Espeluznantes. Distópicas. Extemporáneas. Increíbles. Tal vez ningún adjetivo alcance. Las imágenes, los relatos, las vivencias exceden lo que se podría esperar de esta época de la humanidad. Mucho más de países “civilizados”. Pioneros, promotores, defensores del ejercicio y la defensa de los derechos humanos elementales. Que lograron cierta reputación, consideración y respeto internacional por eso. Por el debido proceso. Por el derecho a la defensa y el juicio justo. Por la condena a la persecución por cuestiones étnicas, de nacionalidad, políticas, religiosas, de género. Logros universalmente instalados y aceptados en la segunda mitad del siglo XX. Ni más. Ni menos.Pero el reloj de la historia no siempre avanza. La caza de inmigrantes por parte de las milicias trumpistas del ICE (que no están solas en este mundo) obliga a mirar atrás. Y al costado. También, adentro y muy cerca. A los distraídos. Y a los cómplices. Ya lo dijo el gran intelectual búlgaro-francés Tzvetan Todorov: “Por cómo percibimos y acogemos a los otros, a los diferentes, se puede medir nuestro grado de barbarie o de civilización. Los bárbaros son los que consideran que los otros, porque no se parecen a ellos, pertenecen a una humanidad inferior y merecen ser tratados con desprecio o condescendencia”. Buena unidad de medida. Navegación de entradasLa nueva encuesta que muestra la preocupación entre los aliados de Trump por sus políticas contra los migrantes Los herederos del cuadro de Pissarro que está en el Met dicen que fue vendido por presión de los nazis