Con el afán revisionista del año nuevo, hice una limpieza de las apps que tengo en el teléfono. Quería quedarme solo con las esenciales. Resultaron ser 53.Muchas cosas de nuestra vida cotidiana y nuestro trabajo se resuelven desde distintas aplicaciones. Desde el pronóstico del tiempo hasta la vida social, la actividad física o el calendario. Sin embargo, todo este entramado de servicios adheridos a nuestra vida cotidiana podría mutar o desaparecer para siempre.En los últimos meses se volvió viral un servicio de la empresa de inteligencia artificial Anthropic, llamado Claude Code, que sirve para programar agentes de IA. El furor empezó entre los programadores y se fue extendiendo. Ya existían varias herramientas para ayudar a programar con IA. Pero ninguna había generado tanto entusiasmo. Anthropic anunció que el producto tuvo un crecimiento récord en las últimas dos semanas, aunque no difundió datos. No es el único: un servicio similar llamado Moltbot, desarrollado por un solo programador, también crece vertiginosamente.El New York Times publicó una lista de cosas que la gente sin experiencia técnica está haciendo con estas herramientas. Mi favorita es un señor australiano que tiene cuatro hijos menores de 9 años, y se hizo una app para identificar de quién es cada prenda que saca del lavarropas.Sería parecido al salto de rana de los países pobres que se saltearon las computadoras y pasaron directo a los celulares inteligentesAdemás de los millones de casos anónimos, los analistas de la industria tecnológica están comentando sus experiencias con esta nueva forma de programar apps. El periodista de tecnología Cassey Newton creó un servicio que todas las mañanas le muestra las principales noticias… sobre su vida: lee sus mails, calendarios y notas de voz para organizar sus cosas y mantenerlo informado. Ethan Mollick, autor del blog One Useful Thing y profesor en Wharton, les pidió a sus estudiantes que hicieran start-ups usando estas herramientas. Azeem Azhar, otro analista, comentó que tres de las apps que más usa no existían hace un mes y las programó él mismo.Todos coinciden en que esta forma de hacer las cosas es una revolución que beneficia a quienes tengan conocimiento experto sobre un tema. Nadie mejor que un abogado para crear un agente que lea jurisprudencia y –sobre todo– para saber qué pedirle y evaluar la calidad de sus respuestas. Nadie mejor que Azeem Azhar para hacer agentes que analicen la industria tecnológica. Nadie más experto que un padre de cuatro hijos que se ocupa de lavar la ropa y sabe lo complicado que es.Por supuesto, las apps establecidas tienen economías de escala, datos y conocimiento que las pueden hacer sobrevivir mucho tiempo. Pero también es cierto que con IA es más fácil migrar de servicios y romper la dependencia. Además puede que las empresas pequeñas que aún no habían incorporado un sistema para gestionar sus clientes, sus finanzas, o sus redes sociales, empiecen a crear sus propios agentes para ello, antes de contratar soluciones de otros. Sería parecido al salto de rana de los países pobres que se saltearon las computadoras y pasaron directo a los celulares inteligentes.Es probable también que aparezcan nuevos servicios: ¿alguien nos ayudará a coordinar a nuestros múltiples agentes? ¿Quién nos protegerá de los errores que los agentes cometan, de los datos que filtren o de las fallas de sistema que hoy reportamos a un servicio técnico? ¿surgirá una plataforma para compartir lo que hagan nuestros agentes? El mismo programador que creó Moltbot acaba de lanzar también una red social para agentes de IA. Es algo tan raro que será motivo de otra columna.Hace casi siete años el tecnólogo argentino Marcelo Rinesi dio una charla TED titulada “Tu propia inteligencia artificial”. Nos alentaba a crear herramientas a nuestra medida para no depender de las grandes tecnológicas. Parece que, finalmente, ese momento ha llegado.La autora es directora de Sociopúblico Navegación de entradasSanders y Kicillof La chef Chiara Rossi nos muestra su casa en Pilar, construida en familia a la sombra de árboles inmensos