En Villa La Angostura hay dos certezas: el paisaje es imponente y los rumores sobreviven incluso al invierno más crudo. En ese ecosistema donde todos se conocen —o creen conocerse—, algunos apellidos no se diluyen con el tiempo. Solo cambian de capítulo.Uno de ellos es Pablo Torres García, empresario, socio histórico de Cerro Bayo y viejo conocido del entramado político-empresarial argentino. Su nombre tuvo momentos de alto voltaje mediático en años pasados, cuando apareció ligado a conflictos con seguros, Nación y a una cercanía personal con Mauricio Macri, en tiempos donde el poder no se ejercía solo desde los despachos, sino también desde los vínculos.Aquella etapa fue intensa, ruidosa y dejó cicatrices. Hoy, en cambio, el ruido es otro. Más bajo. Más insinuante.En los cafés de Angostura, en charlas que empiezan hablando del clima y terminan hablando de personas, se comenta —sin pruebas, sin confirmaciones y con bastante picardía— que Torres García estaría viviendo un presente más liviano. Algunos ya lo bautizaron, medio en serio medio en broma, como el “nuevo playboy del sur”. No por excesos visibles, sino por el magnetismo que genera su vida privada en un pueblo donde la discreción es un mito simpático.Y como toda buena historia patagónica, aparece un nombre que eleva el voltaje simbólico: Juliana Awada. Empresaria textil, ex primera dama y ex pareja de Mauricio Macri. Según se comenta, Awada permanece en la zona y aún no habría regresado a Buenos Aires. La coincidencia geográfica —y el pasado compartido en círculos cercanos al poder— fue suficiente para que la imaginación colectiva hiciera el resto.¿Hay confirmaciones? No.¿Hay fotos, declaraciones, apariciones públicas conjuntas? Tampoco.¿Hay silencio? Sí. Y en Angostura, el silencio siempre es combustible.La ironía no pasa desapercibida: viejos nombres, viejos vínculos y nuevas escenas, esta vez lejos de la Casa Rosada y más cerca del lago, la montaña y el comentario en voz baja. Como si el poder, al jubilarse, se transformara en rumor social.Este medio, por supuesto, no afirma ni desmiente nada. Solo registra lo que se dice, lo que se sugiere y lo que flota en el aire del sur.Porque en Villa La Angostura, cuando los protagonistas callan, el pueblo narra. Navegación de entradasCrisis en Cultura Villa La Angostura, ser humano, sociedad y valores”- parte uno –