Dario Fo: las amenazas, las marchas, la granada en escena y el recuerdo de cuando “El diablo llegó a Buenos Aires”
Dario Fo: las amenazas, las marchas, la granada en escena y el recuerdo de cuando “El diablo llegó a Buenos Aires”

El gran actor, director y dramaturgo Dario Fo obtuvo el Premio Nobel a las letras en 1997. Cuando la academia sueca lo distinguió, la entidad resaltó su recorrido en el marco de la “tradición de los juglares de la Edad Media que castiga a los poderes establecidos y restaura la dignidad de los oprimidos”.

El autor de Muerte accidental de un anarquista (1970) y Pareja abierta (1983), entre otras muchas obras que tuvieron sus versiones en Buenos Aires, no rechazó el premio como había hecho Jean-Paul Sartre. Prolijo, asistió a la ceremonia de premiación en Estocolmo respetando el rígido protocolo frente a los reyes de Suecia. Eso sí: no se privó de largar unas sonoras risotadas durante el acto.

“Siempre he creído que el mejor modo de informar a la gente es envolviéndola con el humor y con la risa. Hay que reírse de uno mismo, comprender que uno es un imbécil que se deja manipular por quien dirige y manda… Quien no ve el lado cómico de la vida no es capaz de comprender completamente su tragedia”, apuntó en una oportunidad.

El gran bufón italiano nació el 24 de marzo de 1926, cien años atrás. Cincuenta años después, en nuestro país, en esa misma fecha, se produjo el último golpe de Estado. En mayo de 1984, a cinco meses de haber terminado la dictadura y cuando el aparato represor no había sido desmantelado, Kive Staiff, quien era director del Teatro San Martín, tuvo la inteligencia de programarlo.

En la sala Martín Coronado, el heredero de la commedia dell’arte presentó Misterio bufo, en la sala Martín Coronado. Su esposa, la actriz Franca Rame, una mujer de una seducción única que de joven había sido raptada y violada por un grupo neofascista, ofreció en la sala Casacuberta Tutta casa, letto e chiesa, obra de 1977. La presentación de estos creadores en momentos en los que el proceso democrático estaba dando sus primeros pasos produjo el mayor acto de violencia e intolerancia contra un hecho artístico desde que finalizó la dictadura en 1983.

Parte de la nota de anticipo de LA NACION de cuando el actor llegó a Buenos Aires en mayo de 1984

Ya en la previa al estreno, en el diario Tiempo Argentino apareció una nota que llevó el siguiente título: “Lo que faltaba: teatro profano al uso itálico”. Un sacerdote, según consignó la revista El Porteño, dijo en la misa del 6 de mayo: “Les advierto que el diablo ha llegado a Buenos Aires”. En paralelo, la Corporación de Abogados Católicos le envió un telegrama al intendente solicitando la prohibición de la representación de ambos monólogos. “Atentan contra el orden y la moral pública, agravian a la Iglesia Católica”, aseguraba. Lo mismo hizo la Liga de Madres de Familia. Por su parte, la Agencia Informativa Católica Argentina consideró a las obras como “sacrílegas y destructivas de todo lo religioso”.

El 8 de mayo se estrenó Misterio bufo con la sala desbordada de público. La crítica de LA NACION habló del unipersonal en estos términos: “Fo es un torbellino de la naturaleza que, a sus excepcionales dotes naturales, une el oficio más sutil. Su simpatía y creatividad son desbordantes, maneja hasta la última fibra del cuerpo con maestría”. En Tiempo Argentino, el crítico Ernesto Schoo afirmó: “Dario Fo es un actor colosal, me atrevo a decir que el mejor que he conocido”. Cuando se estrenó el unipersonal de Franca Rame, la crítica de LA NACION tituló: “Las condiciones de una mujer muy inteligente que ventila problemas de sus congéneres”.

