Lejos de los titulares estridentes que durante años la tuvieron como protagonista, Carolina de Mónaco atraviesa hoy su etapa más serena. Sus 69 años recién cumplidos (sopló las velitas el 23 de enero) la encuentran rodeada por sus cuatro hijos y sus siete nietos, a quienes adora y malcría. La que alguna vez fue la novia de Europa hoy es la abuela canchera que, encantada con su rol, organiza los planes más divertidos, incluidas escapadas a bordo de su yacht, Pacha III, un palacio flotante que fue regalo de su segundo marido, Stefano Casiraghi, donde se luce como capitana y guardiana de los recuerdos más queridos de la familia.Si bien hoy no se le conoce una pareja, a lo largo de su vida Carolina reinó en las tapas y titulares de la prensa mundial, ávida por seguir de cerca a quién le entregaba su corazón la princesa más linda, chic y rebelde. La hija mayor del príncipe Raniero y Grace Kelly amó intensamente, pero también sufrió desengaños, traiciones y hasta el dolor de perder al amor de su vida de manera inesperada. Se sabe: en los temas del corazón nadie tiene coronita.UN PLAYBOY QUE LA DOBLABA EN EDADEl 29 de junio de 1978, con apenas 21 años, Carolina se casó con Philippe Junot, un empresario francés diecisiete años mayor que ella que era conocido como “el rey de la noche”. La boda reunió a aristócratas, estrellas de Hollywood y miles de monegascos que salieron a la calle a saludar a los novios. El vestido de Carolina, de estilo bohemio y firmado por Marc Bohan para Dior, hasta el día de hoy es fuente de inspiración entre las novias. Sin tiaras ni excesos, la princesa apostó por la frescura y la naturalidad que siempre la caracterizaron.Pero el cuento, como era de esperar, no tuvo final feliz. Entre fiestas, viajes e infidelidades de Junot, un par de años después llegó el divorcio. Y doce años más tarde, en 1992, la Iglesia les concedió la nulidad.LA GRAN WILLYSu primer romance mediático nació en la primavera de 1982, cuando Guillermo Vilas ganó el Abierto de Montecarlo y ella lo aplaudió desde el palco oficial. A la noche hubo festejo en Jimmy’z, donde coincidieron, compartieron mesa y brindaron con Dom Perignon. El flechazo fue inmediato.El siguiente encuentro fue a solas: comieron en el restaurante chino Le Mois y terminaron la noche en el departamento de él, sobre la avenida Foch. A la mañana siguiente una jauría de paparazzi hacía guardia en la puerta del edificio esperando la foto juntos. No se dio. Sí la logró, semanas después, el fotógrafo Pascal Rostain, que los sorprendió en Maui, entre besos y abrazos en el paraíso que ilustraron la tapa de la revista Paris Match.La relación duró cinco meses. La muerte de Grace Kelly obligó a Carolina a asumir nuevas responsabilidades en el principado y, en medio del dolor, el amor se diluyó.¿SÓLO AMIGOS?A Robertino Rossellini la unió una relación entrañable, fomentada por sus respectivas madres: Ingrid Bergman y Grace Kelly que, además de musas de Hitchcock, eran grandes amigas. Las actrices murieron con dos semanas de diferencia y ahí estuvieron sus hijos, para darse consuelo el uno al otro.Si bien se habló de un viaje a la nieve juntos donde se los vio besándose, se aseguró que él se quedaba en el departamento de ella con frecuencia y hasta que se habían comprometido, hay quienes sostienen que Rossellini fue quien presentó a Carolina con Stefano Casiraghi, quien más tarde sería el segundo marido de la princesa. Sin embargo, los rumores no cesaron ni siquiera cuando ella enviudó, porque tras la muerte de Casiraghi se dijo que Robertino y Carolina –quienes jamás confirmaron o negaron esa historia– habían reanudado su viejo romance.SU GRAN AMORStefano Casiraghi llegó a su vida en 1983 y la familia Grimaldi lo adoró desde el primer momento. Amable, culto y tres años menor que Carolina, pertenecía a una familia acaudalada del norte de Italia, conocida en los circuitos financieros. A los seis meses se casaron por Civil en una ceremonia íntima, y otros seis meses más tarde nació Andrea, su primer hijo. Le siguieron Charlotte y Pierre, que completaron lo que para todo el mundo era la familia perfecta.Durante siete años fueron la imagen viva de la felicidad. Hasta que el 3 de octubre de 1990, la tragedia volvió a golpear a la princesa: Stefano murió en un accidente náutico en Cap Ferrat, mientras defendía el título de campeón mundial de offshore clase I.Viuda con apenas 33 años, dejó Mónaco y se retiró a la Provenza con sus hijos para sanar y rearmar su mundo en esa región de Francia.El “TÍO” VINCENTDurante los años de duelo apareció en su vida Vincent Lindon, un actor francés de sólida trayectoria. Discreto y protector, fue un apoyo fundamental en sus días más tristes. Él enseguida se encariñó con los hijos de Carolina, y dicen que lo llamaban “tío Vincent”.Compartieron cinco años, siempre con familia y amigos en Saint-Rémy-de-Provence. Si bien en el último tiempo a él se lo vio en algunos eventos junto a los Grimaldi, algo que daba a entender lo serio de la relación, el final del noviazgo se dio sin anuncios oficiales.UN PRÍNCIPE CON MAL GENIOCorría 1996 cuando se empezó a rumorear que Carolina había encontrado de nuevo el amor en un príncipe alemán. Aunque era una gran noticia después de tanto dolor, generó un escándalo cuando se reveló quién era el candidato: Ernst de Hannover, casado con Chantal Hochuli, una de las íntimas amigas de la princesa de Mónaco.La primera aparición en público de la pareja fue un año después, en la gala previa a la boda del príncipe Pierre d’Arenberg con la condesa Silvia de Castellane, en el palacio de Versalles. Por fin daban un paso al frente y confirmaban su relación.El 23 de enero de 1999, poco más de un año después, se casaron en una ceremonia civil íntima (Carolina eligió un tailleur de Chanel que había estrenado dos años antes). De esta unión nació Alexandra, su única hija en común. Si bien moverse en los mismos círculos y tener intereses en común podría haber ayudado, las cosas no resultaron bien para ellos. Los excesos y el mal genio de él tampoco colaboraron.Diez años después, en 2009, empezaron a hacer vidas separadas. Jamás se divorciaron y hay miles de especulaciones sobre los motivos. La versión más repetida es la que asegura que Carolina, aunque ya no lo ame, no desea perder el tratamiento de Alteza Real que tiene gracias a su matrimonio con Hannover, cuyo linaje es superior al que ella tiene de nacimiento. Navegación de entradasEl objetivo del grupo de derecha que intentó infiltrarse en Cuba Por qué hay récord de ventas pero las obras en construcción quedaron a contramano