A 50 años del golpe, reconocidos artistas recuerdan cómo los encontró la madrugada del 24 de marzo de 1976
A 50 años del golpe, reconocidos artistas recuerdan cómo los encontró la madrugada del 24 de marzo de 1976

Se cumple medio siglo del golpe de Estado que sacudió a la Argentina desde 1976 hasta el regreso de la democracia, el 10 de diciembre de 1983. El 24 de marzo de aquel año convulsionado, durante las primeras horas de la madrugada, la presidenta constitucional María Estela Martínez de Perón fue trasladada en un helicóptero que respondía a los dictámenes de los jefes militares que usurparon las instituciones del país, desde la Casa de Gobierno hasta el aeroparque metropolitano, para iniciar su período de detención.

Fue el inicio de la época más atroz de la historia nacional que diezmó a la sociedad con muertes, desapariciones, miedo y censura.

La comunidad artística fue un sector especialmente disgregado por el gobierno de facto organizado en una junta militar que denominó a la nueva era política con el eufemismo “Proceso de Reorganización Nacional”.

Así como decenas de actores, músicos, directores y escritores fueron desaparecidos, otro tanto debió refugiarse en el exilio o permanecer en el país con escasa visibilidad y alejados de la vida pública. Una vez que Jorge Rafael Videla asumiera la presidencia del país, el ecosistema de medios y el universo artístico mutaron drásticamente.

En torno a la memoria colectiva y trazando una radiografía de aquellos tiempos aciagos para la historia nacional, algunos referentes fundamentales del entretenimiento, el espectáculo y la cultura nacional recordaron para LA NACION cómo los encontró la madrugada del 24 de marzo de 1976, que marcó un punto de quiebre y una herida terminante en la sociedad argentina.

El actor Luis Politti, uno de los tantos artistas que debieron exiliarse en el exterior

Julio Chávez, “épocas negras”

“Estaba en el Conservatorio Nacional terminando de cursar el primer año, con 17 o 18 años, cuando, en noviembre de 1975 comencé a filmar No toquen a la nena, que, para mí, significaba una producción increíble con actores que consideraba emblemáticos como Lautaro Murúa, Norma Aleandro, Luis Politti, Pepe Soriano, María Vaner, Chunchuna Villafañe y Oscar Viale, dirigidos por Juan José Jusid. La filmación concluyó en enero de 1976, en un país muy revuelto. Cuando, en marzo, llegó la dictadura, me encontró ingresando al segundo año del Conservatorio Nacional. Fue una debacle, el Instituto de Cine se pobló de censores y, casi todos mis colegas y compañeros de elenco de aquella película, en abril ya se habían ido del país. El Conservatorio Nacional se había transformado en una aduana estricta con gendarmes en la puerta revisándote los bolsos. Así que el golpe me agarró en un momento de expansión profesional, pero, al mismo tiempo, de absoluta restricción”.

No toquen a la nena se estrenó en julio de 1976 y “en la avant premiere casi no hubo actores de la película presentes, porque la mayoría se había exiliado”, recuerda Chávez. “En agosto de ese año abandoné el Conservatorio Nacional porque era muy difícil estar allí y me fui a estudiar de manera particular con mi maestro, Luis Agustoni. Luego estrené mi primer espectáculo como actor, El lazarillo de Tormes. Forrábamos todos los libros de (Anton) Chejov y (Konstantin) Stanislavski, porque teníamos miedo que nos parase la policía y nos revisara. Fue un tiempo donde comencé a ejercitar el cuidado y la autocensura, pensando a dónde iba. Había comenzado a trabajar en televisión y, permanentemente, preguntando si estaba en alguna lista negra. Épocas negras”.

A Julio Chávez el comienzo de la dictadura lo marcó dando sus primeros pasos profesionales

Moria Casán: “Una sensación de extrañeza”

“Me encontraba viviendo en Madrid. Allí estaba con mi pareja de entonces cuando, llegando a mi departamento, me enteré del golpe de Estado. Ver a un presidente irse en helicóptero, como le sucedió a María Estela Martínez de Perón, siempre es una cosa rara. Sentí una sensación de extrañeza, estaba lejos, me preguntaba cuál sería el futuro. Soy argentina y, aunque estuviera en otro lugar, los hechos me generaron incertidumbre. Acá estamos, seguiremos luchando por nuestro país, pese a todas las adversidades”.

