Cada obra de arte en su pedestal
Cada obra de arte en su pedestal

Delfín Gerónimo aprendió a amasar el barro con su abuela ollera. Pertenece a la comunidad Quilmes, pueblo Diaguita de El Paso, Tucumán, y trae al presente animales de poder en piezas que no son utilitarias sino ceremoniales.

Élida Salteño, maestra alfarera de la comunidad Moqoit, mereció el Premio Trayectoria Artística del Fondo Nacional de las Artes. Tanto talento que logra construir esculturas perfectas de más de un metro de alto. Su abuela le transmitió el oficio cuando tenía ocho años. Ella se lo enseñó a sus hijos y nietos en el patio familiar.

Jésica Chara enseña a niños la alfarería qom y es la creadora de una obra impactante: modela en cerámica un parto en cuclillas. Yolanda Abrigo, también qom, es una eximia tejedora del chaguar y la palma.

Los pintores del proyecto Arte Siwok, Reinaldo Prado, Sara Díaz y Emilia Ferreyra, crearon un estilo pictórico ingenuo y hermoso, que muestra la vida en comunidad, con su verde y sus animales.

María Toribio, tejedora y diseñadora del pueblo wichi de Formosa, fue invitada por el museo Smithsonian en Washington y la Semana de la Moda de Nueva York. Dice: “Antes teníamos bolsos de chaguar para recoger la comida, los frutos del mundo. Hoy los hacemos para vender y conseguir comida. Es una planta noble, que se la ve en las pasarelas, en las galerías de arte”.

Estos son algunos de los artistas que vienen a Buenos Aires gracias a la primera Bienal de Arte Indígena, organizada por la Fundación Redes Solidarias, que tendrá lugar en el Pabellón de las Artes de la Universidad Católica Argentina (UCA) del 11 de febrero al 12 de abril. La iniciativa pone en pedestales a 46 artistas indígenas de Chaco, Formosa, Salta, Jujuy y Tucumán, también del Perú, Paraguay, Brasil y Chile. Julio Sánchez, Teresa Pereda y Ana M. Llamazares elegirán en estos días a los ganadores.

Hay que nombrar a estos creadores con su nombre y apellido, no como un genérico. Mercedes Avellaneda organiza este encuentro: “Es un arte genuino, verdadero, que muestra una cultura. Heredado de padres y abuelos, es llevado a la escena contemporánea. Nos interpela. Es un puente entre distintas realidades. Entramos en diálogo”. Es un arte imprescindible.

Porque hay una discusión que ya está dada: el arte indígena es tan arte como el de los artistas conceptuales o hiperrealistas. El arte contemporáneo no pregunta nacionalidad, religión, etnia ni identidad cultural para dejar entrar al artista a su club. Y eso es lo que se está premiando y exhibiendo en el mundo: el arte ancestral, que acerca a estos tiempos convulsionados la sabiduría, la memoria, la relación con la naturaleza y la cosmovisión de los pueblos originarios.

La Chola Poblete, por ejemplo, obtuvo en la última edición de la Bienal de Venecia la mención al artista contemporáneo. Es mendocina y activista de su identidad indígena, marrón y trans. Un hito: los anteriores argentinos premiados habían sido Antonio Berni, Julio Le Parc y León Ferrari. Otra estrella internacional, Gabriel Chaile, reivindica sus rasgos indígenas en sus obras de barro. Claudia Alarcón, tejedora del monte, fue la primera artista wichi en recibir un premio en el Salón Nacional de las Artes en más de cien años y la primera tejedora invitada a la Bienal de Venecia. La primera mujer indígena que vendió obra –no artesanía– en arteba y en Miami. Ahora la representan galerías europeas. “El arte nos permite ser escuchadas”, dice Alarcón, que vive en la comunidad La Puntana, en la costa del río Pilcomayo, y trabaja junto a las mujeres del colectivo Silät.

Ajeno a todo esto, el Gobierno canceló hace unos días una muestra en el Palacio Libertad, Desde el corazón del Gran Chaco. Arte y cultura de la región, con pinturas, tejidos, objetos y esculturas de artistas wichi y de otras comunidades. Era una de las muestras paralelas de la bienal. Desde la Secretaría de Cultura argumentaron que fue “una decisión de gestión de programación”. Sucede que algunos de esos artistas, a los que llama artesanos, van a estar en el Mercado de Artesanías Argentinas, en la planta baja del Palacio Libertad. Al parecer, no merecían también una sala con condiciones museísticas. El conjunto se verá finalmente en un espacio privado, la galería Vitriol (Juan Domingo Perón 1253). Como merecen estos artistas, sobre pedestales.