Cómo sería una eventual operación militar de EEUU para extraer el uranio del régimen iraní
Cómo sería una eventual operación militar de EEUU para extraer el uranio del régimen iraní

El desarrollo de una eventual operación militar secreta de fuerzas especiales estadounidenses para incautar el uranio enriquecido del régimen de Irán plantea desafíos sin precedentes para personal militar y expertos en seguridad internacional. Se vislumbra un despliegue de elite que incluye a Delta Force, en una misión aún no confirmada oficialmente, cuya complejidad técnica y estratégica sería inédita en el contexto de Medio Oriente.

De intentarse, previa aprobación del presidente Donald Trump, la operación requeriría el ingreso de unidades especializadas —Delta Force, Boinas Verdes y el 75º Regimiento Ranger— a instalaciones nucleares subterráneas en Irán, con el objetivo de localizar y extraer los cilindros presurizados de uranio. La misión supondría la coordinación de una retirada segura del material bajo fuego enemigo, vigilancia constante y el establecimiento de perímetros de seguridad con miles de efectivos desplegados. Todo ello, bajo el riesgo de una posible intervención de aliados estratégicos de Irán a través de inteligencia satelital.

La preparación de este tipo de intervención ha incluido entrenamientos en bases estadounidenses, donde Delta Force y otras unidades han practicado la búsqueda y manipulación de uranio enriquecido en condiciones hostiles. La trascendencia de la misión demandaría la integración de los equipos de desactivación nuclear del Ejército de Estados Unidos, formados para neutralizar amenazas nucleares y con base en Maryland. Estas fuerzas, junto a la participación de los Boinas Verdes y el 75º Regimiento Ranger, aportarían su experiencia en operaciones de alto riesgo y sensibilidad internacional.

Las reservas principales de combustible nuclear iraní se encuentran en instalaciones nucleares subterráneas de Isfahán —donde se calcula que unos 200 kg. de uranio enriquecido están protegidos por muros de acero— y en Fordow, ubicadas al sur de Teherán. También se sospecha que parte del material podría estar oculto en “Pickaxe Mountain”, próxima a la planta de Natanz y caracterizada por su difícil acceso a varios kilómetros de profundidad. Estas infraestructuras han sido reforzadas para soportar ataques aéreos y cuentan con sistemas avanzados de defensa.

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La dispersión potencial del uranio incrementa la dificultad, exigiendo inteligencia precisa y rápida para identificar la ubicación exacta de los cilindros, que contienen el uranio en estado gaseoso de hexafluoruro.

El éxito de la misión implicaría el despliegue de aproximadamente 3.000 paracaidistas de la División 82 Aerotransportada y unos 4.400 efectivos de unidades expedicionarias de Infantería de Marina, encargados de establecer un perímetro seguro en torno a las instalaciones clave. La logística de operaciones similares ha requerido más de 150 aeronaves, incluyendo aviones espía U-2, RC-135 para reconocimiento, plataformas E-11A de comunicaciones, drones MQ-9 Reaper, helicópteros Apache y aviones de ataque A-10.

Destaca la posible incorporación de un sistema de gestión de operaciones basado en inteligencia artificial desarrollado por el Comando Central. Esta tecnología permite analizar datos sobre objetivos y movimientos enemigos en menos de un minuto, bajo el código de “Operación Furia Épica”, agilizando las fases de identificación, extracción y evacuación del material nuclear.

La instalación nuclear de Isfahan fue atacada el año pasado por el Ejército de EEUU (Vantor/Handout via REUTERS)

Un ex soldado de las fuerzas especiales británicas que se ha entrenado con la Fuerza Delta comentó a The Times que el éxito depende de la inteligencia previa sobre la ubicación exacta del uranio, los puntos seguros de aterrizaje y el despliegue defensivo iraní: “Todo dependería de la información de inteligencia, no solo de la ubicación del uranio enriquecido, sino también de dónde pueden aterrizar los helicópteros con las tropas en una zona segura, y de las posiciones de las unidades del IRGC”.

Si las tropas logran asegurar las instalaciones de enriquecimiento, la Fuerza Delta “podrá tomarse todo el tiempo que necesite para extraerlo”, explicó el veterano británico.

Asimismo, añadió que agentes israelíes, con capacidad de operar dentro de Irán, podrían desempeñar un papel importante en la guía y colaboración sobre el terreno.

La protección de los sitios nucleares corresponde al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC), con un contingente de más de 150.000 efectivos antes del inicio de las hostilidades recientes. Pese a los daños sufridos tras los bombardeos, el IRGC posee recursos para obstaculizar cualquier incursión terrestre y proteger las reservas estratégicas.

“En los ejercicios en EEUU, la Fuerza Delta solía utilizar un globo gigante para elevar un dispositivo nuclear ficticio, y un avión C-130 Hércules con un artilugio especial en forma de horquilla que sobresalía por la parte delantera sobrevolaba la zona y lo enganchaba. En Irán, utilizarían helicópteros para trasladar los contenedores a un barco”, comentó el ex soldado británico.

La protección de las instalaciones nucleares del régimen iraní corresponde a la Guardia Revolucionaria (IRGC/dpa)

Militares estadounidenses retirados ponen en duda la viabilidad de la operación. Hacen hincapié en la dificultad de encontrar puntos de despliegue seguros y en el riesgo de una confrontación directa y persistente. En ese sentido, las reservas se centran no solo en el alcance de la misión, sino en la capacidad real para controlar el terreno iraní frente a una respuesta organizada y multitudinaria de la defensa local.

Algunos expertos evocan precedentes de operaciones recientes que requirieron una movilización aérea y de recursos de gran envergadura y destacan que, a pesar del entrenamiento intensivo, internarse en territorio iraní bajo una amenaza nuclear supondría riesgos operativos sin precedente.

La incertidumbre sobre el propósito final del operativo persiste. La dirigencia estadounidense evita precisar si el objetivo es incautar únicamente el material nuclear o provocar un golpe decisivo contra el régimen iraní. El debate político se traslada al Congreso, donde figuras como Jason Crow, ex ranger y legislador, advierten de la necesidad de establecer una estrategia clara y objetivos definidos, recordando los errores cometidos en Afganistán e Irak.

En el panorama internacional, una ofensiva terrestre elevaría la preocupación por una posible escalada en la región. La hipótesis de que China y Rusia puedan suministrar inteligencia satelital y asesoría militar al régimen de Irán añade una dimensión adicional de riesgo y complejidad. El futuro del uranio enriquecido iraní y la posibilidad de que la operación propicie una escalada militar mayor permanecen como incógnitas en las negociaciones de paz.

Mientras persiste la pausa de los ataques norteamericanos a centrales energéticas, el jueves el presidente Trump lanzó una contundente advertencia al régimen iraní. El líder republicano instó a Teherán a negociar un acuerdo para poner fin a los bombardeos estadounidenses e israelíes, advirtiendo que, de no hacerlo, los ataques continuarán sin obstáculos.

“Ahora tienen la oportunidad —me refiero a Irán— de abandonar permanentemente sus ambiciones nucleares y trazar un nuevo camino”, dijo durante una reunión de gabinete en la Casa Blanca. “Veremos si quieren hacerlo. Si no lo hacen, somos su peor pesadilla. Mientras tanto, seguiremos destruyéndolos sin impedimentos, sin que nada los detenga. No hay nada que puedan hacer al respecto”.