanuda y amable: Ivan Noble, bonachón, popular, bostero hasta la médula, poeta, buen amigo, hijo atento y también, se sabría con el tiempo, con pasta de artista de los piolas y de los muy queridos.La mayor creación musical de Noble, o por lo menos la más escuchada, arranca a todo vapor gritando avanti morocha, algo que tranquilamente le podría haber dicho a Oreiro aquella vuelta en Xipatote, la disco que parecía pero no era del Distrito Federal, de Jalisco ni de Cuernavaca. El mito dice que el contacto visual fue apenas el preludio para lo que fueron las palabras y los roces fìsicos siguientes.Mirá TambiénEl Cholo Simeone y la Chola Baldini: la infidelidad que provocó el bochorno más grande de la historiaUn dato aun desconocido y aportado en las últimas horas ha puesto en blanco sobre negro una novedad oportuna y muy significativa: apenas una semana antes de que sucediera el flechazo con Oreiro, tan solo siete días antes de que su apellido empezara a ser nombrado por Lucho Aviles, la Roccassalvo, Carlitos Monti y Jorge Rial (Intrusos arrancó para esa época) a Noble lo rebotaron en la puerta de ese mismo boliche. “Después pudo entrar y se llevó a la chica más linda. La revancha de todos los tiempos” la califican aquellos que han pateado esas barriadas y conocen la secuencia de primera mano.Los rumores son terribles. Siempre. Arrancan tranquilos, como si se dijeran en voz baja, y poco a poco van cobrando fuerza hasta transformarse en una pelota arrolladora. Se llevan puesto todo lo que enfrentan a su paso. Hasta a la pareja que todo el país había idealizado. ¿Cómo hacía, el galán que aspiraba a ser el número uno de las telenovelas de la tarde o de la noche, para admitir una infidelidad y seguir adelante como si nada hubiera pasado? No, no había chances.Natalia Oreiro, en la tapa de la revista Gente.Oreiro siempre negó que aquello fuera cierto. Con vehemencia y con fervor rechazó una y otra vez que haya traicionado a su novio. Hasta que una vez, cansada ya de que le hicieran lo mismo, dio el brazo a torcer y no sólo admitió que hubo algo, sino que fiel a su personalidad indómita y avasallante redobló la apuesta. “Basta de hablarme de Iván Noble. Basta. No es el primero ni el último con el que estuve un día”. ¡Patapúfete! Después aclaró que el líder de Los Caballeros de La Quema “no representa nada en mi vida” pero lo que dejó perplejos a propios y a extraños fue lo anterior. Esa confirmación que siempre se había resistido a dar.OPCION B: 30.000 DOLARES TIRADOS A LA BASURA EN UNA CAJA DE PATITAS DE POLLO CONGELADAS20 años, meses más, meses menos, tardó en aparecer la versión más disparatada acerca de los motivos que llevaron a Echarri y a Oreiro a seguir su vida por caminos diferentes. No la aportó ninguno de los protagonistas sino uno de los periodistas mejor informados y más arriesgados y divertidos a la hora de contar estos chanchuyos, Auguto Tartufoli, el hombre de los peinados más exóticos de la tele, el del apodo -Tartu- que ha hecho olvidar, al menos mediáticamente, a su nombre y a su apellido.Según esta “novela” contada por el hasta hace poco conductor de “Pasó en América”, un simpático y entretenido ciclo de repaso televisivo de la jornada, no hubo terceros en discordia sino una importante cantidad de dinero que fue a parar a la basura por un insólito equívoco de Natalia. Un furcio que, siempre según Tartufoli, resultó imperdonable a los sentidos de Echarri. Sin amantes ni cuernos en el medio, una historia bastante más “noble” (¡Ejem!) para el protagonista de Los Buscas, Resistiré, Montecristo y tantos otros éxitos.Pablo Echarri y Natalia Oreiro. (Archivo Paparazzi)Hoy puede decirse que Echarri y Oreiro son millonarios y que en sus extraordinarias carreras, plagadas de sucesos y de hitos inolvidables en la tele, en el teatro y hasta en los escenarios de grandes recitales en el caso de ella, amasaron fortunas muy importantes y quizás difíciles de mensurar. Pero en los 90 la historia era diferente y si bien la fama ya había golpeado su puerta no era tiempo, aún, de los grandes contratos. Todavía contaban los billetes. Ahora por ahí los pesan.Mirá TambiénEl verano donde Nicole Neumann se recibió de infiel: dos hombres, una playa y una traición que terminó en casamientoEcharri, contó Tartufoli, había hecho “un canuto”. Un dinero que no quería compartir con su novia. Una platita reservada por si un día se quería dar un gustito o para comprarse “un derpa” si la cosa, como finalmente sucedió, no funcionaba. 30.000 dólares que quería poner lejos del alcance de Oreiro. Entonces, un pecado de juventud lo llevó a esconder el dinero en una caja de patitas de pollo que guardó en el freezer. ¿Como iba a imaginar Natalia que adentro de ese cartón rectangular colorido y durísimo de tan congelado compartirían lugar con el cuarto trasero de los pollos los ahorros “de toda la vida” de su novio?Un sábado a la tarde tuvieron que hacer compras, casi casi lo que hacen todas las parejas comunes y silvestres de todo el planeta. En las góndolas de las comidas rápidas de un supermercado de apellido francés ella sugirió comprar patitas de pollo, y además de decir eso soltó la confesión que, por lo que contó Tartufoli, le costaría la pareja. “Sí, voy a llevar porque las otras se pusieron feas y las tuve que tirar”.Echarri no se desmayó de milagro pero la presión se le fue a cero y los nervios a 2500. Completó los mandados de aquella tarde de sábado con la angustia y la tensión golpeándole en el cuore y en la mente. Cada paso fue un suplicio. Peor fue abrir la heladera con desesperación y sopor y comprobar que sí, que era verdad, que la caja de patitas de pollo había ido a parar a la bolsa de basura, de allí al tacho, de allí al contenedor, de allí al camión recolector y de allí a quien sabe dónde. Lo que sí fue público y notorio fue donde terminó la pareja: peor que el fajo de dinero. 30 lucas verdes. El precio de la fama, que le dicen.Búsqueda de material e investigación de archivo: Gustavo RamírezJefa de archivo: María Lujan NovellaMirá TambiénLa muerte de Daniel Mendoza: el amor clandestino que terminó en la tragedia más impactante que recuerde la farándulaMirá TambiénLo que nunca se contó de la salvaje pelea entre Pampita e Isabel Macedo en Punta del Este: la broma cruel, los golpes y la huida de VicuñaThe post La escandalosa separación Echarri-Oreiro: los cuernos con Iván Noble, las patitas de pollo congeladas y los 30.000 dólares que fueron a la basura appeared first on Revista Paparazzi. 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