Su presentación en Buenos Aires pasó de las páginas de Espectáculos a la primera plana de los medios y notas editoriales

“Batalla campal por una obra de teatro”

Pero no todos coincidían. Durante la segunda función, mientras se representaba Misterio bufo ante más de mil espectadores, un hombre joven se levantó de su butaca y, señalando a Fo, le gritó: “Usted es un irreverente”. El personal de la sala, entre abucheos e insultos hacia el agresor, lo obligó a retirarse. Dario Fo decidió hacer un intervalo. Cuando se reinició la función explotó una granada de gases lacrimógenos colocada debajo de una de las butacas del medio de la platea de la Martín Coronado. “Dos jóvenes intentaron huir y uno de ellos fue retenido por los espectadores. Un grupo de Madres de Plaza de Mayo impidió que algunos hombres lo golpearan y medió para que fuera entregado a la Policía”, narró la crónica del diario El País, de España. En las escaleras del Hall del San Martín, Fo improvisó un discurso para calmar al público. ”Hay quienes nunca entenderán nada –reflejaba la crónica del matutino español–.Lo que yo hago aquí ya fue hecho en iglesias y nadie lo consideró irreverente. Si molesta a alguien es a los que especulan con la religión para impedir todo progreso social”.

Las tensiones no disminuyeron. A los pedidos de censura se sumaron amenazas de muerte. El tema se instaló fuertemente en los medios gráficos, televisivos y radiales del país y del mundo. El diario La Voz, de Córdoba, tituló: “Guerra en el centro. Grupos ultracatólicos agredieron a los espectadores de Misterio bufo”. “Otro gran bochinche”, dijo La Razón. “Vino, actuó y se armó”, tituló la revista Somos. “Deplorable acto de intolerancia”, apuntó Tiempo Argentino. “Aplaudido en el Vaticano, insultado en la Argentina”, optó por encabezar su artículo la revista La Semana. “Los nacionalistas contraatacan”, dijo El Porteño. En aquellos días, tanto LA NACION como Clarín dedicaron sus editoriales al tema.

El domingo 13 de mayo, Dario Fo hizo su última presentación en Buenos Aires. Esa noche cientos de personas llegaron a la puerta del San Martín portando banderas del Vaticano. Otros más de mil espectadores hicieron la cola pacíficamente para poder entrar a la Martín Coronado. Antes de comenzar la función, el gran bufón tomó el micrófono. “Como sabemos que también esta noche hay gente que tuvo la cortesía de venir con la intención de intervenir el espectáculo, les propongo lo siguiente: para evitar cometer errores o hacer un mal papel, esperen a que yo les diga cuando llega el momento de intervenir”, dijo con su habitual humor en medio de la ovación del público.

Registro periodístico del Centro de Documentación del Teatro San Martin (Cedoc) sobre aquellas jornadas marcadas por la intolerancia

Afuera de la sala, el ambiente estaba cada vez más violento. Los disturbios y la violencia ganaban protagonismo. El diario Crónica, bajo el título de “Batalla campal por una obra de teatro”, dio cuenta de los incidentes en la puerta, de la presencia de la Guardia de Infantería, de detenidos, de golpes de la policía a la prensa y a los fotógrafos. Mientras en el desaparecido bar La Paz algunos increpaban a los manifestantes al grito de ‘fascistas’; los manifestantes llevaban pancartas con escritos como “Fuera bolches’.

Adentro de la sala, como parte de un triste rígido guion, se volvió a cumplir el rito de la protesta de algunos pocos. En un momento de la obra Dario Fo llamó a Franca Rame al escenario. Según el relato de la revista El Porteño, dijo a la platea: “Éste es el rosario que deberían leer los argentinos” y leyó la lista de niños desaparecidos durante la dictadura. Tras ellos, una ovación y el público de pie aplaudiéndolo.

Debido al corte de la avenida Corrientes, producto de los manifestantes, para evitar mayores enfrentamientos los espectadores debieron abandonar el teatro por la salida que da hacia el Cultural San Martín, en donde estaban, justamente, las oficinas de la Conadep acopiando datos de los niños desaparecidos. El escenario del Hall era testigo mudo de los grandes vidrios de la fachada rotos y de pintadas diversas en medio de un clima de violencia.

