Marcelo Gallardo gasta muchas palabras y explica todos los escenarios por los que atraviesa su River. Se la pasa dando diagnósticos, pero no encuentra el remedio. No hay terapia ni tratamiento que aplique y sirva para reanimar a su equipo, que tras un desastroso primer tiempo ante Vélez, con defectos y carencias que no son nuevas, tuvo una reacción en el segundo que lo acercó al empate. Pero convive con un signo derrotista que no se saca de encima, lo aplasta. No le alcanza con arrestos de voluntad, mientras lo futbolístico sigue siendo muy borroso.No es cosa de un partido, ni siquiera de una semana o un mes. River no pudo revertir los últimos 18 encuentros en los que recibió el primer gol: perdió trece y empató cinco. No se puede ir muy lejos así. También las aspiraciones quedan muy limitadas y restringidas si no hay delanteros con gol. De los cinco tantos que marcó en siete cotejos oficiales de esta temporada, tres fueron de Juanfer Quintero (un penal) y los otros dos llevaron la autoría de defensores: Montiel y Rivero, que marcó el descuento en la indecorosa goleada ante Tigre.Hay falencias en River que se repiten de una manera inadmisible en un equipo que se supone trabajado y con futbolistas de primer nivel. Como le ocurrió en la humillante derrota ante Tigre y en la que sufrió con Argentinos, un mal pase o una intercepción del rival a la altura de la línea central o en su campo, lo expone a un desmoronamiento defensivo. Si no termina las jugadas, el sufrimiento en la propia área está garantizado. Y como llegar hasta el arco rival le representa una exigencia de montañista, paga muy caro las pérdidas de la pelota.River se venía agarrando a Quintero, casi la única luz en medio de las tinieblas. Pero si hasta el colombiano se apaga, el colapso es total. Juanfer se equivocó con la pelota en la zona media y Vélez armó el ataque del gol con la misma facilidad que en una práctica. Combinaron Lanzini y Pellegrini, en el camino quedó un Moreno que en poco tiempo empezó a parecerse a Villagra, y el ex-River, tras romperle la cintura a Martínez Quarta, despachó un derechazo que Armani rozó con las yemas de una mano antes de pegar en un poste y meterse. Armani volvía a estirarse en una atajada después de casi tres meses, lapso desde su último partido ante Racing (24 de noviembre), a lo cual le siguieron un par de lesiones hasta la reaparición de este domingo. No había completado el calentamiento previo, se retiró con Barovero al vestuario cinco minutos antes. No salió a jugar el segundo tiempo por una inflamación del tendón de Aquiles, lesión de la que supuestamente estaba recuperado. Todo es confuso en River.A este River de mandíbula de cristal, recibir un gol a los seis minutos lo hace crujir más. Se encontró con un Vélez más entero y armado, que de arranque ratificó las buenas sensaciones que traía. Los Barros Schelotto armaron un equipo compensado, atrevido para atacar y con diente para morder cuando hay que recuperar la pelota. Ese funcionamiento le permitió absorber la baja de Valdez, el cerebro creativo.En desventaja, River cayó en la obnubilación recurrente. Sin líderes para marcar el camino, escaso de asociaciones, con intentos individuales inconducentes. Nada de Galván, despliegue sin brújula de Vera, algún caracoleo de Colidio, detalles inofensivos del reaparecido Driussi, que con Colidio volvió a formar la pareja ofensiva de aquel arranque prometedor contra Barracas, Gimnasia La Plata, Rosario Central y… Se vino la noche, la angustia. En varios pasajes fue el compendio de lo que no debe ser un equipo: sin partitura de juego y con la confianza por el subsuelo.Monzón tuvo el 2-0, pero eligió un remate exigido cuando tenía dos compañeros libres. River iba ciego y volvía desorientado. Si Vélez ajustaba algunos movimientos, lo podía sentenciar. En River todas eran pálidas: antes de la media hora salió lesionado Quintero, cuya rostro de frustración era la pintura de todo el equipo. Entró Freitas, el pibe que no hizo la pretemporada y venía de sacar de la galera el penal contra Bolívar. En la desesperación, Gallardo echa mano de lo último que funcionó, que no es garantía de que quede como una solución. Freitas, que corrió como un fondista, se ubicó como centro-delantero, con Colidio y Driussi más abiertos. River no inquietó a Montero en todo el primer tiempo.Para la segunda etapa, además de Beltrán, ingresó Páez por el desaparecido Galván. El ecuatoriano fue el primero en despertar a Montero con un zurdazo, pero al rato se lesionó un hombro. Siguió unos minutos más, hasta que no aguantó más y lo reemplazó Subiabre. Entre tantos males, River es una enfermería, sin cura en la cancha ni en los físicos de varios jugadores.Vélez bajó la intensidad, quizá se cansó tras el gran desgaste de los primeros 45 minutos o se confió de lo alicaído que veía al rival. River empujó, se paró más en campo rival, levantó un poquito el nivel Moreno, Galoppo también ayudó y el equipo se encontró metiendo varias pelotas en el área. Sin mucha claridad, como la que le faltó a Subiabre para definir la situación más clara de gol. El arquero Montero apareció como freno a los arreones de River, que evitó el segundo de Vélez con una tapada de Beltrán -casi el único al que se lo ve confiado en sus posibilidades- ante Romero.River, que con la tercera derrota consecutiva quedó afuera de los ocho puestos clasificatorios, perdió con un gol de un Lanzini al que descartó porque pasó largo tiempo sin aprovechar oportunidades. Tantas como las que viene desperdiciando Gallardo en un año y medio. Tiempo en el que sobraron palabras, aunque anoche se fue sin dar la conferencia de prensa, y faltaron juego y resultados. Su River sigue hundido y se le acaban los recursos para rescatarlo.Lo más destacado de Vélez 1- River 0 Navegación de entradasJuan Román Riquelme en Boca Juniors: el legado táctico del último diez estratega Tensión en México tras la muerte del capo narco “El Mencho”: imágenes de los incidentes y últimas noticias