Un año antes del golpe de Estado, Moria Casán compartía escenario con Alfredo Barbieri, Don Pelele, Adolfo Stray y Rafael Carret en la revista de Carlos A. Petit y Francisco Reymundo que llevaba el sugestivo título de Aquí se mata de risa

Nito Mestre: “Fui preso”

“No me acuerdo específicamente en qué lugar estaba ese día, pero, ya desde principios de 1976, se rumoreaba que algo iba a suceder, días más o días menos. Me enteré por la radio o el noticiero, había comunicados informando del golpe. Se decretó, creo, estado de sitio, así que me quedé en casa, porque no se podía salir a la calle. Lo que si recuerdo es que, a la semana, fui preso durante 3 días. Me detuvieron en el centro. La historia es más larga… se modificó la agenda de todo el mundo, obvio”.

Nito Mestre, un músico esencial que intuyó el golpe de Estado

Graciela Borges: “Un golpe al corazón”

“Me encontraba en París, en casa de una amiga de toda la vida. Lo que sentimos fue algo tan fuerte que nos paralizó. Empezamos a caminar por la avenue Frochot, en Pigalle, unos de los barrios bajos de la ciudad, sin poder parar, llorando y llorando, abrazándonos. También fue un golpe para el corazón”.

Aunque lejos de Argentina, Graciela Borges se conmocionó al enterarse del golpe de Estado de 1976

Santiago Doria: “A punta de fusil”

“Aquel 24 de marzo recorrí la Vuelta de Rocha con Luis Castelanelli, quien era el asistente de Sainetango, un espectáculo que yo dirigía en San Telmo. Me propuse llevarlo hasta La Boca, el barrio dónde él vivía, y aprovechar para visitar un barco donde me habían propuesto hacer un musical sobre los años 20. La mirada al barco duró poco, de pronto sonaron sirenas y se encendieron luces que nos encandilaron. Estábamos en zona de Prefectura. Nos pusieron las manos en la cabeza, nos palparon de armas y, a punta de fusil, nos llevaron para hacernos unas cuantas preguntas. Luego del interrogatorio, nos dejaron ir. Lo dejé a Luis, que aún estaba pálido, en su casa. Con mi coche tomé el Bajo para llegar a Palermo, el barrio donde vivía. Al pasar por la Casa Rosada, la noté muy iluminada, pensé en alguna celebración, aunque, dada la hora, me parecía un poco tarde. Cuando llegué al garaje donde guardaba mi auto, por la Spika del sereno se escuchaban los artículos de la Junta Militar y una marcha de fondo. Era la madrugada del 24 de marzo de 1976”.

El prestigioso actor y director Santiago Doria fue detenido mientras, a pocas cuadras, se concretaba el golpe de Estado

Nora Cárpena: “Nos paraban para revisarnos”

“El 24 de marzo de 1976 me encontraba haciendo teatro. Con Guillermo (Bredeston) estábamos de gira, volviendo, si mal no recuerdo, de la provincia de Córdoba. Por alguna razón, no regresamos a Buenos Aires en avión, seguramente habrían cancelado los vuelos, así que hicimos el trayecto por tierra, en micro, y, con frecuencia, nos paraban para revisarnos y hacernos preguntas, algo sumamente inusual”.

Nora Cárpena y Guillermo Bredeston realizaban comedias que no incomodaban al poder, sin embargo, debieron dar algunas explicaciones

Claudio García Satur: “Fue muy doloroso”

“Aquel día me encontraba en casa, porque había decidido tomarme el año para estar con mi familia, ya que en febrero había nacido Celeste, mi hija mayor. Desde el punto de vista institucional fue muy doloroso. Nadie pretende un golpe de Estado, porque eso es igual a que una guerrilla se haga cargo de un gobierno cuando nadie se lo pide, cuando no se está de acuerdo. Tampoco se puede estar de acuerdo con un golpe de Estado, por más institucional que parezca, porque las Fuerzas Armandas no tienen nada que hacer contra el pueblo y como no sea defender a la Patria. El golpe fue doloroso, pero lo que pasó después fue peor. Por otra parte, no me sorprendió tanto, porque quien estaba a la cabeza (del país) era Isabel (Perón), quien heredó un peronismo incomprensible, con (José) López Rega, a quien le decían Brujo, que, evidentemente, no sólo defraudaba al peronismo, sino a la condición de ser político. Hay que tener esencia política, lo cual significa llegar al poder para mejorarle la vida al pueblo, porque, de lo contrario, cualquier energúmeno se sienta en el sillón de la Casa Rosada. También pueden hacerlo por error del pueblo. Me recuerdo muy sorprendido, porque me parece un espanto que las Fuerzas Armandas tomen un gobierno, no les corresponde. En aquel momento, hubo una inclinación cívico-militar. Hoy tampoco es fácil hablar de lo que pasa en el país, que me duele tanto como aquello”.

