Las refinerías de Rosneft permanecen bajo asedio desde 2024, con olas de ataques de drones que han obligado al gigante petrolero de Rusia a diseñar defensas improvisadas para combatir una amenaza que, según admite la propia compañía, no puede afrontar con garantías técnicas.Según Dallas Analytics, la estrategia documentada por la mayor productora de petróleo rusa reconoce sus limitaciones frente a los vehículos aéreos autónomos que emplea Ucrania, una vulnerabilidad estructural que no solo socava la viabilidad de la industria energética local sino que repercute directamente en la financiación de la guerra impulsada por Moscú.La magnitud de este desafío no se mide únicamente por la prominencia de Rosneft —dirigida desde 2012 por Igor Sechin, uno de los aliados más influyentes de Vladimir Putin— ni por el hecho de que la empresa produce aproximadamente un tercio del crudo ruso.De acuerdo con el informe confidencial de 21 páginas obtenido por Dallas Analytics, solo durante 2025 la refinería de Ryazan, buque insignia de la compañía con una capacidad de 17,1 millones de toneladas al año, fue atacada en nueve ocasiones. Otras instalaciones clave de Rosneft, como Afipsky, Komsomolsk, Kuybyshev, Novokuybyshevsk, Saratov, Syzran, Tuapse, Ufa y Ufaneftekhim, también sufrieron daños por drones en los últimos dos años.El documento, redactado en conjunto por Rosneft, Rosgasifikatsiya y Orgenergokapital, detalla tanto los modelos de amenaza identificados por la compañía como las estructuras defensivas propuestas y sus debilidades. El informe reconoce abiertamente que sus actuales sistemas de defensa electrónica y medidas contra fuego solo actúan ante drones operados manualmente a más de 35 metros de altura.Los drones autónomos que utilizan coordenadas GPS prefijadas —el tipo que está infligiendo daños graves en las instalaciones rusas— resultan inmunes a estas contramedidas, motivo por el cual la empresa ha volcado su atención en barreras físicas pasivas.Entre las soluciones sugeridas figuran ocho tipos de estructuras construidas con materiales de fácil obtención, incluyendo cables de acero, andamios de construcción, contenedores marítimos, mástiles de grúas torre y paneles de hormigón.El documento subraya que ninguna de estas defensas ha sido diseñada expresamente para resistir explosiones, admitiendo que: “La protección física es un conjunto de medidas estructurales que no garantiza la seguridad de los objetos protegidos. Las soluciones no excluyen la carga explosiva ni el impacto de metralla”.Además, la insistencia de Rosneft en evitar que sus estructuras sean clasificadas como construcciones permanentes —no por razones técnicas sino para eludir los exigentes procesos estatales de revisión y permisos— acelera el despliegue, pero deja a las instalaciones expuestas a ataques secuenciales: una primera oleada que derribe el armazón seguida de otra dirigida directamente a los activos vulnerables.La ineficacia de estos métodos ya ha quedado patente. La presentación menciona el caso de los dispositivos de red anti-dron empleados en Velikiye Luki, que no lograron impedir un ataque ucraniano en febrero de 2026. El informe revela que, ante la imposibilidad de neutralizar por medios electrónicos a los drones enemigos, la empresa ha recurrido a defensas improvisadas que, en el mejor de los casos, ralentizan —pero no impiden— el daño a infraestructuras cruciales valoradas en miles de millones de dólares.El interés de este informe trasciende las fronteras rusas. Países del Golfo como Arabia Saudita, Catar y Emiratos Árabes Unidos, cuyos consorcios energéticos —Saudi Aramco, QatarEnergy y ADNOC— enfrentan amenazas comparables de drones, podrían verse tentados a estudiar las medidas implementadas por Rosneft.La presentación, sin embargo, representa una advertencia clara: las barreras físicas pasivas, aún empleadas a gran escala y alto costo, no bastan para proteger refinerías y centros petroleros frente a municiones guiadas con precisión. La lección que entrega Rosneft valida la inversión en sistemas activos de defensa aérea, capaces de responder a la evolución tecnológica del conflicto.En conjunto, el documento confidencial describe no solo la curva de aprendizaje forzada de la industria energética rusa ante la nueva era de guerra por drones, sino que ofrece una cartografía detallada de los puntos críticos que siguen siendo vulnerables en cada refinería: torres de destilación, columnas de craqueo catalítico y reformadores. La exposición de estas debilidades técnicas, junto con las dimensiones exactas de las defensas físicas, constituye información de alto valor operacional para cualquier agente externo con capacidad de ataque. Navegación de entradas“Vi el cadáver de mi madre por videollamada”: el desgarrador testimonio de una iraní exiliada en la Argentina Trump dio detalles de las negociaciones con un líder iraní del más alto nivel: “Quieren hacer un trato”