Cuando la puerta del San Martín se convirtió en territorio de la violencia y falta de tolerancia

Antes de volver a Roma, el gran Dario Fo habló con la revista Destape. Sobre los llamados “jóvenes católicos”, reflexionó con su típica ironía en estos términos: “Si esos son los católicos, realmente habría que preocuparse… ¡esos son fascistas, sin ofender a los fascistas!”.

La contramarcha como reacción a la violencia

Como respuesta a esas convulsionadas noches, el viernes 18 de mayo se realizó una concentración en defensa a la libertad de expresión en la puerta del Teatro San Martín. El diario Clarín estimó que asistieron unas 3.000 personas. Estuvieron Alfredo Alcón, Soledad Silveyra, Berta Singerman, Ariel Ramírez, Osvaldo Dragún, Jorge Rivera López, Onofre Lovero, Horacio Peña, Ariel Bufano, Graciela Araujo y los integrantes de los elencos estables de la sala, entre otros.

“Para el poder despótico, el solo hecho de pensar ya es una subversión”, dijo Alcón. “Nosotros, los artistas argentinos, asumimos la defensa de los derechos humanos”, apuntó Silveyra. “El derecho y las responsabilidades de la libertad no son privativos de un sector”, afirmó, por su parte, el comunicado de los trabajadores del San Martín.

Mientras la avenida Corrientes estuvo cortada por la marcha en contra de la presentación de Dario Fo, su público siempre llenó la sala Martín Coronado

A los meses, el genial bufón recibió a la revista Siete Días en Italia. “No acepté suspender ni una sola función pese a la tensión que se había creado. Era un desafío, no para nosotros sino para la democracia argentina […]. La situación era realmente peligrosa para nosotros, pero yo no he querido aflojar”. En 2007, habló con Elisabetta Piqué, corresponsal de LA NACION en Italia. Como era de imaginar, salió el tema de su visita a la ciudad.

“Tengo un recuerdo lindísimo, porque, justamente, en esa ocasión, el público argentino demostró tener mucho coraje y coherencia. En otras ciudades de Europa hubieran tenido miedo de ir al teatro después de algo así. En cambio, en Buenos Aires el público aumentó. La gente demostró que no quería, absolutamente, ceder frente a este tipo de provocaciones, frente a este terrorismo…”, apuntó el dramaturgo, escritor, director, actor, escenógrafo y pintor que, de joven, quería estudiar arquitectura o Bellas Artes, pero que cuando estalló la Segunda Guerra Mundial eligió dejar todo para unirse a la resistencia contra Mussolini.

Franca Rame y Dario Fo en Anómalo bicéfalo, sátira en la que personificaba al exprimer ministro italiano Silvio Berlusconi

Dario Fo nació hace 100 años. Falleció hace 10 años. “¿Irá Fo al cielo?”, se preguntó un diario español ante la noticia de su deceso. “Muere Dario Fo, el bufón italiano que no irá al cielo”, anunció otra publicación.

Para recordar los 100 años de su natalicio, la Fundación Fo-Rame está organizando diversos actos en distintas ciudades italianas y del mundo para evocar el legado y la vigencia de este bufón que ha sido, junto con su pareja, el autor italiano más representado en el extranjero (desde 1960, sus obras se pusieron en escena en al menos 87 países).

El mismo señor que, al momento de recibir el Premio Nobel, se refirió al jurado. “El mayor premio lo merecen los miembros de la academia sueca por tener el coraje de conceder este año el Premio Nobel a un bufón. Estoy de acuerdo. El suyo ha sido un acto de valentía que raya la provocación”, sostuvo aquella vez este señor que, cuando se enteró que había sido premiado, se encontraba en Milán, en donde Franca Rame representaba El demonio con tetas.

El eterno provocador de desbordante energía después de aquella accidentada última función en Buenos Aires cocinó unas buenas pastas para un numeroso grupo de invitados, incluidos los uniformados que lo custodiaban. Vino solamente aquella vez. Seguramente, cualquiera que lo haya visto en Misterio buffo nunca podrá olvidarlo. En un contexto social y político todavía endeble, Dario Fo y Franca Rame manejaron en escena, y fuera de ella, todos sus inmensos recursos expresivos.