Claudio García Satur estaba en su casa en el momento del Golpe

Cómo cambió la TV

Los canales de televisión, que venían de un período de intervención, pasaron a manos de las tres fuerzas armadas. Canal 9 fue controlado por el Ejército, Canal 11 quedó en manos de la Fuerza Aérea y la Armada se encargó de los destinos de Canal 13. Canal 2, con sede en la ciudad de La Plata, pasó a manos de la gobernación de la provincia de Buenos Aires.

Dos años después del golpe, el gobierno de facto presentó ATC (Argentina Televisora Color), la señal que reemplazaría al histórico Canal 7 y que daría cobijo a las transmisiones en color del Mundial 78 que se disputaría en nuestro país

Las grillas de programación fueron alterándose, primando los teleteatros y ciclos sobre conocimientos de interés general como Odol pregunta. Dejaron de salir al aire unos cuantos unitarios y las ficciones que mantuvieron su continuidad alteraron sus guiones para justificar la salida de personajes a cargo de intérpretes censurados, tal lo que le sucedió al actor Luis Brandoni, por solo citar un ejemplo.

Algunos artistas, como Nacha Guevara y Héctor Alterio, ya habían sufrido los embates de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), iniciando su exilio durante el período democrático, modalidad que se acrecentó a partir de la dictadura, caldo de cultivo para la creación de las llamadas “listas negras”, donde figuraban los artistas que no tenían permitido trabajar en el país.

Norma Aleandro, Mercedes Sosa, Víctor Heredia, Marilina Ross, Juan Carlos Gené, Irma Roy, Luis Politti, Bárbara Mujica, Carlos Carella y David Stivel fueron tan solo algunos de los nombres censurados. La mayoría de ellos debió iniciar una nueva vida lejos del país.

El panorama teatral

En 1976, la cartelera teatral de Buenos Aires ofreció una variedad de títulos estelarizados por grandes figuras. En el Teatro Astral, Osvaldo Terranova hizo La mujer del panadero, Alfredo Alcón encabezó Panorama desde el puente y Soledad Silveyra protagonizó Sabor a miel. En la sala del Ateneo, Duilio Marzio agitaba pudores con Equus, donde descollaba un joven llamado Miguel Ángel Solá.

En el Avenida, mientras se difundía la temporada de zarzuelas, Nati Mistral encabezaba Anillos para una dama y, en el Cómico (hoy Lola Membrives) una revista llevaba el sugestivo título de El gran cambio.

Miguel Ángel Solá en Equus, puesta de 1976 que revolucionó la escena con su audacia y logró sobrevivir a la censura

Sobre la calle Marcelo T. de Alvear, en el escenario del Teatro Del Globo, Tato Bores hacía Pobre Tato y, a pasos del desahuciado Congreso Nacional, en el Liceo, Oscar Ferrigno protagonizaba El precio. Les Luthiers ofrecía Viejos fracasos en el Odeón y Federico Luppi y Haydée Padilla, en ese entonces marido y mujer, encarnaban El gran deschave.

Jorge Porcel, Ethel Rojo y Alberto Olmedo en El Maipo de gala, un exitoso título de la sala de la calle Esmeralda

El Maipo brillaba como “la catedral de la revista porteña” ofreciendo una agenda de títulos con nombres populares: Los verdes están en el Maipo, con Norma Pons y Mimí Pons y El Maipo de gala, a cargo de Jorge Porcel, Alberto Olmedo y Ethel Rojo, ambas propuestas dirigidas por Gerardo Sofovich. En esa misma sala también se podía ver Aleluya Buenos Aires, con José Marrone.